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Un día en la vida

Moisés Alexander Argueta pitó el sábado anterior un Alianza-FAS, el segundo ‘clásico’ de su corta carrera.

Daniel Herrera

Al que madruga, Dios le ayuda. Para un árbitro, no obstante, el madrugón tiene un dejo masoquista. Si hace bien su trabajo, nadie lo recordará mañana; si comete un error, regresará a casa con los improperios todavía taladrándole el oído.

Moisés, al igual que cualquier otro árbitro salvadoreño, no se preocupa. Son gajes del oficio. Sólo se santigua y sale de su casa, en Jiquilisco, confiando en que no habrá materia para la anécdota. Al fin y al cabo sólo le toca pitar un Alianza-FAS...

Comienza la odisea

Este oriundo de Jiquilisco, con 25 años sobre la espalda, es uno de los silbantes salvadoreños de mejor trayectoria. “No me considero uno de los mejores; para mí, Neftalí Recinos Alvarenga seguirá siendo el mejor”, reniega, mientras empaca el equipo necesariopara partir a San Salvador.

Son las 5:30 a.m. del domingo. Afuera, algunos parroquianos salen a comprar el pan, mientras él arregla su maletín con parsimonía, desde la escarapela hasta la toalla para ducharse después del partido. “Yo mismo me prohíbo que otra persona me arregle la maleta. Uno está como una grabadora repitiendo las cosas para que no se olviden”, asegura. Su compañera de vida resigna el fin de semana compartido, le prepara un frugal desayuno y lo despide como si fuese a la oficina, y no al ojo del huracán de la primera fecha del torneo. En realidad, va a la oficina, en este caso el Estadio “Cuscatlán”.

“Es mi segundo clásico. El primero fue FAS-Águila, el torneo pasado en Santa Ana. Mi mayor logro ha sido pitar en semifinales”, narra en el camino a la terminal de buses de Usulután. Viéndolo así de civil, no parece el mismo hombre que impondrá justicia entre dos ejércitos enemigos. “Según mis cuentas, si Águila hubiera llegado a la final, yo hubiera arbitrado ese partido”, aventura antes de saludar a su Fidel Antonio Páiz, que le auxiliará como administrativo.

Cuando llegamos a San Salvador, esperamos a los otros compañeros y discutimos para evaluar cómo se va a manejar el encuentro”, confiesa mientras paga los ¢15 colones del pasaje. Son las 9:00 a.m., y le esperan tres horas de viaje a San Salvador.

Una dormidita

El trayecto se partió en dos. En la primera hora y media, Moisés recreó sus inicios en el arbitraje, allá por 1994, cuando se incorporó a las ligas Infantiles juveniles. Tres años más tarde, la Liga de Ascenso lo hizo debutar en un Santiagueño-UDET, pero sus intenciones eran llegar a la Primera División. “En ese entonces, la FIFA dijo que había que especializarse entre asistente (que es como llaman al tradicional ‘línea’ desde que está habilitado para sancionar), o principal. Yo escogí ser central”, afirma.

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Mientras llama a una vendedora para saciar la sed, interrumpe la conversación. Toma un poco de agua, y habla sin tapujos de sus recuerdos más duros. “El partido donde tuve mayores problemas fue una vez que ADET le ganó 1-0 a FAS. Los aficionados santanecos no nos dejaban salir”. También reconoce los desaciertos que tuvo en un Santa Clara-ADET.

“Uno se autoevalúa y sabe cuándo falló”, dice. A un lado de la ventanilla aparece el Puente de Oro. Ahí comenzó la otra parte del camino, en la que se echó una pequeña siesta.

Planificación

Su obligación es llegar al estadio dos horas antes del partido. A eso de la 1:00 p.m., Moisés, Páiz, el santaneco Raúl Cardona y el migueleño Douglas Bermúdez, se reúnen en el “Míster Donut” colindante con el “Cuscatlán” para planificar el encuentro. “Esas dos horas sirven para evaluar cosas administrativas que puedan escaparse”, expresó.

¿El cansancio repercute en la condición física durante el partido?. “No tanto. Uno se acostumbra”. Y así lo hizo ver en el juego entre tigrillos y elefantes. Su trabajo estuvo acetable y no influyó en el resultado. Después del encuentro, se dispuso a empacar de nuevo su equipaje y partir otra vez a Usulután, tras de doce horas de trabajo de las que sólo una y media son visibles.

La ficha

Nombre: Moisés Alexander Argueta
Data: Jiquilisco, Usulután, febrero 18 de 1976
Edad: 25 años
Profesión: Profesor en educación media en Ciencias Comerciales
Estado civil: Soltero
Asociación: Colegio de Árbitros, filial Usulután
Inicio en el arbitraje: Agosto de 1994
Títulos arbitrales: Clase oficial el 3 de octubre de 1996, y clase nacional

 

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