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Terrenales y soñadores, Saab y Vuitton cierran pasarela de París

La última jornada se caracterizó por transparencias que mostraron la feminidad de los cuerpos

Los vestidos de Elie Sabb se lucirán en negro, turquesa, lima, granate, marino y blanco. foto edh
Los vestidos de Elie Sabb se lucirán en negro, turquesa, lima, granate, marino y blanco. foto edh

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Mar 06, 2013- 19:00

Elie Saab y Louis Vuitton vistieron a una mujer terrenal, activa y profesional, que lleva pijama, con unas colecciones otoño-invierno que invitaron a soñar en la última jornada de la Semana de la Moda de París.

Elie Saab construyó trajes estructurados para el día, de falda de tubo con una cremallera que actúa como prolongación de la columna vertebral, boleros decididos e incluso corbata.

Las combinaciones bicolor, en un despiste dejaron paso a muselinas en zonas estratégicas que endulzaron los modelos y conservaron la seriedad de la vida activa.

Un mono negro en crepé de satén con efluvios de transparencias en mangas y perneras abrió las puertas de la noche que avanzó sobre la pasarela con los bordados tan característicos del modisto libanés.

Los vestidos largos que le han dado la fama sobre las alfombras rojas vivirán un otoño-invierno 2013-2014 en turquesa, granate, lima, marino, blanco y negro.

Los encajes y brocados invadieron los vuelos o los corpiños y las líneas rectas atravesaron y delimitaron las prendas, en composiciones que retuvieron las ansias de alta costura del tul y el georgette.

La teatral puesta en escena de Marc Jacobs para Louis Vuitton recreó en esta ocasión el pasillo de un hotel, con 50 puertas de las que salieron las modelos convertidas en clientas del establecimiento y descubiertas en la intimidad.

El estadounidense jugó con un decorado que resulta familiar gracias al cine clásico de Hollywood, con un imaginario de intrigas y pasiones que convirtió los camisones en vestidos, los pijamas en trajes de chaqueta y pantalón y las batas en abrigos.

Pequeñas flores despuntaron en un desértico estampado de ropa de cama, el tartán de las mantas se construyó en largos chaquetones con destellos brillantes en sus bajos, los encajes delimitaron la caída de las faldas.

Una estética doméstica y cómoda que vivió la noche, no en la cama, sino en el teatro, con plumas, lúrex y pieles en los lugares apropiados.

Si el principio sorprendió por lo espectacular de la escena, el final no desmereció: Kate Moss desfiló sobre la pasarela, ataviada con una peluca de pelo corto negro, antes de que Marc Jacobs saliera a saludar. —EFE

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