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La música como espejo social del siglo de las luces: el cumpleaños de Mozart

“Hay solo una obra, y esta es Don Giovanni, de la cual se puede decir que su idea es completamente musical de tal manera que la música no solo funciona como acompañamiento, si no que revela su naturaleza más íntima en la medida en que revela la idea central”. Soren Kierkegaard en Either/Or

"Mozart niño", de autor anónimo. Data de 1763.

Por Katherine Miller

Feb 03, 2018- 16:01

El sábado 27 de enero fue el día festivo de San Crisóstomo y celebramos el nacimiento de Wolfgang Amadeus Mozart (en Salzburgo-Austria- 1756), un compositor y genio amado por todo el mundo durante los 262 años que nos separan de su natalicio, y que además fue registrado en la documentación de la Iglesia y en latín como Joannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilos Mozart.

Es posible que lo conozcamos como el compositor del muy popular Eine Kleine Nachtmusik, que se escucha todavía en la televisión, el cine y la radio casi cada día hasta hoy. Pero este pequeño genio sembró en sus casi 700 composiciones musicales que sobreviven, el alma de la Ilustración, el Siglo de las Luces.

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En 1763, Jean-Jacques Rousseau, uno de las almas de la Ilustración, había escrito en su famosa obra, El Contrato Social, que “el hombre nace libre pero tiene cadenas en todas partes”. No se refería a cadenas de hierro, si no a las intelectuales que hace al hombre sumiso a las muchas autoridades impuestas por la sociedad de l´ancien régime.
Este sentimiento está enterrado en cada ópera de Mozart —quien escribió su primera ópera a la edad de cinco años— aunque escribió también los bellos conciertos, minuetos, divertimientos, serenatas, sinfonías, sonatas y obras para la iglesia católica hasta culminar en la majestuosa Réquiem, una misa para los muertos, en 1791, un poco antes de que muriera él mismo.

Pero, ¿qué deseaba decir Kierkegaard, el teólogo danés, cuando dijo que las ideas musicales expresadas por Mozart no eran sólo acompañamientos, sino que revelaciones de ideas au courant de la sociedad que le tocaba vivir?
Mozart vivió en los tiempos de Voltaire, Montesquieu, David Hume, Adam Smith, Johann Sebastian Bach, René Descartes, los Enciclopedistas bajo el liderazgo de Diderot y los salones elegantes de conversación política de las grandes mujeres del Siglo de las Luces, así como Madame de Stael y Madame d´Épinay. Mozart estaba escribiendo óperas durante la Revolución Americana, en los tiempos de George Washington y Benjamin Franklin. Siguió escribiendo en los tiempos de John Locke, Edmund Burke, la Toma de la Bastille y la Revolución Francesa. Era austriaco como la reina de Francia, María Antonieta, aunque su ciudad favorita era Praga, que estaba en proceso de transición desde el Imperio Sagrado Romano a ser las docenas de estados pequeños del Imperio Austro-Húngaro.

Perteneció al mismo grupo secreto de los Francmasones con Voltaire y Hayden, y los escritores Goethe y Schiller, uno de muchos grupos iguales a través de toda Europa en el siglo XVIII que promulgó las ideas de la Ilustración: igualdad de clase y sexo—ideas prestadas de Voltaire y Rousseau e insertadas, a su petición, en sus óperas en las libretas escritas por el famosísimo dramaturgo epónimo de Italia, Carlo Goldoni, pero también utilizó las ideas del poeta e intelectual público de Francia, Jean Racine, además del compositor, famoso en el siglo XVIII, Giovanni Battista Pergolesi, quien escribió la bien conocida ópera, La Sierva Padrona (La Sirviente quien, en realidad, era la patrona). Más cercano al Siglo de las Luces y las Revoluciones americanas y francesas no puede ser.

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Estas ideas, producto de las influencias de la Ilustración, entraron en su música, especialmente sus óperas, pues, estamos en el siglo XVIII y Mozart escribió sus óperas mayores: Don Giovanni, Il dissoluto punito (Giovanni, El Libertino Castigado); Cosi fan tutte, La Flauta Mágica; Idomeneo, rei de Cresta (Idomeneo, rey de Creta); Le Nozze de Figaro (Las Bodas de Fígaro); El Rapto en el Serrallo y La Clemenza de Tito (La Clemencia de Tito, cantada por castrati, como era la costumbre en estos tiempos). Examinamos algunas de sus óperas para conocer sus ideas.

