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El rugir de “La Turba Roja”
No es una barra tradicional. Es una asociación creada
con el único
fin de apoyar en las buenas y malas a su equipo, el Club
Deportivo FAS.
En cada partido del Club Deportivo FAS cientos de santanecos
tienen
una sola misión: animar y exaltar a sus tigres, el
color rojo y
azul es la vestimenta que unifica a una de las más
grandes barras
de fútbol salvadoreño “La Turba Roja”.
Nace un 27 de febrero de 1994, tras las pláticas de
varios amigos
que se reunían en un punto común del sector
de sol conocido como “
Vietnam” del estadio Óscar Quinteño.
Aquí, entre broma y broma,
pensaban en la mejor forma de ovacionar a su equipo favorito.
La idea de formar La Turba cobró vida tras observar
a varias barras
organizadas de otros países. Fue don Herbert Linares,
Juan Cea, “
la Gringa” y “el Chino”, quienes toman
la batuta y deciden liderar
a la organización al que no tardan en sumarse cientos
de aficionados.
La asociación está conformada por Carlos Alberto
López, David Luna,
Francisco Ernesto Paz, Edwin Alberto León, Herbert
Linares y Walter
Fajardo, todos se encargan de velar, apoyar y estar pendiente
de cada paso que da el FAS.
“
El objetivo es ayudar a la afición que acompaña
a los tigres en
cada partido, ya sea consiguiéndoles transporte, camisetas,
humo,
música y todo lo que anime a los jugadores”,
afirma Walter Fajardo, miembro de la asociación.
Puro entusiasmo
Cada martes y jueves los miembros de la Turba se reúnen
para planificar
quién será el encargado de los instrumentos
musicales, de llevar
el humo, la pólvora, la bandera, las camisetas, el
transporte y
los demás implementos que se necesitan en cada juego.
Fajardo cuenta que para la compra de algunos materiales,
acuden
a la empresa privada quienes a cambio de publicidad, les
regalan
pancartas, camisas, binchas y banderas. También les
ayuda doña Miriam
de Valle, esposa de don Reynaldo Valle, Presidente del FAS,
quien
a menudo aporta el humo y la pólvora.
Para obtener más ingresos, la barra organiza rifas
de pelotas autografiadas
o camisetas de los jugadores, éstas tienen lugar a
la hora de los
partidos. “Nos rebuscamos por hacer crecer los fondos,
andamos vendiendo
los números en los partidos y al final hacemos el
sorteo”, explica Fajardo.
Otro de los benefactores de la Turba Roja es la alcaldía
municipal
de Santa Ana, quien para esta última temporada les
proporcionó pólvora,
humo, tiras de colores, bandera, música y transporte.
Unidos por el juego
Cada miembro de la Turba tiene responsabilidades específicas,
por
ejemplo, los que están encargados del transporte realizan
boletines
indicando el lugar y la hora de salida de los buses que los
llevarán
al partido, cuando éstos son fuera de Santa Ana.
Esta información también la reparten en las
colonias o la llevan
a las radios para que los locutores la promocionen. “Por
medio de
la radio la gente se da cuenta dónde vamos a pasar
cuando salimos,
y es así como movilizamos a las personas”, dice
el entrevistado.
No faltan los que se encargan de conseguir y llevar la música,
hay
quienes amarran las banderas, acomodan los instrumentos musicales,
distribuyen las tiras de tela de colores que identifican
al equipo
y detallan dónde será la quema de pólvora.
Si bien este año el FAS no tuvo el privilegio de llevarse
la corona,
para sus seguidores es como si lo hubiera hecho, porque durante
la temporada demostraron estar entre los mejores, y para
la Turba Roja es más que suficiente.
| “ La gorda” fasista |
Su popularidad en Santa Ana es grande, hablar de
ella es asociarla
de inmediato con el FAS, equipo que apoya en cada encuentro con una emoción
desbordante.
Fue fácil encontrar a la aficionada número
uno del FAS, pues en
cada puesto del mercado donde preguntábamos todos sabían dónde
ubicar
a Patricia Vásquez, la fanática corpulenta más expresiva
que tienen los tigrillos.
“ la gorda Paty”, como es conocida entre sus amigos, relata que desde
1989 le sigue los pasos a los tigres santanecos. A partir de esa
fecha no se pierde ningún partido y va donde sea para ver jugar a sus
amores.
Empezó a sentirse parte del FAS desde que le sintió gusto visitar
el estadio y colarse entre la barra. “Yo pertenecía a las maras
y quería salirme de ellas, lo mejor que hice fue ir al estadio y
hacerme aficionada”, manifiesta.
A sus 28 años se sabe todas las jugadas, y en cada juego se arma
de valor, coraje y orgullo para enfrentar cualquier gane o derrota.
La mayor satisfacción que ha tenido, asegura, fue cuando el FAS quedó campeón
en el 2002.
Paty, quien dedica su tiempo a la venta de pan francés en el mercado
municipal, también saca espacio en el día para jugar y dirigir
un
equipo de fútbol femenino, y aunque no cuenta con los recursos económicos
ha salido adelante al participar con éxito en torneos amistosos
en Guatemala donde han conseguido el segundo y tercer lugar. |
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