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Sergio Martínez: “No nos reímos de las personas, nos reímos con ellas…”

El actor es especialista en la técnica de teatro "clown", la cual "hace de lo cotidiano algo fantástico y de lo fantástico algo cotidiano"

Alumnos durante los talleres impartidos por Sergio Martínez. Fotos EDH/ Lissette Lemus
Alumnos durante los talleres impartidos por Sergio Martínez. Fotos EDH/ Lissette Lemus

Por Tomás Andréu Twitter: @tomazs_andreu

Abr 20, 2013- 19:00

Su formación teatral se originó en El Salvador. Salió del país hace más de una década y fue a parar al País Vasco. El actor Sergio Daneri Martínez Guzmán ha regresado por unos días a su terruño. A sus colegas de artes escénicas les ha impartido talleres sobre lo aprendido allá en Europa. Los beneficiados han sido el Centro Nacional de Arte (Cenar) y la Asociación Cultural para las Artes Escénicas (Escénica). También ha estado en las comunidades del departamento de Morazán.

Cuénteme sobre su especialización en la técnica “clown” en el País Vasco, en el cual reside y sobre su presencia en Escénica (Asociación Cultural para las Artes Escénicas).

—Crecimos juntos con César Pineda haciendo teatro y siempre hemos tenido contacto. Y bueno, César me planteó viajar a El Salvador y compartir nuestro conocimiento de la técnica del “clown”. Desde que llegué al País Vasco me dediqué a las artes escénicas y no te creas que el proceso del País Vasco no ha sido muy diferente al proceso escénico que ha tenido El Salvador. Es en este momento que hay ciertos apoyos a las creaciones escénicas.

¿Y cuál ha sido el aprendizaje después de estar tantos años allá…?

—La formación, sin duda alguna. Hay una escasa formación acá en nuestros países centroamericanos y es difícil tener acceso a otro tipo de formación, ya sea por la lejanía, los costos económicos, culturales…

¿Cuando hablamos de formación de qué estamos hablando precisamente…?

—La especialización. Ese acceso no lo tenemos. Hablo de la especialización de la comedia del arte, del trabajo del “clown” que acá es bastante desconocido o mal utilizado, porque no conocen otros referentes. Siempre nos manejamos con el “clown” clásico, cuando este ha evolucionado mucho, mucho desde estos países [se refiere al País Vasco y al resto de Europa].

Su especialización es en la técnica del “clown”. ¿Por qué se decidió por esa?

—Me gusta todo lo relacionado con las artes escénicas, me parece que todo es complementario, pero me quedé con el “clown” porque se pueden afrontar las cosas desde un enfoque menos desdramatizado, quiero decir, desde la parte cómica sin quitarle seriedad a los asuntos o a los problemas.

¿Desde qué visión del “clown” concibe sus obras?

—Nosotros partimos desde la inocencia del personaje Augusto, a partir de esa inocencia, trabajamos. Inocencia es la forma de ver el mundo desde un carácter totalmente inocente donde no existe la maldad tal y cómo la conocemos. En esto es fundamental el trabajo artístico-gestual, el “clown” gestual con el cual buscamos, a partir de nuestra propia personalidad y naturaleza esa característica esencial que le va a dar vida al personaje que es el “clown”.

¿Qué están aprendiendo sus colegas artistas con sus talleres?

—El aprendizaje de la técnica, la búsqueda y la creación del personaje [en este caso el “clown”]. El “clown” está muy cerca de la persona, en toda nuestra esencia emocional luego eso se traslada al “clown”, al cual le damos una característica física y como cada persona trae un saco de historias de vida, de recorrido, de experiencia, entonces todos esos insumos nos sirven para darle vida al “clown”. Y repito: partiendo de nuestra propia naturaleza.

Hay algo que mencionó anteriormente y es que la técnica “clown” en el país es deficiente. ¿A qué se refiere específicamente?

—En el país y en la región, el referente del payaso o payasa que tenemos es el clásico, el colorido que muchas veces ocupa las características físicas de las personas para reírse de ellos. Nuestra escuela no tiene nada que ver con eso. Nuestra escuela busca la comicidad de nuestro ser, no nos reímos de las personas, nos reímos con ellas. Y eso es una variante importante. Lo que pasa en El Salvador es por necesidades de sobrevivencia o por el desconocimiento de referentes en el trabajo del “clown” que son claves como Charles Chaplin, Buster Keaton, Mr. Bean. Estos no llevan nariz de payaso, pero en su esencia y naturaleza son payasos.

¿El ser como objeto de burla?

—Nosotros no hablamos de burla, porque no es burla. Cuando le hablé de la inocencia, el “clown” ve el mundo de manera inocente, para él las convencionalidades que la gente tiene, no existen. El “clown” tiene una base importante: hacer cotidiano lo fantástico y fantástico lo cotidiano. Para él volar por las estrellas es lo más cotidiano. Pero hacerse un desayuno, tomarse un vaso de agua, al “clown” se le complica mucho. Ahí está su esencia, en su visión de mundo, en cómo nos ve. Él no tiene maldad, él tiene inocencia. La maldad la tienen los seres normales. El “clown” no se logra en un taller, en tres días, se logra con el trabajo de toda una vida, porque trabajamos desde las emociones. No se trata de hacer tornillos. El componente emocional que cada persona trae requiere de mucho tiempo [para convertirlo en un “clown”]. Depende cómo estemos emocionalmente, evolucionaremos más o menos.

¿Quiénes están recibiendo sus talleres? ¿Cómo entendían o definían el “clown”?

—Algo generalizado es que desconocían la técnica. Cuando se hablaba de “clowns” se les venía a la cabeza el payaso que conocemos, el del circo clásico y les daba un poco de miedo, pero mientras avanzamos en los estudios y en la técnica corporal y lo que esto implica, pues generalmente ahora me han dicho que se les han abierto puertas a desarrollar.

¿Y cuál ha sido la parte más difícil de romper con sus alumnos?

—La parte emocional. Normalmente la sociedad nos coarta ciertas emociones, entonces siempre nos andamos ocultando las emociones como el llanto, la risa, el dolor, el enamoramiento. Si te ríes de forma extraña te ven mal. Todo el tiempo la sociedad nos está coartando.

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