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Más conciencia sobre neumonía
Terapias de fe en “Ayutuxte”

Poco antes de morir, el párroco de la iglesia de ese municipio habilitó una clínica donde se da terapias respiratorias.

Karen Guzmán
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Hace menos de una semana, la neumonía se llevó para siempre al sacerdote Jorge Edmundo Salinas.

El deceso del párroco de la iglesia de Ayutuxtepeque no cayó por sorpresa a los más de 7 mil feligreses de la comunidad: desde hacía tiempo, los problemas respiratorios le impedían dar la misa con facilidad y, en varias ocasiones, necesitó ser ingresado.

El padre Jorge nunca se olvidó de los suyos, ni siquiera cuando estaba más delicado. Quizás por ello entregó sus últimos esfuerzos para tratar de evitar que otros tuvieran que sufrir como él.

Y la mejor forma fue crear una clínica parroquial, atrás de la iglesia, donde niños, jóvenes y adultos pudieran recibir, como él había recibido tantas veces, tratamiento a sus males respiratorios.

Felipe Aquino, administrador parroquial, lo describe así: “Como él necesitaba que constantemente le aplicaran terapias, hasta en su casa tenía aparatos, a él también le preocupaban los enfermos”.

En su último mes de vida, el sacerdote vio cumplido su mayor deseo: el que la parroquia abriera sus puertas para dar terapias a todo aquel que las necesitara.

Y es que el padre Jorge es, todavía, un ejemplo para sus fieles. “Aún estando enfermo tenía ese espíritu de servicio. Aunque le decían que no hablara, presidía más de tres liturgias los domingos”, aseguró Rafael Noyola, encargado de diversos ministerios.

Si el padre luchó en vida para paliar los efectos de la neumonía, con su muerte, la comunidad de Ayutuxtepeque se ha visto alertada sobre los riesgos de la misma.

Los carteles en la calle, donde uno lee las medidas de higiene para evitar los contagios, son la mejor señal.

Consejero para unos, “padrecito” para otros, el feligrés Julio Ramos lo define como ninguno: “Una gran persona capaz de convertir las tristezas en alegrías”.
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