Se transformó en el cuartel de la alegría

Desde muy temprano, cientos de parientes de los soldados del Batallón Cuscatlán se acercaron a la base militar de Ilopango. Llegaban de todos los rincones de El Salvador.

Jorge Beltrán
El Diario de Hoy

Juntos. El cabo Cristian Menjívar, con su hija Gabriela. Foto: EDH/Arturo Silva

Los soldados fueron recibidos con música marcial, mariachis, salvas de cañón y una gritería colectiva.
El convoy entró a las 10:30. Después de un largo plantón bajo un sol desconsiderado, por fin, al filo de las 11:30 a.m., los soldados rompieron filas.

Volvió la gritería. Pero esta vez seguida por una desbandada de familiares y soldados. Siguieron los consabidos abrazos y muchos soldados lloraron disimuladamente. Luego, el momento de las fotografías, cada hijo, mujer o madre con su héroe. Eso fue lo que dijo el Presidente Flores que eran.

Menguada la emoción del reencuentro, varios soldados se recogieron con sus familias bajo la sombra de los canopy, de algún árbol o simplemente buscaron donde sentarse para engullir el platillo criollo que durante 180 días extrañaron.

El soldado Cruz Pérez García, por ejemplo, no se anduvo con reparos. Su abuela le preparó tamales de gallina india y en un santiamén se engulló dos o tres.
En cambio, al cabo Cristian Jiménez le espera una comilona de frijoles frescos con hueso de res y una caja de Pílsener bien helada.

Según sus parientes, él había pedido eso mucho antes de su arribo a su patria.
Otros, como el sargento Sergio Díaz, prefirieron almorzar con una pizza.

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Como aperitivo, tuvo los besos y abrazos de sus dos hijos y su esposa, Karla.
El cabo Jiménez tuvo menos suerte con el cariño de su pequeña hija, Gabriela. Ésta, por buen rato se mostró desconfiada cada vez que su padre intentaba cargarle.

Baile y gaseosas

- Por la tarde hubo baile en el cuartel. La Chanchona puso la música.
- El baile lo abrieron dos payasos con “La Cumbia de Iraq”.
- Una caravana de “La Gira Pepsi” aplacó la sed regalando sodas.
- Hasta el mediodía, los militares aún especulaban cuántos días les darían de licencia.
- Otros aprovechaban para repartir souvenirs, que no eran camellos, sino zapatos Fila, Nike y cosas por el estilo.

 



 

 
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