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Padre Moratalla: “El culpable fue el Banco Mundial, gracias a Dios…”

Polígono Industrial Don Bosco llega a sus 25 años de existencia. Ahí se construye ahora un conservatorio y se planea el diseño de una carrera universitaria. Un sueño para jóvenes marginados

José María Moratalla, director del Polígono Industrial Don Bosco, el cual cumplió 25 años de apoyo a la juventud salvadoreña.
José María Moratalla, director del Polígono Industrial Don Bosco, el cual cumplió 25 años de apoyo a la juventud salvadoreña.

Por Tomás Andréu Twitter: @tomazs_andreu

Ene 12, 2013- 19:00

Los jóvenes de El Salvador no tienen oportunidades. Él lo comprobó desde que vino a este país. Para acercarse a ellos echó mano del fútbol, pero en un séptimo día tuvo cita con Dios y esas jóvenes ovejas se quedaron solas y se emborracharon y en vez de partido y hacer goles, le dieron una paliza al equipo rival y al árbitro.

“El equipo del padre queda expulsado por bolos”, fue la sentencia de los organizadores de aquel papi fútbol.

Así se inauguró aquella hermandad entre el padre José María Moratalla y la juventud de la Comunidad Iberia, esa pertenece al Distrito 1 de San Salvador y está situada entre el mercado La Tiendona y la Terminal de Oriente. El lugar es habitado por unas 50 mil personas. Ahí, unos cuantos pasos sirven de frontera entre las pandillas MS-13 y el Barrio 18.

Un enorme barranco-basurero era la Comunidad Iberia. Durante el conflicto armado, familias enteras migraron desde el interior del país hacia la capital. Al no tener dónde vivir, estos núcleos se asentaron en predios baldíos, hostiles para el hábitat.

“Esto era una quebrada de aguas negras. En estos terrenos mal olientes, que no significaban nada socialmente, ellos montaron sus champas”, recuerda el padre Moratalla. Y en esos improvisados hogares apareció la migración de los mayores hacia Estados Unidos. El caldo delincuencia se cocía con certera paciencia.

“Nació una delincuencia motivada por la subsistencia porque no había trabajo”, explica el religioso.

Entonces Moratalla supo que había llegado el momento de abordar la pobreza, la migración, la desintegración familiar desde el trabajo, porque “es la raíz” del problema.

Pepe —como le dicen los jóvenes de la comunidad— cuenta que uno de aquellos chicuelos, después de 40 veces de intentar llegar a Estados Unidos, por fin encontró un método para llegar al sueño americano.

“Ahora está allá. Finalmente lo logró”.

La gente de El Salvador no ha entendido que no basta con lograr el desarrollo económico del país, hay que lograr el desarrollo humano, el de los valores, el de la identidad salvadoreña, dice este español que llegó a Centroamérica en 1979.

“Yo soy bruto: no hubo capital ninguno”, explica Moratalla al preguntársele con qué dinero logró hacer de aquel barranco-basurero un centro de formación que lleva por nombre Polígono Industrial Don Bosco. A falta de dinero propio, el padre tocó las puertas de sus paisanos que fueron alumnos suyos. Así logró 5,000 dólares. Estos le sirvieron para enviar a un grupo de jóvenes a España. Al regreso, estos montaban modestas empresas que significaban darle un giro radical a sus vidas.

Aquel método ha cambiado. La apuesta ya no es con adolescentes o jóvenes. La niñez es quien se lleva todo el entusiasmo del proyecto salesiano en La Iberia.

“Cuando se empieza con jóvenes de 25 años es muy difícil que surja un empresario. Soy categórico en eso. Es como si quisieras desarrollar a un artista a los 25. A esa edad ya lo perdiste por más genialidad que tenga. Vale la pena, desde los 4 años, todo un proceso de sicología evolutiva”, reflexiona Moratalla, quien se define a sí mismo como un educador.

Moratalla es radical al afirmar que la tecnología ha marginado el humanismo. Con un par de preguntas ilustra su aseveración:

“¿Tú conoces el conservatorio nacional de El Salvador, la escuela superior de bellas artes, de teatro, de danza? Yo, no. Es aberrante que un pueblo que lleva tanto humanismo dentro no cultive eso”.

El conservatorio

Es histórico para El Salvador porque ya fue puesta la primera piedra para que exista en el país un conservatorio. Hace cuatros meses nació la Orquesta Sinfónica Juvenil Don Bosco. Niños y jóvenes que provienen de 60 centros escolares públicos que viven ensombrecidos por la delincuencia conforman la agrupación. El apoyo del Ministerio de Educación ha sido vital en este proyecto.

“Manejar las matemáticas, las tecnologías no basta. Es necesario manejar el arte, porque si no tienes imaginación, creatividad no hay desarrollo”, enfatiza Moratalla, quien afirma que hubo algo de divino en aquella mano financiera que les dio el soplo de vida:

“El culpable fue el Banco Mundial, gracias a Dios”, revela el sacerdote, no sin antes echarse una sonora carcajada.

La Orquesta ensaya en el seno del Polígono Industrial Don Bosco. El plan literalmente ha sido cambiar la violencia por arte.

“Estamos ensayando una manera —no es la única ni la mejor— de dar respuesta a la cultura de la violencia. Tenemos una educación con un claro objetivo, no en abstracta. No es un cúmulo de saberes, sino el desarrollo de la persona para que encuentre la alegría de vivir”, dice un convencido sacerdote salesiano.

En el Polígono hay reglas: debe estar alejado de la violencia y delincuencia. Estar limpio y rendir dentro de la casa de estudios. El centro educativo tiene una población de 500 alumnos que van desde la guardería hasta el bachillerato.

Moratalla piensa en la creación de una universidad muy pronto. Al preguntársele quién continuará con el proyecto cuando él falte, no duda: “los salesianos somos educadores, esto no morirá”.

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