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El clásico de siempre

Por encima de resultados, antecedentes o paternidades, lo que va a vivir el aficionado santaneco este sábado no es otra cosa que el enfrentamiento de dos historias plagadas de abolengo. El choque de dos equipos con una trayectoria ilustre que sirvió para llenar de copas sus vidrieras: FAS y Aguila, los invitados de lujo para jugar 90 minutos de clásico.


Roberto Aguila


Hace 42 años que la rivalidad entre oriente y occidente quedó establecida, cuando Aguila irrumpió en el ámbito del fútbol nacional con el peso de su tremenda fortaleza, y comenzó a dividir la hegemonía del redondo salvadoreño. FAS ya tenía para entonces 13 años de vida caracterizada por el vicio de dar zarpazos, de pararse en el campo con la sobriedad del equipo macizo y envolvente que no admitía reparos.

Eran los tiempos de Eduardo “El Mono” Pineda, de Ricardo “El Chileno” Valencia, del “Pirringa” Rivas. Cuando aquel Lino Medina del recuerdo se vestía de frac y manejaba los hilos de un equipo azulgrana que sólo miraba hacia el arco rival porque era lo que estaba más metido en la esencia de su juego. Y abundaron los títulos, hasta que apareció Aguila con la disposición irreverente de escupirle la torta del festejo...

A partir de entonces nació este partido de dientes apretados, que fue bautizado como el clásico nacional porque es un enfrentamiento aparte, un choque distinto, con otra dimensión y otro sentido, y que tiene el ingrediente de pelearse más con el alma y el corazón que con los recursos técnicos y tácticos.

Desde las cuatro décadas de vigencia, ya llovió mucho. Protagonistas inolvidables como el Conejo Valdés, Alcides Piccioni, David Cabrera, Luis Baltazar Ramírez Zapata, Saúl Molina, Salvador Coreas y tantos otros que lo vivieron en carne propia, ya se pusieron viejos. Pero el clásico FAS-Aguila siempre está ahí, fresco y con la misma carga de emoción de toda la vida.

¿Por qué? Porque por sobre lo estadístico y anecdótico, la rivalidad entre San Miguel y Santa Ana se revela al paso de los años y sigue con la misma intensidad a través del tiempo. No importa si las camisetas naranja y azulgrana ahora tienen otro relleno, o si la posición en la tabla marque diferencias fundamentales. Lo que importa es que se rescata un duelo que a lo largo de 42 años ha sido único, y entonces hay que vivirlo con la misma pasión de ayer, ahora y siempre.

 

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