Primero, hay que señalar que el padre de Mozart, no sabiendo sus talentos, lo envió a la universidad para estudiar Derecho o Teología para ser sacerdote. Pero el muchacho superdotado amaba la música, dejó la universidad y buscaba un trabajo como violinista en el palacio del Príncipe-Arzobispo de Salzburgo en lo que era el Imperio Sagrado Romano. Los músicos eran, en estos días, sirvientes, así como los que laboraban en la cocina. El joven Mozart tenía que usar librea, el uniforme de la servidumbre. Así comenzó.

Empezó escribiendo música a la edad de cinco años y su padre lo llevó con su hermana de gira por toda Europa para ganar dinero. Eventualmente, comenzó a escribir óperas presentadas en Salzburgo, Praga, Viena y en otras cortes reales de Europa.

Pero Mozart estaba fascinado con un tema que era popular y de moda en toda la Europa de sus tiempos: el Oriente. Son los tiempos de las obras maestras como Las Cartas Persas de Montesquieu—un bestseller tan subversivo que no se pudo publicar en Francia; ¡Montesquieu tenía que ir a Amsterdam para publicarlo y que se pudiera leer en Francia! Sobre este tema Mozart escribió una ópera en la tendencia oriental que fue presentada en Viena en 1782: El Rapto en el Serallo, que se trata de un joven muchacho español que intenta rescatar a su querida novia, quien ha sido capturada por piratas y vendida al harén del Pasha Salem, quien, al fin, demuestra su merced a los amantes porque su secreto es que él también es cristiano—un tema de una novela bizantina como Daphne y Chloe. En esta intriga musical, se ven los temas de la Ilustración, de la igualdad y la libertad, al final de la obra. La ópera La Flauta Mágica (Die Zauberflote) es una alegoría y elogio a los Francmasones.

Los mismo temas aparecen en Le Nozze di Figaro (El Matrimonio de Fígaro), cuando un sirviente de todos usos, Fígaro, sale más inteligente que el viejo conde real (aristócrata), quien quiere comprar una niña en un matrimonio absurdo. Fígaro, el que trabaja, gana la niña y humilla al viejo aristócrata. Sombras no solamente de los valores del principio de la Revolución Francesa, si no ideas de Pergolesi y su La Sierva Padrona, donde la igualdad hasta la superioridad de los que trabajan es demostrada por los sirvientes y pobres. Estas, sí, son sombras de la Ilustración y las revoluciones en proceso por todas partes a su alrededor.

Terminamos con su ópera más famosa, Don Giovanni, Il Dissoluto Punito (Giovanni, el Libertino Castigado) en la que un joven se quema con sus deseos sexuales, que representan para él la manera de ganar aquí en la tierra las promesas del paraíso. Don Giovanni tiene —y demuestra— un apetito sexual y deseos insaciables y se acerca, maliciosamente, a muchas señoritas, la última, Zerlina, grita cuando Giovanni intenta violarla. Pero esta es una ópera del siglo XVIII y Mozart nos instruye no sólo con su música, así como dice Kierkegaard, si no con la música revelando las ideas.

El castigo de Giovanni es que es derrotado por un hombre de piedra y termina desaparecido gritando en agonía en el infierno, mientras que los demás personajes salvan sus vidas y sus matrimonios. Casi ilustra los valores muy modernos del movimiento para la liberación de las mujeres y del movimiento ME TOO, insertados en esta obra del siglo XVIII con el castigo apropiado al disoluto, Don Giovanni, en este caso.

Bueno, el sábado 27 de enero, como se mencionó al principio, se celebró en el mundo el cumpleaños de Mozart, quien vivió solamente 35 años y produjo una gran cantidad de música divina y óperas ilustrativas. Y no le hemos cantado “Feliz Cumpleaños”, “Happy Birthday” o “Las Mañanitas” debajo de su ventana. Los lectores están encomendados a hacerlo, además de escuchar cualquier pieza de la música de Mozart y gozar de su habilidad de crear un paraíso que dura unos —o muchos— minutos. Se espera que la música de Mozart vuele por su casa, su carro, su oficina y sus mentes durante el nuevo año que ha comenzado.
FIN

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