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Contra
la distancia
La
vida como atleta exije, a veces, salir del país para entrenos
o competencias. Ingrid pasó por eso en su carrera, y recordó
lo duro de esos momentos. Bibi estuvo interesadísima:
Ella vivió esta prueba en carne propia al estar lejos de
su familia por siete meses en Estados Unidos el año pasado.
Yo
siempre les hablaba todas las semanas a mis papás -comentó
la tenista-, pasaba hasta dos meses fuera, e incluso pasaba Navidad
y Año Nuevo lejos de mi familia. Sí, así
es, dijo Emilia, en tono pensativo. Le preguntamos si volvería
a irse tanto tiempo. Su cabeza giró de lado a lado: no le
agradó la idea. Volvimos a preguntar: pero si te gusta la
gimnasia, y eso pasa por entrenar fuera otra vez, ¿lo harías?
No sabría qué hacer, dijo.
Ingrid también comentó que hace poco leí
una carta que mi padre me mandó cuando yo tenía como
14 años y andaba viajando. Llega un momento en que uno se
desespera, y cuenta los días para regresar. Y esa imagen
trajo recuerdos a la mente de la pequeña gimnasta. Cuando
estaba en Estados Unidos, abrazaba a un oso para poder dormir, y
le ponía una foto de mi mamá para sentir que era ella,
recordó. Ingrid comprendió el tono de tristeza. Y
eso fue lo valioso de la plática: las experiencias compartidas
entre ambas, unidas a la convicción de que cada gota de sudor
vale la pena.
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