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Manuel González “He sido modelo de mi propia vida”

Al filo de sus 50 años de vida, el salvadoreño lleva más de 35 años de carrera en el arte, a través del modelaje y las reinas de belleza

Nuestro invitado disfrutó de un café en las instalaciones de Coffee Cup Metrocentro. La plática fluyó entre exquisitos aromas. Fotos EDH / Huber Rosales
Nuestro invitado disfrutó de un café en las instalaciones de Coffee Cup Metrocentro. La plática fluyó entre exquisitos aromas. Fotos EDH / Huber Rosales

Por Jhoel Díaz @jhoel_diaz

Abr 23, 2013- 19:00

El nombre de Manuel González ha sonado por muchos años como capacitador de modelos y reinas de belleza en El Salvador, representante de agencias y diseñador de trajes de fantasía, pero también fue modelo, una faceta que nos compartió al calor de un buen café.

¿Cómo empezó su carrera en el mundo del modelaje?

—Creo que hay un momento en que todos queremos ser artistas. De niño recibí mucho estímulo de mi familia, de mis abuelos y en la escuela. En la adolescencia quería ser artista y descubrí la grandeza del arte viajando a México, donde conocí grandes diseñadores y variedad de artistas, aprendí de ellos, y estudié la carrera de Artes. Aprendí actuación, modelaje, diseño… Como era ambiente de artistas, todo era parranda, pero por supuesto yo en lo mío, yo buscaba la esencia del arte, aprendiendo autodidacta. Me vine a El Salvador y a Guatemala… Allí pasé y trabajé como diseñador de vitrinas e hice modelaje con Taxi Driver, una famosa boutique.

¿Por qué viajó a México?

—Mis padres pretendían que me preparara y luego me fuera para Estados Unidos, pero nunca he visto para allá, mi mundo es más latino.

¿A qué se dedicó cuando llegó a El Salvador?

—Me encontré con la academia de modelaje de una amiga, Ana Leonor Brizuela, en lo que hoy conocemos como Asistenza Italiana, y me ofreció quedarme de estudiante porque no podía darme puesto de maestro, yo traía técnicas más avanzadas y a ella no le convenía. Desfilé, modelé, hice comerciales y una campaña para Shell: “Nos vamos de vacaciones”. De ahí formamos un grupo de modelos que se llamaba Crash, el primero en el país que usó la técnica de maniquí, nos lanzamos a nivel nacional, en las ciudades más importantes… fue una plataforma grande en mi vida, así conocí a tanta gente…

¿Para qué tiendas modeló?

—En los 90 trabajé para firmas de almacenes como Simán, Schwartz, M&M y otras más pequeñas. Nos poníamos en las vitrinas como maniquíes y cambiábamos cada cierto tiempo la postura. Gracias a eso Levi’s nos pidió que fuéramos su imagen y nos tocó viajar por todo el país con sus colecciones, como maniquís y en pasarelas, trabajamos tres años para ellos.

¿Usted vio empezar el modelaje masculino en el país?

—Sí. Cuando yo era un chico, los hombres no modelaban en el país, era muy mal visto y muy criticado, se suponía que no era para varones, pero la gente se fue civilizando y se fue educando y descubrieron que había talento… Nosotros no lo veíamos como diversión sino como negocio, porque nos pagaban para eso y nos pagaban bien… con eso no pagábamos nuestros estudios, pero sí nuestros gustos.

También tuvo una etapa en aquella agencia llamada Modelos de El Salvador…

—No tuve una etapa, déjeme contarle que Modelos de El Salvador nació con otro nombre pero a raíz mía. Se llamaba Latin Models. Me buscaron para formar una alianza con otros maestros y formar esta famosa agencia, la cual lastimosamente fue demasiado manoseada. Nos tocó salir huyendo, porque lo que allí dentro se daba nunca fue bien visto, al menos por los que consideramos que el modelaje es una rama artística y no una rama de la prostitución. De ahí salieron grandes presentadoras de televisión, y salieron huyendo porque en algún momento compartieron ese estilo de vida.

¿Tuvo ofertas de ese tipo?

—Un político salvadoreño llegó a ofrecernos un viajecito, pero nunca pensé en quererme vender y mucho menos por un arreglo floral. Gracias a los principios que me inculcaron en mi familia, nunca estuve de acuerdo.

