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Los regalos para occidente de los sabios reyes magos del oriente

“Los refugiados desde Bizancio llegaron a Italia para traducir y enseñar griego cuando los turcos otomanos saquearon Constantinopla en 1453. Fueron recibidos ellos con sus manuscritos de los griegos clásicos, desconocidos, en este entonces, en Europa cristiana”, Wilson, N.G. From ByzantiumTo Italy: Greek Studies in the Italian Renaissance (Londres, 2016)

Por Katherine Miller/ Doctorado en estudios Medievales y Renacentistas de UCLA.

Dic 23, 2017- 19:40

Un sueño imaginario, si visualizamos un mundo paralelo, sería el de pensar en la posibilidad de que los regalos de los Reyes Magos del Oriente al Niño Jesús incluyeran la riqueza de los manuscritos de los griegos clásicos, desconocidos en la Europa cristiana hasta los renacimientos italianos del siglo XV.

Si damos un paso adelante, podemos pensar, en esta Navidad, en los millones de refugiados del Oriente llegando a Europa Occidental, quienes ahora son la ocasión de una crisis, una oportunidad y una amenaza para la Europa Occidental. Este movimiento de enormes cantidades de personas desde Asia Menor y el Medio-Oriente es una resonancia del mundo paralelo de los renacimientos italianos, hace cinco siglos, como efecto de las guerras provocadas por los turcos otomanos que produjeron refugiados, quienes hablaban griego pero también se consideraban romanos y cristianos. Ellos llegaron, no a Lampedusa y Calais, sino a Venecia, Verona, Padua y Roma cuando, en 1453, Constantinopla fue saqueada y destruida.

Pero los europeos tenían conocimiento de que existieron las obras de los griegos clásicos del oriente y sus pensamientos que ahora consideramos la base clásica de la civilización occidental. Sabían porque fueron filtrándose a Europa desde la primera Jihad de los musulmanes después de la muerte de Mohammed en el siglo VII, conquistaron la mayoría de la cuenca del Mediterráneo (pero no lograron conquistar Constantinopla).

Conformaron las madrazas (escuelas religiosas) para traducir la sabiduría de los griegos desde el griego a algunos dialectos arábicos y, solamente, después al latín.

¿Por qué tradujeron los griegos clásicos a sus idiomas arábicos? Es que habían conquistado un gran imperio y no sabían, siendo beduinos nómadas, cómo gobernar estos grandes y numerosos pueblos que quedaron alrededor de la cuenca del mar Mediterráneo. Los musulmanes necesitaban saber cómo desarrollar este nuevo imperio grande. Tenían que saber de medicina (Galeno e Hipócrates), de cómo ser estadistas (Tucídides, Platón y Aristóteles), de ingeniería (la arquitectura de acueductos, por ejemplo) y muchos asuntos más que existían solamente en Constantinopla, pero que requerían traducción para poder hacer uso de su sabiduría. Establecieron una cadena de escuelas de traducción en las madrazas en Bagdad, Palermo, Córdoba, y otros califatos. Y cuando el patriarca de Bizancio expulsó numerosos súbditos que fueron considerados herejes, los nestorianos, trajeron consigo a su exilio, manuscritos griegos además de sus habilidades como traductores trilingües (griego, árabe y siriaco).

Los eruditos cristianos de Europa eran bienvenidos a las madrazas y llegaban también europeos, quienes deseaban traducir estas obras desde el griego, siriaco y arameo (el idioma que hablaba Jesús) al latín, después de aprender los dialectos arábicos.

Es que era Constantinopla, capital de Bizancio, la que poseía los textos y manuscritos de los griegos clásicos del siglo V a. C., como los de Platón, Aristóteles, Herodoto, Plutarco, Tucídides, Esquilo, Sófocles y Eurípides y no Europa, que los desconocía pero en donde los eruditos y élites intelectuales hablaban y escribían solo en latín.

En el mundo cristiano del siglo V d.C. Europa y la cuenca del Mediterránea fue dividida entre los cristianos con sede en Roma, quienes practicaron los ritos litúrgicos latinos y los cristianos romanos de Bizancio en Constantinopla, en donde hablaban griego y seguían los litúrgicos ritos griegos ortodoxos. Esta división continuaría durante todos los más de 15 siglos, hasta la visita del papa Benedicto XVI en la que hiciera una declaración conjunta con el patriarca Bartolomeo I en Constantinopla (ahora, Estambul) en el año 2006.

