Publicado 05 de octubre 2004

El día que murió Natividad

En suplemento Crónica. El periódico español El Mundo reconstruye los combates ocurridos el 4 de abril en el sur de Iraq. Esta es una síntesis del relato de cómo cayó un salvadoreño

El mundo
El Diario de Hoy

Inspección. Soldados salvadoreños inspeccionan el sitio donde impactaron varios morteros el pasado 4 de abril en Nayaf. Foto: EDH

Al anochecer del 21 de febrero de 2004, el ejército norteamericano a las órdenes del general Ricardo Sánchez, jefe de las Fuerzas de la Coalición en Iraq, decide intervenir en Nayaf, donde se afinca la Brigada Plus Ultra II, conformada por españoles y salvadoreños. El objetivo es cerrar definitivamente las cortes Sharias, especie de tribunales paralelos a la justicia, que actúan en Nayaf aplicando la ley islámica.

Entre las fuerzas presentes esa noche hay efectivos de la policía iraquí. Éstos desconocen la misión, la cual les es revelada en una reunión a la que asisten un mayor norteamericano, el general español Fulgencio Coll Bucher (comandante de la Brigada Plus Ultra), el jefe de la policía iraquí y el responsable de los mercenarios civiles
norteamericanos conocidos por las siglas CPA (Coalition Provisional Authority, la autoridad provisional de Iraq, para la que trabajan).

En la reunión designan a la policía iraquí para que ejecute el cierre de las Sharias. Éstos, que en un 40% son simpatizantes del clérigo radical chií Muqdata al Sadr, se niegan, pues también pesan sobre ellos, represalias contra sus familias.

Traspiés

Esta negativa genera otra reunión entre el mayor norteamericano y el general Sánchez, quien ordena a su subalterno que transmita a Coll, la orden de efectuar con sus tropas la operación.

Coll se comunica de inmediato con el Ministerio de Defensa en Madrid. Tras prever las consecuencias, recibe la orden tajante de no ejecutar el mandato de Sánchez.

Ningún soldado español puede caer. Se aproxima el 14 de marzo, día de elecciones en España. Para el gobierno español es contraproducente correr ese riesgo.

La decisión disgusta al general Sánchez que, pese a todos los preparativos, retira de la zona a sus contingentes y aborta la misión.

La negativa de los españoles a involucrarse en el conflicto, molesta a los estadounidenses que a diario sufren bajas en combate.

La respuesta no se hizo esperar. En la madrugada del 2 de abril un grupo de asalto norteamericano secuestra a Mustafá Al Yacubi, el lugarteniente de Al Sadr, acusado del asesinato del líder moderado chií Al Khoei, meses atrás.

Según testimonios, los de ese grupo de asalto hablan castellano y visten uniformes españoles. Luego, los propios norteamericanos difundieron extraoficialmente que el carácter de la operación de captura, es español.

De nada sirven los desmentidos que los jefes de la Plus Ultra hacen a través de la televisión. La población está indignada y empieza a movilizarse contra la captura. La situación se complica en Nayaf y la vecina Kufa.

Los seguidores de Al Sadr, conocidos como el ejército del Mahdi, empiezan a hostigar a las fuerzas en la base Al Andalus. Las emboscadas, los atentados y los mortereos son el pan de cada día. Nayaf se ha vuelto, de pronto, en un avispero.

En la mañana del 4 de abril, el ambiente que se respira en las calles es de tensa calma. A las 11:50 a.m. comienzan los disparos. Al parecer ya ha empezado la manifestación anunciada por los líderes chiíes para protestar contra el apresamiento de Yacubi.

Comienza el tiroteo, ya no son tiros aislados. Los balazos salen de varias posiciones. Ametralladoras, cañones ligeros, morteros y lanzacohetes contracarros. Los atacantes sufren bajas una tras otra. Aquello es un verdadero infierno. La intensidad del combate mengua, forzado por la capacidad de fuego de las armas de la Coalición.

Acorralados

Desde una de las azoteas, unos “guacamayos” (apodo por el que se conoce a los soldados salvadoreños integrados junto a los españoles en la Plus Ultra), disparan furiosamente con la ametralladora M-60, allá conocida como la cerda por la suciedad (casquillos y eslabones que forman la canana) que produce en donde es disparada continuamente, a la vez que gritan improperios contra los atacantes.

Ya son más de dos horas de combate. Por la radio Coll ordena que se haga uso racionado de la munición. Teme quedar aislado. De repente, la Plus Ultra recibe apoyo de helicópteros de combate, y comienzan a llegar apoyo norteamericano: Rangers y mercenarios de la autoridad iraquí.

En cierto momento, los españoles observan atónitos, cómo una sección de salvadoreños avanza en perfecto orden, hacia la puerta principal de la base Al Andalus. Actúan por su cuenta, como cada uno de los tres contingentes (españoles, militares americanos y mercenarios) presentes en la base.

Las fuerzas de la coalición dejan entonces de disparar por temor a hacer bajas entre los salvadoreños, quienes avanzan en riguroso orden de combate, en un impecable despliegue de infantería más propio de la Primera Guerra Mundial que de los conflictos armados actuales. Los salvadoreños hacen alarde de movimientos de combate. Los rebeldes Mahdi disparan contra ellos aprovechando el alto el fuego de la coalición.

Objetivo

Pero la asombrosa acción de los salvadoreños tiene un motivo bien concreto: en la cárcel del ICDC (Iraqi Civilian Defense Corps, cuerpos de defensa civil iraquí) ha quedado emboscada una sección del Cuscatlán II, y a pecho descubierto se disponen a salir a socorrerlos.

Ante los hechos consumados que plantea la operación de los salvadoreños, el mando español ordena salir a los cuatro BMR (Blindado Medio sobre Ruedas) que protegían el perímetro, con la misión de rescatar a todos los hombres que están destacados en la cárcel y regresar con ellos a la base.

Los blindados contactan en las calles de la ciudad con la sección salvadoreña que está en serias dificultades y ha llegado a combatir cuerpo a cuerpo. Con mucho riesgo, los BMR llegan a la cárcel y hacen un primer viaje de salvadoreños.

Se percatan de que hay dos heridos y un muerto. Es Natividad. A éste lo dejan para el siguiente viaje y se llevan a los lesionados.

Según la publicación de El Mundo, al parecer, Natividad murió al encasquillársele el M-16 cuando luchó cuerpo a cuerpo con las milicias del Mahdi.

Hasta esa fecha, los salvadoreños no disponían de las bayonetas. Se las dieron días después.

En el segundo viaje, los blindados se toparon de nuevo con la sección salvadoreña que sigue resistiendo ataques continuos. Los vehículos echan un viaje más y regresan por los hombres que quedan. El resto de los compatriotas vuelve a la base en los blindados españoles.

Aquellos soldados que estaban acorralados, demostraron bastante valor y carisma. Muchos de los militares españoles dejaron, luego de ese acto, de llamarlos “guacamayos”.


Héroe de Nayaf
- Natividad Méndez Ramos, soldado del Comando de Fuerzas Especiales murió el 4 de abril en la ciudad de Nayaf.
- El salvadoreño luchó cuerpo a cuerpo, sin bayoneta, con milicianos chiíes embravecidos por la capturad del líder religioso Yacubi.





 

 
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