Mil y una historias de Iraq

Reencuentros. Las emociones desatadas invadieron ayer la sobria base aérea en Ilopango - Las tropas recordaron sus experiencias - El sacerdote castrense apoyó a su rebaño

Alberto López/Jorge Beltrán
El Diario de Hoy

Identificación. Los cuscatlecos se identificaron con el pueblo iraquí. Varios camiones que subían de Comalapa traían la bandera de ese país. .Foto: EDH/Arturo Silva

Los salvadoreños en Nayaf y de sus familiares que los esperaban ansiosos aquí tuvieron una y mil historias que narrar. Los cuscatlecos entraron, aunque no en el mejor momento, a ese maravilloso y mágico mundo que ambientó el antiguo cuento árabe de las “Mil y una noches”.

El subsargento Raúl Nerio abre esta serie de relatos, junto a su esposa y pequeños hijos, con una frase que define la buena relación salvadoreña-iraquí: “nosotros no íbamos a maltratar aun pueblo, sino que íbamos a ayudar al pueblo iraquí en su reconstrucción”, dijo.

El militar recuerda el par de terribles tormentas de arena que soportó con sus compañeros en Nayaf y otro par en Kuwait, a su regreso, hace pocos días.

Además de las altas temperaturas, de más de 50 grados centígrados -peor que La Unión, reflexionó- que enfrentaron a su arribo, el año pasado.

Nerio dijo que siempre hay peligro en el país musulmán, debido a los reductos fieles al derrocado régimen de Sadam Hussein y si fuera necesario que vaya un tercer contingente, “que ojalá no”, pues se tendrá que acudir.

A corta distancia. Los familiares estaban a cerca de la formación y luchaban por hacer coincidir sus miradas con las de sus seres queridos, bajo el ardiente sol. Foto: EDH/Lissette Lemus

El soldado Cruz Pérez García dijo que “gracias a Dios que cumplimos la misión. Había riesgo por parte de alguna gente que pensaban que íbamos a invadirlos pero con los intérpretes les explicábamos que estábamos ahí para ayudarlos”.

Jaime Fernando Ayala, también soldado, nunca quiso subirse a un camello pues apestan.
Su madre, Blanca Estela Ruiz, siempre estuvo en vilo por el peligro en que podía estar Jaime, el tercero de cinco hijos.

El cabo Cristian Jiménez se acerca a la historia y la Biblia al acordarse de Iraq.
“Conocí muchos lugares bíblicos. La gente nos trató bien. El idioma de allá es bastante difícil de aprender. La mayoría de la gente no era hostil”, relató.

Respaldo. La mayoría femenina era evidente ayer en Ilopango. Madres, esposas, novias, hermanas e hijas, esperaban ansiosas a sus familiares y a que finalizara la recepción.Foto: EDH/Lissette Lemus

Capellán España: “el trabajo en la parroquia me ayudó”

El sacerdote Óscar España, con grado de mayor del Ejército salvadoreño y capellán del primer contingente en Nayaf, aseguró que su trabajo en su parroquia, la experiencia con sus feligreses le ayudó bastante para dar el apoyo espiritual a los soldados y oficiales, en su estadía en Medio Oriente.

“Uno con el trabajo en parroquia, ya sabe más o menos los problemas familiares, de separaciones físicas y de nostalgia, así es que eso me ayudó bastante”, dijo el clérigo.

Mientras charlaba con este matutino, su madre y otros familiares no se aguantaron más la espera y lo estrecharon en un solo abrazo.

De igual forma, monseñor Fabio Colindres, del Ordinariato Militar, también se unió a la bienvenida a su colega en las filas religiosas que en este momento dan el apoyo espiritual a los fieles en la milicia.

España dijo que intentó dar todo el apoyo necesario y de forma ecuménica (toda denominación cristiana) a aquellos soldados y oficiales que eran católicos.

Como en todo grupo existieron diferencias, competencias, nostalgias y depresiones leves y en ese momento, el capellán militar apoyaba a sus “ovejas”.

 



 

 
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