En el siglo XIII, Santo Tomás de Aquino envió a William de Moerbeke, un arzobispo dominicano belga, al mundo árabe para aprender idiomas arábicos y que pudiera hacer traducciones precisas al latín para Santo Tomás, quien deseaba entender mejor a Platón y a Aristóteles e incorporar sus metodologías en sus propias obras escolásticas (los Summae). También, poetas famosos de Europa como Dante, Petrarca y Boccaccio hasta lloraban porque no podían leer el griego de Homero.

En 1390, el canciller humanista de Florencia, Coluccio Salutati, mandó a su emisario, Jacopo Angélica Scarperia, a Constantinopla para aprender griego, comprar libros y manuscritos griego y para convencer a Manuel Chrysolaras, un diplomático bizantino de venir a Florencia para enseñar griego a los estadistas quienes deseaban conformar un estado estable, una república. Después, Salutati encargó a otro humanista cívico, Leonardo Bruni (1370-1444) la traducción de un gran número de manuscritos griegos de Platón, Aristóteles y Tucídides antes de que Bruni asumiera el puesto de canciller de Florencia en 1427. No hay que omitir que, en 1423, Vittorino da Feltro asumió la nuevamente creada cátedra de griego en la Universidad de Padua. Siguió la cátedra en griego de Demetrius Chalcondyles. Otros nombres que debemos conocer en la Florencia de las décadas de los 1450 son el refugiado erudito de Bizancio, Argyropoulus, quien presentó cátedras públicas en el Vaticano sobre Tucidides y su Historia de la Guerra Peloponeso en 1486 a la petición del Papa Inocente VIII. Quienes aprendieron griego del profesor Chalcondyles eran Baldassare Castiglione de Milano y, desde Inglaterra, el círculo de Santo Tomás Moro, Grocyn y Linacre.

Cuando se estaba creciendo la violencia en Asia Menor con los asedios de los turcos otomanos que terminaron en el saqueo de Constantinopla en 1453, Venecia, y no Lampedusa o Calais, eran los puertos para la entrada de refugiados intentando llegar desde lo que había sido Bizancio. Los refugiados eruditos de Bizancio llegaron huyendo de las guerras. Trajeron consigo la riqueza de la Grecia Antigua en la forma de manuscritos de los grandes pensadores que jamás se habían conocido en Europa Occidental y comenzaron a traducirlos desde el griego al latín y, también, a enseñar el griego clásico en la Universidad de Padua cuando fue absorbida por Venecia en 1405.

Pero el empresario que publicó, en Europa, en el siglo XV la plétora de obras traducidas desde el griego fue Aldus Manutius (1451-1515), quien montó, en 1495, su negocio de impresión y configuró los caracteres en plomo para la impresión del alfabeto griego en sus prensas en Venecia –una innovación espectacular que permitió la reproducción de múltiples ejemplares de las traducciones de Homero, Platón, Aristóteles, Herodoto, Tucídides, Sófocles y muchos más: eran regalos de Grecia a la Europa cristiana por medio de Bizancio y Venecia. Desde este entonces, todos los diplomáticos de Constantinopla y Venecia, incluyendo Milán y, como hemos visto, Inglaterra, aprendieron a hablar y escribir su correspondencia no solo en latín, sino en griego de la más alta calidad.

De estas traducciones se formaron bibliotecas, la más famosa fue la Biblioteca Medicea Laurentiana del Papa Clemente VII, un Medici, en la cual fungió como bibliotecario el cardenal Pietro Bembo (1470-1597), el gran humanista.

El cardenal Bessarion (1403-1472), patriarca latino de Constantinopla y arzobispo de Nicea, fue uno de los refugiados griegos que llegó a Italia y comenzó a traducir, con gran precisión, las obras de Aristóteles. Bessarion, y los demás refugiados eruditos eran, de veras, un regalo de los magos – los reyes sabios del Oriente– a la Europa cristiana.

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