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“Las canciones no tienen precio”

Si fue o no de los famosos Christians de Santa Ana qué importa, pero tiene un canto y toca también la guitarra que convence a cualquiera

FOTO EDH
FOTO EDH

Por Luis Andrés Marroquín En Twitter: @luisandresMA

Ene 10, 2013- 15:45

La verdad que no me percaté si la señora que me lustraba los zapatos lo hacían bien o mal, porque me envolvió la voz y la forma en que este hombre de llamativos colochos tocaba la guitarra.

Dice llamarse Francisco Javier Zamora García, de 63 años, y que desde su primera década de vida se dedica a la música, en su natal Santa Ana.

El portal del Parque Libertad es hoy su refugio, donde deleita a la gente con canciones como “Toca tres veces”, “Yo ya me voy para Santa Ana”, “Nada”, una que otra en inglés o de gente como del roquero Luis López.

Su canto, la forma que toca la guitarra o sus movimientos de cuerpo mientras suenan sus canciones son pegajosos.

No miento, me recordó las buenas épocas, esa música de mi madre, la que escucha mi suegro. Me entró una especie de alegría con nostalgia. Su música me hizo feliz.

¿Cuánto cuesta una canción?

“Las canciones no tienen precio”, me respondió.

Tomó confianza, cantó lindo, se le fue la borrachera que andaba y su memoria voló, hasta Santa Ana, a finales de los años 60 y 70.

“Fui guitarrista y voz de Los Christians, de los Rebeldes, de los Killers y hasta canté con Luis López”, aseguró.

De la popular Ana María, que hizo famosa la canción “Yo ya me voy para Santa Ana”, dijo que vive hoy en Alemania y que no, no fue su novia, pero si su vecina, “desde que tenía 6 años”.

Entre recuerdos, canta. La gente que pasa se detiene, principalmente la de su generación, susurran las canciones que toca, bailan, sonríen y se van.

“Solo cuenta/ un/, dos/, tres/… y/ dime/ que/ me/ amas/…”.

“No me ganaban para cantar. Me jalaban para todos lados… menos del chile”, bromea y se le corta la voz. “Es que ya estoy cansado”.

Además, entre dientes (los que le queda), confiesa que a raíz del alcohol se le han olvidado algunas canciones.

Pero las que toca y canta, las interpreta con talento (se le nota) y con el corazón.

No miento, la señora que me lustró los zapatos lloró al escucharlo cantar.

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