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Medicina paliativa, alivio para el paciente terminal

La necesidad de controlar síntomas y mejorar la calidad de vida del enfermo y de su familia es la base del cuidado activo e integral cuando no hay cura

Medicina paliativa, alivio para el paciente terminal
Medicina paliativa, alivio para el paciente terminal

Por Texto: Mireya Amaya Infografía: EDH

Mar 30, 2013- 19:00

La etapa final de un enfermo es un episodio de gran impacto tanto para sí mismo como para su familia, en el aspecto físico, emocional y social. Ante esto los cuidados paliativos son una manera de brindarle el mayor bienestar posible, lo que sin duda es un coadyuvante para enfrentar de mejor manera el deceso y el duelo.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la medicina paliativa es el cuidado activo e integral de personas cuya enfermedad no responde a tratamientos curativos. Su finalidad es aliviar el dolor y otros síntomas presentes en esa etapa, al tiempo que considera las implicaciones psicológicas, sociales y espirituales de dicho proceso. Todo esto con el objetivo de alcanzar la máxima calidad de vida posible para el paciente y su familia.

Se conocen también como cuidados intensivos de bienestar, porque procuran facilitar todo lo que sea capaz de reducir o evitar el sufrimiento al moribundo, ya sea a través de medios preventivos, curativos o rehabilitadores, e incluso, en ocasiones, con terapias intervencionistas, aunque sin intentar alargar innecesariamente su supervivencia.

Los cuidados paliativos se iniciaron en 1967 con la fundación del Saint Christopher’s Hospice, en Londres. Poco a poco se extendió a otros países de Europa, e incluso ha alcanzado algunos países de América, según ARS Médica, de la Universidad Católica de Chile.

Un gran beneficio

Aunque originalmente estos cuidados surgieron para los pacientes oncológicos, cada vez más se utilizan en otros males crónicos, como cardiopatías, demencia y enfisema, entre otros, pues comparten síntomas comunes que se pueden tratar con dicha terapia.

De acuerdo con la OMS, las necesidades de los pacientes en fase terminal son similares a los de una persona sana aunque pueden verse más acentuadas por la situación de especial debilidad o dependencia que les produce la enfermedad.

Ellos necesitan un buen control sintomático, sentirse útiles y, muy importante, poder demostrar afecto e igualmente recibirlo. Asimismo, precisan comprender su enfermedad, participar en la toma de decisiones y ser aceptados cualquiera que sea su estado de ánimo y sociabilidad.

Sobre los fármacos

En esta etapa es usual emplear ciertos fármacos que disminuyen el dolor, entre analgésicos opioides y no opioides, anticolinérgicos, anticonvulsivantes, antidepresivos y antieméticos, entre otros.

Dentro de los opioides se clasifica la morfina, conocida desde la antigüedad, que se utiliza para aliviar el dolor moderado y severo en pacientes oncológicos y no oncológicos.

En la V Jornada de Bioética celebrada en febrero, en la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra, el investigador del Programa Atlantes del ICS (Instituto de Ciencia y Sociedad) José Mario López Saca, de origen salvadoreño, defendió que el uso de la morfina en enfermos terminales está ampliamente justificado.

“La revisión de los estudios clínicos realizados hasta la fecha revela que la morfina y otros opioides no mata a los pacientes sino a los síntomas”, explicó López Saca, y aseguró que “en el ámbito clínico, aunque se ha demostrado que los opioides son efectivos para tratar el dolor y la disnea existe miedo a utilizarlos por la incertidumbre sobre su seguridad en el paciente al final de la vida. Esto ha llevado a muchos médicos a recurrir al principio ético del doble efecto para justificar su uso”, apuntó.

De acuerdo con el galeno, los opiodes tienen además otros usos clínicos: antitusígeno (para el alivio de la tos, como el dextrometrofano o codeína, y para el alivio de la disnea (sensación de falta de aire por enfermedad pulmonar), diarrea (por ejemplo la loperamida).

El empleo de estos en los pacientes depende de la intensidad del síntoma (dolor, disnea, tos), es decir si ya se han utilizado otros fármacos y el dolor no se alivia o es muy fuerte está indicado usar morfina. Esto puede ser de forma oral, subcutánea o endovenosa.

Por otra parte, uno de los grandes temores con respecto a su empleo es el desarrollo de la dependencia o tolerancia. No obstante, el profesional aclara que si se usa para tratar un síntoma concreto no existe ese riesgo.

Vale aclarar que la morfina no está disponible tan fácilmente en todos los países, pues existen muchos mitos y miedos, como pensar que el paciente se volverá adicto, que deprime el sistema respiratorio o que el usarla significa que la persona está muriendo. “Todos estos mitos hacen que el acceso a los opioides no sea igual en todos los países. Con mi trabajo y el del equipo de Medicina Paliativa de la Clínica Universidad de Navarra intentamos quitar estos mitos o miedos”, agregó.

El profesional afirma que en El Salvador si existen opioide, pero su uso no es muy difundido por los mitos antes expuestos.

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