¿Hasta qué época llegó la agencia?

—Llegamos al 2000. Yo ya estaba fuera, pero les daba el servicio de diseñador para concursos de belleza, pero con pago anticipado porque era malo para pagar y aún me siguen debiendo… (risas).

¿Cómo empezó a involucrarse en la organización de concursos de belleza?

—En el año 89 llegué a manos de los señores González, dueños de la franquicia de Miss El Salvador, con una amiga que participaba en el concurso; parte del traje de fantasía lo hice yo y el penacho era de Mauricio Bonilla. La preparé para el desfile, su caminar era muy distinto y se vio espectacular. Logró ser Miss Amistad. El secreto fue que yo guardaba todos los videos de Miss Venezuela, así la preparé y ella fue el impacto de la noche. A raíz de eso llegamos convencidos a Miss El Salvador de que podíamos presentar una mejor propuesta, y le dimos nuevos brillos. Aquella noche también conocí a los dueños de la boutique Abraxas, que traía las marcas más caras que puedas imaginar al país… Al siguiente año me ofrecen la organización del Miss Mundo local, que tenía TCS. Ellos se lo dieron a Abraxas, y como yo estaba en la empresa, me dieron la preparación de las candidatas.

¿Cómo fue la experiencia con este Miss Mundo?

—El show valió la pena, pero el final fue desastroso porque la ganadora era familiar de los dueños de la tienda. Se armó un lío porque realmente estaban presentes las mujeres más bellas y de las mejores familias de este país. A raíz de eso, la boutique se vino abajo y la imagen también… Llegaron al colmo de dispararnos a la boutique y de herir a uno de los dueños. Fue el final. Decidí dar un giro y me fui con la organización Miss El Salvador y, con tan buen tino, trabajé casi 12 años con ellos.

Hoy está al frente de una academia de modelaje, ¿qué opina de las críticas a estas, por el poco profesionalismo?

—Lo que sucede es que se están viendo las escuelas de modelaje solo como negocio. Un cuartito o la casa de alguien es suficiente para enseñarle a alguien a caminar, pero se olvidan de la preparación teórica. Como el más viejo en esto puedo decir que muchos maestros nuevos no están capacitados. Además, yo les digo a mis alumnos: “Usted no es modelo, usted es alumna de modelaje. Hasta que cumpla sus dos o tres años y haya tenido varias experiencias, y haya triunfado en ello, usted se convierte en modelo”. Muchos aquí dicen que son modelos, pero en realidad han estado ofreciendo productos en algún supermercado… Hay que diferenciar las categorías: entre una modelo, una edecán o una impulsadora.

¿Qué opina de aquellas personas que sueñan con ser modelos, pero que no tienen el físico adecuado para serlo?

—Yo siempre les digo a mis alumnos nuevos que es necesario tener la autoestima muy alta, porque si yo recuerdo el caso de lo que la gente decía en mi época, de lo que yo nunca iba a ser, yo no fuera nadie, solo fuera un miembro más de la sociedad. Pero, lo que yo hice, lo hice porque yo quería, y porque le puse fuerza, valor y le di garbo a lo que estaba haciendo, no permití que nadie se metiera en mi relación. Hoy en día puedo decir que soy una persona que diseñé mi vida, he sido modelo de mi propia vida.

Está próximo a cumplir medio siglo de vida… ¿Cuáles considera que han sido sus logros más importantes?

—Mi mayor éxito en la vida es que he hecho lo que he querido. Pero mi triunfo más grande han sido los reinados internacionales, donde he podido obtener un primer lugar en México con Piel Dorada Internacional, con Julia Iris Ayala. Casi tres años después mis candidatas ganan cinco títulos: mejor rostro, finalistas, mejor traje de fantasía diseñado por mí, Miss Elegancia… Y últimamente en México se me otorga el título de Fashion Designer por el vestuario que llevé con Bárbara Montiel al Miss Pacífico Internacional, son cosas muy importantes porque las he hecho con mis propias manos, no he brillado en otro país con un diseño sacado de Vanidades.

¿Cómo ve la nueva ola del diseño de modas en el país?

—Lo importante es encontrar nuevas ideas, pero seguimos fallando. El gran secreto de la moda nacional aún no se ha descubierto, ya que no estamos utilizando telas o estampados nuestros.

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