Publicado 7 de abril 2004

A Dios rogando por que el Cuscatlán regrese con bien

Ruegos. La esposa de Miguel Angel Mendoza, el soldado cuya foto apareció el lunes en la portada de este periódico, espera que su marido vuelva ileso de Iraq.

Jorge Beltrán
El Diario de Hoy

Ruegos. Desde que el conflicto en Iraq se ha agravado, Ofelia dice que no para de rezar por el bien de su marido. Foto: EDH/Mauricio Martínez

La aflicción de María Ofelia Mendoza, compañera de vida del soldado Miguel Ángel González, cuya foto fue publicada el lunes en la portada de El Diario de Hoy, parece crecer cuando se ve rodeada por sus cuatro pequeños hijos, de ocho, seis, cinco años y la última, de 17 meses.

Ofelia vive en Nahulingo, Sonsonate, en una pequeña vivienda que comparte con una tía de su marido. Él decidió dejarle con ella durante los seis meses que durará la misión en Iraq del segundo contingente del Batallón Cuscatlán, del que es parte.

El estrés de Ofelia aumentó ayer en la mañana, luego de que Miguel Ángel, el marido, le llamara diciéndole que estaban a la espera de otro ataque similar al de la madrugada del domingo durante el que murió el soldado Natividad Méndez Ramos, pero que ya habían llegado más tropas de refuerzo.

Durante la llamada de ayer, González le pidió que cuidara a los cuatro niños y que se cuidara ella porque allá (en Nayaf) la vida podría cambiar de un momento a otro. “Me dijo que no sabía cuándo me volvería a hablar, porque así como están las cosas ni tiempo de comer le quedaba por andar patrullando todo el tiempo”, sostuvo la mujer.

Ofelia, a pesar de todo, se considera afortunada, pues su marido le ha estado llamando casi a diario (sábado, lunes y martes), dicha que otras familias quisieran tener pero que, a veces, por lo recóndito de sus domicilios, la comunicación telefónica se dificulta.

Pesar

Según la mujer, el militar le comentó que saber de la muerte de Méndez Ramos le causó gran pesar, pues le consideraba un gran amigo. “Dice que el muchacho andaba patrullando. Cuando él (González) llegó en auxilio de la patrulla, el muchacho ya estaba muerto”, comentó la mujer entre lágrimas.

La mujer, de 24 años, asegura que se preocupa bastante, porque no quisiera recibir a su marido como vendrá el soldado Méndez Ramos.

Esa angustia le impulsó, el lunes en la tarde, a hablar al Comando de Fuerzas Especiales, para pedir el pronto regreso de los militares salvadoreños. La respuesta que le dieron fue que “ese era el trabajo de ellos, que regresarán hasta que termine la misión, es decir, en aproximadamente cuatro meses.
“Cuando lo fuimos a despedir, nunca me imaginé que iba a estar en esta congoja; ahora que ya hay una baja (muerto), ya es de afligirse”, comenta la mujer mientras abraza a su última hija, Estéfani Liset, de 17 meses.

Cuatro largos meses

Los cuatro meses que faltan para que el Batallón Cuscatlán regrese de Iraq serán largos para Ofelia Mendoza, según ella misma lo afirma.

La mujer asegura que, antes de que se supiera, el sábado anterior, de las primeras bajas salvadoreñas, la preocupación no era tanta. No obstante, desde ese día, le es difícil conciliar el sueño, pues teme que su marido la llame y ella esté dormida.

Pero la mujer también tiene que buscar respuestas para su pequeño hijo, Marlon Ernesto, de cuatro años, quien se ha vuelto un tanto inquieto y pregunta constantemente por qué su progenitor se fue tan lejos, o, bien, que si a su papá no le han matado.

Responderle, asegura, no es fácil. Luego de escuchar las explicaciones, el niño reacciona comentándole que “son unos desgraciados los que mataron al otro (soldado Méndez Ramos)”.

“Con todo lo que vemos en las noticias, es difícil pensar que ellos están bien. Tampoco ellos (soldados legionarios) pueden ocultarlo y saben que una está preocupada aquí”, sostiene.
Miguel Ángel González tiene diez años de estar en el Ejército, de los cuales lleva seis en el Comando de Fuerzas Especiales.




 

 
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