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El
extraño mundo de un campeón
Lemnys
Arias acaba de ganar el título nacional del ajedrez superior.
Detrás de esa conquista hay un mundo de zozobras que el campeón
ha tenido que superar, y que vale la pena conocer.
Roberto Aguila
Ese muchacho
de lentes, amigable, jovial y tremendamente modesto que usted mira
todos los días sentado frente a un tablero en el recinto
de la Federación Salvadoreña de Ajedrez, habita en
un mundo de retos perennes que él encara con una decisión
de hierro. Hace poco, como una muestra de su fortaleza de espíritu,
rompió todos los pronósticos y ganó el campeonato
de ajedrez superior. Se llama Lemnys Antonio Arias, y forma parte
de la legión de deportistas inmigrantes.
El próximo 27 de febrero se van a cumplir 24 años
de que doña Egdolina Arias tuvo un parto de gemelos allá,
en la Comunidad El Pedregalito de Tegucigalpa, Honduras, y que fascinada
con los nombres de filósofos europeos los bautizó
como Lemnys y Rillthy.
Allá comenzó la primera etapa deportiva de Lemnys.
A diferencia de su hermano gemelo, a él le encantaban los
deportes. De manera que le robaba horas a la escuela para practicar
natación, judo y atletismo.
Siendo un niño muy apegado a los deportes del músculo,
¿cómo llegó a su vida el ajedrez? Cuenta que
un día vio una competencia de tenis de mesa, y le gustó
tanto que quiso incursionar en tal deporte. Entonces iba todas las
tardes a la federación de tenis de mesa y siempre la encontraba
cerrada. Por el contrario, la de ajedrez siempre estaba abierta.
Un día entré a ver jugar ajedrez, y desde ese
día ya no falté nunca más. Aprendí a
mover las piezas y luego fui adquiriendo alguna capacidad, tanto
que empecé a jugar partidas con los que más sabían.
¡Me daban unas tundas! Me molestaba que me ganaran porque
me hacían burla, pero eso me sirvió para decidirme
estudiar a fondo el juego, y empecé a ganar, recuerda
Lemnys.
Había llegado a jugar tan bien el ajedrez que en 1996, a
los 18 años, formó parte por primera vez del equipo
nacional de ajedrez de Honduras. En esta etapa es que comenzó
a codearse con los grandes maestros del istmo centroamericano.
La ilusión de emigrar
Un año después de que Lemnys pasara a integrar el
equipo de ajedrez hondureño, en 1997, se celebraron los VI
Juegos Deportivos Centroamericanos en San Pedro Sula, Honduras,
en donde el ajedrez participó como deporte de exhibición.
Allí fue donde Lemnys conoció y trabó amistad
con los ajedrecistas salvadoreños Boris Pineda y Marvin Guevara,
y por ellos supo de la organización y el apoyo estatal que
el ajedrez salvadoreño tenía.
Eso lo comprobó con sus propios ojos cuando vino a jugar
el Subzonal de ajedrez celebrado en San Salvador en 1998. Entonces
le nació la firme ilusión de quedarse, nacionalizarse
salvadoreño y jugar por El Salvador. Comparé
la enorme diferencia que había entre mi país y El
Salvador en cuanto a apoyo estatal y desarrollo, y pensé
que la única manera de subir la calidad de mi juego era quedándome.
Pero ... ¿cómo? Yo no tengo los recursos económicos
como para costearme cualquier gasto, dice Lemnys.
Sin embargo, ese año se quedó jugando para el Pan
Rosvil en el campeonato por equipos que se montó despuès
del subzonal. Esa vez Lemnys fue el mejor segundo tablero del torneo.
Pero más que un triunfo deportivo, lo más significativo
que conquistó Lemnys en ese momento fue el corazón
de los dirigentes del ajedrez salvadoreño y el de sus compañeros
de juego, por su simpatía natural y su enorme afan de superación
que mostró siempre.
Ingresa a su otro mundo
Cuando
Lemnys Arias regresó a su país de origen, el doctor
Pedro Osmin Barrera, presidente de la Federación Salvadoreña
de Ajedrez, junto con personeros del INDES, estaban dándole
vueltas a la posibilidad de tenderle la mano al muchacho hondureño.
El entrenador nacional de ajedrez, Héctor Leyva Paneque,
había dado su aval considerando que Lemnys Arias tenía
madera para llegar a ser un notable representante del ajedrez salvadoreño.
De modo que todo estaba en nacionalizarlo y conseguirle una beca
para que se dedicara al ajedrez por entero. Satisfechos todos los
trámites, Lemnys Arias ingresó al ajedrez salvadoreño
el mes de enero de 1999.
El INDES le asignó 180 dólares mensuales para sus
gastos y una cama en los dormitorios del albergue de San Pedro La
Gloria. A partir de entonces se metió en un mundo que a todos
nos parece extraño para un ajedrecista, porque está
lleno de prohibiciones.
Después de las nueve de la noche no puede ingresar a la villa
sin un permiso especial que sólo le otorgan cuando tiene
que jugar partidas de campeonato programadas en horarios nocturnos.
A las 10.00 p.m. debe recluirse en su dormitorio, apagar la luz
y dormirse.
Sin embargo, Lemnys se ha adaptado a este régimen sin una
voz de protesta. Al contrario, está feliz y agradecido por
el respaldo que se le brinda, porque según él le está
permitiendo cumplir sus metas trazadas. Me había propuesto
ser campeón nacional, y lo conseguí este año.
En otro año más quiero ser maestro internacional y
luego pelear por el título de gran maestro. Yo sé
que pùedo lograrlo, declaró Lemnys.
Una sombra en su mundo
Lo más notable en Lemnys Arias es que fue capaz de ganar
el campeonato nacional de ajedrez con una preocupación a
cuestas que sólo los de espíritu de hierro son capaces
de superar: le han dicho que es posible que el INDES, dentro del
recorte presupuestario que aplicará a varias federaciones,
le suspenda los 190 dólares mensuales que le había
asignado y él se quede en el aire.
Sobre su asignación nadie le ha comunicado nada oficialmente.
Pero ante la posibilidad de que se haga efectiva, Lemnys no tiene
claro todavía qué va a hacer. Refirió que como
primera opción buscaría una empresa que esté
dispuesta a patrocinarlo. Lo otro es buscarse un trabajo, que sigficaría
limitar su participación en el ajedrez. Y lo último
sería volverse a Honduras, a su casa de Tegucigalpa, y trazar
su destino junto a su mamá y sus hermanos.
Sinceramente estoy preocupado. No sé qué va
a pasar conmigo. Espero que una empresa acepte patrocinarme. No
pido mucho, sólo lo necesario para subsistir y seguir superándome
en el ajedrez. Actualmente tengo 2,262 de rating, pero compitiendo
internacionalmente puedo llegar a lo que anhelo: los 2,400 o más.
En mi meta siguen estando conseguir las maestrías. Si me
ayudan creo que puedo hacerlo, dijo el campeón.
Mientras tanto, su vida sigue frente al tablero, en las cuatro paredes
de su cuarto del albergue San Pedro La Gloria, o en el recinto de
la Federación Salvadoreña de ajedrez.
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