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Un encuentro sin balón
Hinchas de corazón y de hígado

La violencia entre barras bravas cobró una nueva víctima en el fútbol argentino y amenaza con no desaparecer nunca.


Rodrigo Baires Q.
Deportes
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com

Argentina. Tarde de domingo, tarde de fútbol, tarde de fiesta... Tarde de violencia. La muerte de un ‘hincha’ de Independiente, de la primera división del fútbol argentino, el domingo pasado revivió la realidad del deporte más importante en tierras albicelestes: La violencia es parte del fútbol.

“En Argentina todos los niños nacen con un balón entre sus pies”, relató el argentino Mariano Rodríguez, exjugador de Dragón. Las palabras del futbolista encierran una realidad al sur del río de La Plata: La gente vive el fútbol con toda la pasión y entrega de una madre.

Sin embargo, bajo el calor del sol y las pasiones exacerbadas los fanáticos del fútbol argentino han hecho de la violencia un elemento común fecha a fecha.

Desde de 14 de mayo de 1939, cuando se registraron las primeras muertes en el fútbol argentino, a la fecha las víctimas mortales suman 206, sólo 194 de ellas desde la aparición de las “barras bravas” en 1958.

Según relató el periodista argentino Vicente Panetta en un principio la violencia entre barras era un hecho aislado que nunca detuvo su marcha y ahora son parte del día a día en el fútbol argentino.

Aunque la violencia no dio tregua, el 2001 se destacó por no registrar muertos en partidos de fútbol pero el número de heridos y detenidos por encuentros bélicos entre simpatizantes de diferentes equipos siempre se mantuvo.

¿Era un cambio positivo? Muchos piensan que no y esto se confirmó el 27 de enero de este año, cuando un fanático murió apuñalado durante el clásico River - Boca. Tres semanas después la historia de muerte se repitió.

Impunidad


Según el periodista Amílcar Romero, el fenómeno de las muertes por la violencia en el fútbol aumentó desproporcionalmente desde octubre de 1958, cuando “los dirigentes argentinos decidieron industrializar el fútbol e institucionalizar profesionalmente a las barras bravas como parte del nuevo esquema”.

El nuevo organigrama dio sus frutos: un grupo permanente de ‘hichas’ apoyando a los equipos, pero al final éstos se salieron de cualquier tipo de control, incluso del control de la justicia argentina.

En la mayoría de los casos, los tribunales argentinos no ha podido dictar sentencias condenatorias para los casos de desórdenes antes, durante y después de los encuentros. El dato también es escalofriante: Sólo 33 personas han sido condenadas en los 16 casos que llegaron a su fin.

Los otros expedientes pasaron al olvido, terminaron en sobreseimientos o fracasaron al poco tiempo de abrirse su investigación.

De acuerdo a una investigación realizada por el rotativo argentino El Clarín, los jueces que investigan estos casos se encuentran atados de manos y se topan con una ‘barrera de silencio’ donde los testigos son generalmente compañeros de los fanáticos invlocurados o dirigentes que conocen a los sospechosos, pero que casi siempre prefieren callar.

Para ejemplo un botón, en la investigación por el homicidio de Ulises Fernández, un hincha de Huracán muerto en 1999, hubo 101 imputados e igual número de sobreseídos.

Mano dura


Para el secretario de Deportes y Turismo de Argentina, Daniel Scioli, este tipo de incidentes podrían prevenirse con una legislación más severa que castigue hechos de “odio deportivo”.

“Retándose prácticamente a duelo es necesario un cambio en la legislación vigente, es necesario que incorpore el delito de arma blanca, la incitación a la violencia, la portación de pirotecnia, y haga punible al homicidio en la figura nueva de ‘odio deportivo’”, dijo el funcionario en una entrevista radial.

De igual forma, se aboga porque la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), organizadora de los torneos de primera división y de ascenso, haga efectivas las sanciones de desafiliación y reste puntos a los equipos en los que sus seguidores provoquen disturbios y actos de violencia.

Para los clubes no parece haber fórmulas mágicas. Fernando Marín, titular de la empresa que gerencia a Racing, también abogó por una ‘ley más firme’ pero acotó que los equipos pueden “cooperar con la Policía dentro de los estadios” pero no pueden intervenir por lo que ocurre afuera.

Paradójicamente, la misma AFA sostiene que, pese a la crisis económica que vive el país, la violencia que se produce partido tras partido es la principal causa de las bajas recaudaciones.

 

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