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Miedos infantiles, cuando los dulces sueños son una pesadilla

En la inocencia de los niños, las sombras y los ruidos nocturnos son aterradores seres que atormentan su descanso. Frente a ese pánico, papá y mamá se convierten en los héroes que pueden salvarlos

Por Texto: Rosemarié Mixco Ilustración: Carlos Cartagena

Jul 06, 2013- 22:00

L as 3:00 de la mañana. Sobre San Salvador cae una fuerte lluvia y Ana María duerme arropada por el frío y el sonido del agua. De pronto, pasitos que corren por el pasillo la sobresaltan. Llegó la hora, su hija Sofía de 4 años ha despertado y corre a buscar refugio entre las sábanas de mamá y papá. Por enésima vez, el sueño reparador no llegará para la joven madre que a diario lucha contra los temores nocturnos de su primogénita.

En la habitación de Sofía no hay monstruos al estilo de James P. Sullivan o Mike Wazowski que atormenten sus sueños, más bien son sombras y ruidos aterradores que le impiden disfrutar de sus horas de descanso nocturno. Su imaginación está en crecimiento y lo desconocido perturba su mente al caer la noche.

Como Ana María, millares de padres alrededor del mudo batallan contra los miedos que afectan la salud emocional de sus hijos, temores que en realidad son parte de ese desarrollo normal de todo ser humano.

El sitio (www.psicodiagnosis.es), detalla que “los miedos en general y cualquiera de sus modalidades en la etapa infantil suponen un fenómeno universal en todas las culturas y tiempos. La única explicación a esta regularidad es que el miedo debe tener un importante componente de valor adaptativo para la especie”.

Sin embargo, en ocasiones, esos miedos inofensivos se transforman en una verdadera pesadilla, temores o miedos patológicos que requieren la ayuda de un profesional. Entonces, ¿es correcto que papá y mamá tomen a la ligera esos miedos infantiles?

La doctora en psicología Margarita Mendoza Burgos es enfática en esto. “Definitivamente no. Debemos indagar a qué le temen y tratar de ayudarlos. Si el problema persiste por muchos días y el pequeño desmejora su estado físico o cambia de conducta, es necesario consultar a un especialista”. Para ello, los padres deben dialogar y llegar a un acuerdo sobre las medidas que se tomarán para ayudar a sus chiquitos.

En concordancia con Mendoza Burgos, la psicóloga clínica Martha Carcach explica que si bien los miedos infantiles son normales dentro del proceso de desarrollo, es importante que los padres lo comprendan y no le den un significado mayor. “Es recomendable atender, escuchar y permitirle al niño que exprese sus temores o preocupaciones”. Luego recalca que aunque muchos miedos irán desapareciendo progresivamente, “en su momento los pequeños necesitan un soporte emocional. Que se les enseñe a relajarse y a generar pensamientos que los encaminen a emociones y conductas positivas”.

En esa lucha por colaborar con los hijos, la familia deberá tratar de evitar actitudes que en nada contribuyen. Por ejemplo, nunca hay que burlarse de ellos, castigarlos o criticarlos ante familiares y amigos.

Y si bien se les debe brindar cariño y seguridad, hay que evitar la sobreprotección, por eso mantener la calma ayuda, así como reforzar el comportamiento valeroso que los niños demuestran y educarles en la prudencia hacia el peligro potencial o real.

Importante, también, es supervisar el contenido de las películas, los programas de televisión y los videojuegos. Muchos miedos surgen a partir de estos pasatiempos.

Hay que tratar de racionalizar el miedo para que poco a poco ellos comprendan que es algo pasajero. “Nunca deben amenazar con elementos que infundan temor, ni obligarlos a superar de inmediato el miedo enfrentándolo directa y abruptamente con lo que teme. Hay que evitar compararlos con hermanos u otros niños que no manifiestan temor”, añade la licenciada Carcach.

Crear un método podría ayudar. Por ejemplo, definir e indicar una hora fija en la que el niño debe acostarse es un buen comienzo. Claro, los padres son los primeros que deben respetar ese horario. También es bueno establecer, en momentos previos al acostarse, rituales que les den seguridad, es decir, actividades que se repitan cada día y que les ayuden a mentalizar que se acerca la hora de dormir, como lavarse los dientes, leer un cuento, ponerse la pijama.

Acostarse con los hijos hasta que el sueño los vence es una muy buena costumbre. Así opina la doctora Mendoza Burgos, quien sugiere a los padres hacer de los cuentos una rutina diaria que les permita acompañarlos antes de que se queden dormidos.

El sitio (www.psicodiagnosis.es) establece que, además, los niños pueden adquirir miedos de padres inseguros y temerosos, de escuchar conversaciones angustiantes y negativas, de traumas vividos y de ser testigos de situaciones impactantes o abusos.

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