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Simón Vega viaja en nave tercermundista a Bienal de Venecia

El artista plástico salvadoreño se encuentra en una de las exposiciones internacionales más importantes del arte contemporáneo

La propuesta artística que el salvadoreño exhibirá en la muestra internacional.
La propuesta artística que el salvadoreño exhibirá en la muestra internacional.

Por Tomás Andréu / EFE Twitter: @tomazs_andreu

May 31, 2013- 19:00

La nave tenía que ser manufacturada en un país con vocación tercermundista como El Salvador. Los materiales estaban por todas partes del territorio, gracias a que el salvadoreño lanza la basura en cualquier parte de su país.

El artista Simón Vega se dio a la tarea de recogerlos porque tenía necesidad de salir de su terruño. Así nació “Sputnik del tercer mundo” (Third World Sputnik), una nave que evoca la Guerra Fría.

La primera estación hacia la edición número 55 de la prestigiosa Bienal de Venecia hizo escala en Viena, Austria, porque había que hacer unos ajustes a la nave antes de que llegara a su destino final.

Finalmente, “Sputnik del tercer mundo” llegó a “El Palacio Enciclopédico” de la Bienal de Venecia.

Cada país o región tiene su pabellón para presentar a sus artistas. En gran medida, los gobiernos pagan el montaje de las piezas de sus artistas. Obviamente, El Salvador no hizo eso con Simón Vega.

Vega está en el pabellón del Instituto Ítalo-Latino Americano (IILA). Ahí hay una sección de exposiciones que se llama “El Atlas del Imperio” a cargo de dos curadores. En esta edición participan alrededor de 19 latinoamericanos.

Vega presentó su proyecto —lo ha trabajado desde hace tres años— de “cápsulas espaciales” construidas a la manera tercermundista, por eso el título de “Sputnik del tercer mundo”. La obra es una cápsula esférica (de 140 x 400 cms.) y describe el aterrizaje forzoso de la nave.

La zona trasera es una constelación colorida de basura que emula la estela del humo del descenso.

“Sputnik del tercer mundo” es una réplica de “Korabl-Sputnik-5”. Este fue un trabajo que llevó por nombre “Programa Sputnik” y se trató de misiones al espacio exterior con naves no tripuladas. El proyecto fue realizado por la desaparecida Unión Soviética y —finalmente— permitió al ruso Yuri Gagarin convertirse en el primer ser humano en llegar al espacio. “Sputnik” proviene del ruso y su traducción es equivalente a “satélite” o “compañero de viaje”.

El artista se inspiró en el tema de la Guerra Fría.

“Me interesa este tema en un conflicto global dentro de un contexto centroamericano. De alguna manera la guerra en El Salvador fue un mini escenario de este contexto de la Guerra Fría”, explicó Vega a El Diario de Hoy en el Museo de Arte de El Salvador (MARTE) antes de abordar su nave hacia Europa.

“Pienso que esas dos visiones políticas y económicas tan contrastantes le dieron forma, en gran medida, a lo que El Salvador es hoy en día”, remata Vega.

Al artista también le hizo guiños esa idea-concepto —y paradójico— de un ambiente artificial que puede habitar otro mundo.

“¿Pero qué pasa con el tercer mundo que para otros resulta como otro planeta, como un planeta perdido?”, cuestiona el creador de “Sputnik del tercer mundo”.

“Estoy queriendo elaborar un discurso de nuestro entorno [El Salvador] al construir una cápsula que quiere ser de alta tecnología y volar fuera de este mundo, pero que está amarrada a sus propias debilidades y carencias”.

La naves está construida con material de aluminio, es decir, latas de cerveza y soda que se comercializan en tierras cuscatlecas.

En el contexto de la Guerra Fría, la obra de Vega es congruente con la confección que hace de su visión de mundo al echar mano de la historia y contraponer una nave rusa hecha con elementos del capitalismo en un país dolarizado como El Salvador. Estos contrastes, como señala el artista, son los que dan forma a lo que hoy en día es el país desde un ángulo de lo absurdo y contradictorio como producto de otros contextos ajenos al territorio.

Por eso “Sputnik del tercer mundo” es un viaje a la pobreza que vive este país centroamericano.” En el interior de la cápsula hay una especie de sala de piloto con un asiento de autobús viejo y un televisor de la misma forma, cosas que encontrarías en una casa muy pobre de El Salvador”, señala Vega.

Llegar a la Bienal de Venecia no ha sido nada fácil para el salvadoreño. Desde que le llegó la invitación, el artista transitó entre la alegría y la frustración por la gran inversión económica que se hace para asistir a este magno evento que convoca a los mejores artista del mundo.

Los costos para el artista y el país son muy altos. Solo el uso del pabellón tiene un valor de 6.000 euros. “Al principio pensé que sería imposible y decliné la oferta”, confiesa Vega.

Fue la Galerie Ernst Hilger de Viena, Austria, quien ayudó al artista para que estuviese en la Bienal. También los coleccionistas privados como Mario Cader-Frech y el MARTE hicieron posible que El Salvador estuviese en este evento que se inaugura hoy y se extiende hasta el 24 de noviembre próximo.

“La Bienal de Venecia es de las más antiguas y es un referente universal para cualquier artista y en la carrera de éste es sumamente importante porque es una plataforma que da visibilidad y valor agregado a su trayectoria, en este caso, Simón Vega”, ilustra el artista y director del MARTE, Roberto Galicia.

El pabellón del Instituto Ítalo-Latino Americano (de la Bienal de Venecia —en el que está Simón Vega— es una gran oportunidad para contemplar un diálogo entre el arte contemporáneo de varios países de América Latina y Europa.

Hay que destacar que esta edición ha dado mucho espacio al arte latinoamericano, tanto en los pabellones nacionales como en las exposiciones individuales.

En el pabellón del IILA se encuentran los curadores Alfons Hug y Paz Guevara y la comisaria Sylvia Irrazábal. Ahí se encuentra el salvadoreño y en ese lugar se ha pretendido explorar nuevas relaciones del arte contemporáneo latino y sus intercambios con artistas europeos.

La exposición es también una manera de mostrar “la diversidad cultural y artística de Latinoamérica, pero también hay temas recurrentes como la historia colonial que aparece en algunas obras, la herencia indígena, la transformación barroca y su iconografía o la cultura andina de muchos países”, según explicó a Efe el curador Hug.

“En Latinoamérica se ha desarrollado mucho, por ejemplo, el videoarte, y aquí podemos ver una gran propuesta de Ecuador: “Black Mama…”, agregó el curador.

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