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La
niña detrás de los giros
Su vida como gimnasta no le deja mucho tiempo para disfrutar de
su niñez, pero Bibi se las arregla para encontrar
rendijas para las bromas y los juegos.
Carlos Vides
Cuando
no ejercita sus series en el Complejo Polideportivo, Emilia se desconecta
casi por completo del mundo de la gimnasia, y entra de lleno a la
aventura de disfrutar su infancia. Aunque no le queda mucho tiempo
para hacerlo.
Esta es su rutina normal: se levanta a las cinco de la mañana,
se alista y va al colegio (estudia segundo grado en el Externado
San José). Sale al mediodía y viaja al Gimnasio Polideportivo,
donde entrena -cuando hay competencia en agenda- de 2:30 p.m. a
8:00 p.m. Al salir del entreno, viaja con su madre, en bus, hasta
Mejicanos. Toma tres buses y camina varias cuadras para cumplir
la travesía, que le roba una hora y media de tiempo. Al llegar,
cena, se baña, y a eso de las nueve o diez de la noche comienza
a hacer sus tareas. Termina a eso de las doce o una de la madrugada.
Y cinco horas después, vuelve a empezar...
Espacio para la niña hay poco. Pero Emilia no se queja, y
según su madre, ha aprendido a separar sus esfuerzos deportivos
del resto. Ni a sus amigos, ni a sus vecinos, ni a otras personas
les comenta nada del deporte. Incluso, cuando los niños le
dicen Bibi, te vi en el periódico, ella reacciona
normal. Como que nada. Si le preguntan, sólo dice bien
, y cambia el tema, explica doña Beatriz.
Y esto lo pudimos comprobar al platicar con ella. Quisimos charlar
sobre sus medallas y sus logros, y ella reaccionó con poca
atención, más pendiente de un monito de juguete...
Entonces le preguntamos sobre sus gustos, esas pequeñas pinceladas
de su niñez.
Su otro rostro
Ahí encontramos a la verdadera Bibi. La niña
que menciona las matemáticas como su materia favorita, pero
que desea ser doctora como su mamá, para ir al hospital
igual que ella. La que tiene al rojo como color favorito,
pues siempre hago corazones rojos, aunque el color de mi signo
es azul. Soy sagitario.
La
menor de las Meléndez, admiradora de Shakira y de los libros
de cuentos para niños, la enamorada de El Principito,
la que identifica al cuento Aquí viene el ponchado
como su relato favorito. La que disfruta pasar viendo televisión
junto a su hermana, sobre todo películas y dibujos animados;
la que asegura que me gusta ver los Rugrats, Ángela
sobre todo, y que cuando nosotros mencionamos pero ella
es la mala, sonríe con picardía.
Esa Emilia, la que odia el pollo y los guineos con manchas, la nata
de la leche y la yema de huevo, la que disfruta una buena carne
asada con ejotes, la enamorada del Parchees. Encontramos
a la niña, con sus gustos propios, con su personalidad incipiente,
sus ojos de futuro.
La pequeña gimnasta que, mientras entrenó en Estados
Unidos, sólo pudo concicilar el sueño -y aplacar su
llanto- abrazando a un oso de peluche, mientras enjugaba lágrimas
de lejanía por su mamá y su hermana. La misma que
al regresar a El Salvador, dijo a su madre: Quiero ir al lugar
donde la tierra se junta con el cielo... Emilia, Bibi,
la menor de las Meléndez. La niña detrás de
los giros.
La ficha
Nombre: Emilia Beatriz Meléndez Álvarez
Edad: 9 años
Data: San Salvador, 5 de diciembre de 1992
Peso: 55 libras
Estatura: 1.30 metros
Estudia: Segundo grado en el Externado San José. Actualmente
está en un programa especial, pues interrumpió sus
estudios por varios meses para entrenar en Estados Unidos.
Su aparato favorito: Barras asimétricas.
El que menos le gusta: Salto de potro
Sus últimos logros: Primer lugar todo evento
en la Copa Flor de Izote 2001, plata en viga de equilibrio
y bronce por equipos en los VII Juegos Deportivos Centroamericanos
del 2001.
Sus mejores amigas: Las gimnastas Michelle Vidal, Celina Vanegas
y Lucía Cladellas.
Su entrenador: Enrique Trabanino
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