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Publicado 26 de abril 2004
De Iraq hasta El Salvador
La Unión. Es hijo de padres
salvadoreños y miembro de la Fuerza Armada de
Estados Unidos. Al volver de su misión, viajó
hasta Santa Rosa de Lima para ver a su familia.
El Diario de Hoy/Agencias
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| Unidos
Alberto Rubio conversa con su padre José
Alberto, en su casa de Santa Rosa de Lima. El joven
permaneció en Iraq. Foto
EDH |
Se llama Alberto Rubio, tiene
20 año y es hijo de padres salvadoreños
que habitan en Santa Rosa de Lima, en La Unión.
El joven tiene muchas historias que contar tras su permanencia
en Iraq, como parte del ejército de Estados Unidos.
Después de haber realizado sus estudios normales
optó por enlistarse en las filas de la Fuerza
Armada estadounidense. Partió el 15 de agosto
de 2003 a la guerra de Iraq junto a sus compañeros
de la División 82 de Paracaidismo. Rubio ha cumplido
con su misión regresando a América el
15 de marzo de este año.
El joven, lleno de nostalgia tras la etapa que vivió,
decidió visitar a su familia en la tierra natal
de sus progenitores. Emprendió un viaje de una
semana para reunirse con sus seres queridos en Santa
Rosa de Lima.
José Alberto Rubio, padre del soldado, manifestó
que en la década de los 80 viajó a los
Estados Unidos en busca del sueño americano,
donde formó una relación de pareja producto
de la cual nació Alberto. Con el pasar de los
años José regreso a El Salvador para instalar
su negocio.
Según el progenitor de Alberto, en 1991 su hijo
se vino con su madre a El Salvador a los 12 años
de edad. Estudió tercer ciclo en el Centro Escolar
Ventura Perla de Santa Rosa de Lima, al finalizar el
Noveno Grado regresó al norte para tener una
mejor educación.
La angustia
Rubio continuó con sus estudios en los Estados
Unidos y al finalizarlos decidió ingresar a la
Armada de norteamericana.
Tomó esa decisión y como padres
nos tocó apoyarlo y pedirle a Dios por él,
expresó el padre del combatiente.
José Rubio comentó que al año tres
meses de haber ingresado a la Fuerza Armada de Estados
Unidos, partió para la guerra en Iraq.
Nos hizo saber que le tocaba que viajar y que
le pidiéramos mucho a Dios por ellos y que no
viera noticias para que no me preocupara, afirmo
José Alberto.
Recuerda que, después de partir su hijo al campo
de batalla, estuvo pendiente de las noticias por eso
tuvo mucha angustia, porque cualquier cosa se podía
esperar. Su preocupación terminó al saber
que la misión había terminado.
Ahora estoy embargado de alegría por tenerlo
nuevamente a mi lado aunque sea una semana. Hemos aprovechado
estos días para disfrutar de paseos. Hemos ido
a dos partidos de fútbol para apoyar al Limeño,
comentó el padre de Rubio.
El joven desde niño soñó convertirse
en un soldado, le encantaba ver las películas
de guerra y jugaba con los amiguitos a la guerra.
El espíritu de servicio por mi país
siempre estuvo de por medio, viví aproximadamente
5 años en Santa Rosa, después mis padres
decidieron que tenía que viajar y regresar a
los Estados Unidos para continuar con mis estudios,
adujo el joven.
Decisión que cambió
su vida, pero de la que nunca se arrepentirá
En junio de 2001 , el joven ingresó
a la Reserva de la Fuerza Armada con 17 años
de edad, después en octubre de 2002 ingresó
al servicio activo ahí fue infantero. Posteriormente
ingresó a la Escuela de Paracaidismo para formar
parte de la División 82.
En una tarde de agosto del año pasado me
notificaron que debía partir rumbo a Iraq, en
ese momento no imaginé lo que me esperaba pero
me sentía orgulloso de representar a los Estados
Unidos y El Salvador y se cumplía otro de mis
sueños desde niño estar en una guerra,
explicó Rubio. Fueron siete meses los que estuvo
destacado en ese país.
Jamás olvidará la fecha en que cumplió
20 años.
El 23 de noviembre entre compañeros compartimos
comida y bebida para celebrarlo, pero siempre extrañando
a mis seres queridos, informó.
En 2005 termina el servicio del joven Rubio dentro de
la Fuerza Armada, y ha decidido después estudiar
en la Universidad Administración de Empresas,
porque ya cumplió con los sueños y deseos
de formar parte de la Fuerza Armada Americana.
Para mí la Fuerza Armada es una vida dura,
pero bonita. Haces muchos sacrificios, pero te sientes
recompensado a través del orgullo de representar
a su país, la gente te respeta y aprecia mas,
y considero que vale la pena ingresar a la Armada, en
ningún momento estoy arrepentido, concluye.
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