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Ellos no han cambiado
En carne propia. Graciela de Hollman
sufrió ataques terroristas en los ochenta. Para ella,
la posibilidad de que el FMLN llegue al poder es preocupante.Ésta
es su versión de los hechos
Ciro
Granados
El Diario de Hoy
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| Disciplina férrea
G Doña Graciela de Hollman se mantiene activa en
la dirección de su restaurante. Da trabajo a varias
personas. Foto EDH |
Nunca he estado de acuerdo en que los
empresarios callen, porque nos ponen como los malos de la
película y no es así.
Es mentira que nos opongamos al incremento del salario mínimo
y que explotemos a los empleados. Esa propaganda del FMLN
es falsa. ¡Si mis empleados son como mis hijos!
Tengo tanto que reclamar del FMLN, aunque te voy a contar
lo que más persiste en mi mente.
El primer atentado le sucedió a uno de mis hijos
en 1977, durante una huelga en su fábrica; lo ametrallaron,
su estómago quedó partido en cinco pedazos...
de milagro está vivo. Esa vez, tres empleados también
resultaron con heridas de gravedad.
Eso nos dejó una profunda
huella en la familia; fueron momentos terribles, porque mi
hijo tenía una bebita de 13 días de nacida cuando
le pasó el atentado. Gracias a Dios, lo pudimos llevar
a Estados Unidos y, después de una intervención
de 12 horas, salió de peligro.
¿Te puedes imaginar el sufrimiento de estar esperando
afuera de la sala para que nos dijeran si había muerto
o no?
Después, a otro de mis hijos le pasó que,
andando en la finca, fue atacado por un grupo de campesinos.
Pero no, eran del Frente, porque poco tiempo después
de que lo atacaron a machetazos, las radios clandestinas ya
hablaban de ese asalto. A mi hijo le volaron un dedo y una
oreja, y la mano le quedó paralizada durante un tiempo.
A principios de los ochenta, otro de mis hijos estuvo
secuestrado durante 21 días en una fábrica que
había sido tomada por las FPL (Fuerzas Populares de
Liberación). Lo tenían con un rifle, apuntándole
a la cabeza. Yo les mandaba comida, sencilla, pero los secuestradores
la botaban. Me duele, porque mi hijo ni siquiera era el dueño
de la empresa.
Después llegaron los ataques en la parte económica.
No vengo de cuna de oro; lo poco que tengo lo he hecho a base
de puro esfuerzo. A mis 73 años todavía sigo
trabajando para pagar las deudas que contraje por esos ataques.
Yo tenía tres restaurantes: el 7 Mares, Le Mar
y el Chalet Suizo. El 28 de diciembre de 1981, ya en la noche,
acabábamos de terminar un evento en 7 Mares cuando
a las doce y media explotó la bomba. Los vidrios quedaron
hechos añicos, y el local, destrozado. Dichosamente,
el seguro pagó parte de los daños. Pero eso
era sólo el comienzo.
Nueve meses más tarde, pusieron otra bomba en
el mismo restaurante. Yo ya no tenía seguro, porque
las aseguradoras no querían asumir el riesgo. Pero
el negocio siguió, porque no me iban a obligar a cerrar
más fuentes de trabajo. No porque ellos (los atacantes)
quisieran iba a despachar a mis muchachos.
En el mismo año, 1982, le pusieron una bomba
a Le Mar. Ahí sí lograron su objetivo completo,
porque lo volaron enterito: los restos del local quedaron
tirados en la acera de enfrente. Me dolió tanto porque
era el único de los negocios que dejaba rentabilidad.
Cuando llegué en la mañana a ver los daños,
mis empleados estaban llorando, pero mis primeras palabras
fueron: No se preocupen, ahorita vamos a ver a dónde
nos pasamos. Ese mismo día conseguimos un local
frente a 7 Mares y para la noche abrimos.
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Toda la cólera era porque
decían que mis restaurantes eran de la oligarquía
Sé que algún día ganará
el Frente, pero que sea un FMLN con los pies en el suelo
Foto EDH
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Tuve que cerrar el Chalet Suizo
porque ya no daba, pero esos empleados los absorbí
en los otros dos restaurantes. La cosas no terminaron allí:
en 1983 volvieron a poner una bomba en el 7 Mares.
Tiempo después volvieron a atacar, siempre en
ese restaurante. Esa vez le dieron una golpiza al empleado
que se quedaba cuidando, recogieron las mesas en el centro
del restaurante, les rociaron gasolina y le prendieron fuego.
La comida que estaba en los refrigeradores la tiraron a la
calle.
Como no les bastó con eso, y como yo no cerraba,
meses después volvieron a poner una bomba. Fueron cuatro
bombas en 7 Mares y una en Le Mar. Toda la cólera que
tenían era porque decían que mis restaurantes
eran de la oligarquía.
Y yo no soy oligarca. ¡Empecé con una mesas y
unas banquitas de madera en un comedor que puse con mil colones!
Lo demás ha sido fruto de mi esfuerzo.
Así que después de sufrir eso ¿cómo
voy a votar por un partido que ha hecho tanto daño?
Y si ahora hablo es porque no quiero que esto vuelva
a pasar. Ellos (los del FMLN) no han cambiado, no lo creo,
tal vez algunos lo hayan hecho. La mía es una voz de
alerta a los salvadoreños, para que no se dejen impresionar
por las promesas del Frente, que vienen a ser promesas comunistas.
¿Acaso han mejorado de vida los pobres en los países
comunistas?
Quisiera que la gente reflexionara sobre su voto. Lo
que promete el Frente son cuentos de hadas, me preocupa que
la gente crea lo que le dicen. Si ellos llegan a ganar, para
este pueblo va a ser una decepción muy grande.
Otra cosa que te quiero contar es que estuve condenada
a muerte. En 1981, durante un cateo, encontraron una célula
de la guerrilla y ahí había un archivo con mi
vida entera. Mi muerte la había decretado una tal comandante
Mabel, quien residía en México.
Quise ir a hablar con ella para saber por qué
me había mandado a matar, pero mis hijos no me dejaron.
Me gustaría saber quién es para preguntarle,
de frente, por qué tanto odio conmigo.
Aunque yo respeto la ideología de las personas,
me da tristeza del apoyo que le da la gente joven al FMLN,
porque esos jóvenes son el futuro del país y
siento que se están yendo por el camino equivocado.
Estoy consciente de que en algún momento va a
ganar el FMLN, pero que sea cuando el Frente esté con
los pies en el suelo, que sus propuestas sean realistas, cuando
no sean un partido radical.
Sobre tu pregunta... no, no les he visto la cara a los
del Frente en mi restaurante ahora que ya no hay guerra...
y sí, quisiera saber quién es la comandante
Mabel.
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