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Un
atleta sin gloria
Su
condición física es muchas veces mejor que la de un
futbolista. El árbitro, masoquista por perfección,
recibe como premio a su buena actuación pasar desapercibido
ante todos.
Daniel
Herrera
El Diario deHoy
A
las 5 de la mañana, cuando el sol no ha asomado y el gallo
a penas da sus primeros cantos, un puñado de atletas se dispone
a comenzar el día con una tanda de ejercicios en la cancha
número uno de la Federación de Fútbol. No es
un equipo de fútbol, sino aquellos que culturalmente se les
ha catalogado como los malos de la película: los árbitros.
Una treintena, entre asistentes y centrales, trota alerededor del
rectángulo y son evaluados por el árbitro retirado,
y ahora instructor, Tomás Herrera García. Aquí
está la élite. Todos son de la Primera División,
señala al percatarse de nuestra presencia a tempranas horas.
Desde los más experimentados hasta los que se han visto con
un buen repunte, todos deben cumplir con las exigencias físicas,
de lo contrario no serán nombrados por lo menos durante dos
meses.
Un disfraz
Para muchas personas, el árbitro es aquel que toma un traje
negro con birretes rojos, amarillos o verdes y se disfraza para
ir a sancionar un partido el domingo por la tarde. Ellos tienen
una evaluación cada dos meses. Si no la cumplen, están
suspendidos por dos meses hasta la próxima prueba,
comentó Herrera García.
El principante debe someterse a un curso que dura alrededor de
seis meses, por lo general. Luego, si ha aprobado, se dispone a
la práctica en las categorías juveniles. Los instructores
evalúan cotidianamente su trabajo y son los encargados de
promeverlo a la división inmediata superior. A mí
me llevó cinco años pitar mi primer juego en la Liga
Mayor, comentó Moisés Alexander Argueta, quien
se inició en 1994 y el 29 de agosto de 1999 arbitró
en el Circuito Mayor.
Al estar más de cerca de la organización arbitral
de nuestro país se llega a dar cuenta de muchos factores
que van desde el desconocimiento de las 17 reglas de sectores como
el periodismo hasta el poco interés que muestran los federativos
y directivos de los equipos en profesionalizar también a
los hombres del silbato.
Un intercambio de palabras con cinco de los árbitros más
experimentados y escarapela FIFA nos llevó a conocer parte
de la realidad del arbitraje nacional, las limitantes en su trabajos
y lo poco remunerado que es. Si nosotros estamos porque nos
gusta... nos gusta que nos puteen. Pero el arbitraje
nos ha dado cosas que no pudiéramos haber conseguido ni en
sueños, afirmó Raúl Ernesto Cardona,
asistente internacional que estuvo en el Mundial sub-20 en Qatar.
Da risa
Aunque
los jueces lo ven con cierta comicidad, la remuneración y
el trato que se les da es para preocuparse. Las intenciones de muchos
es profesionalizar el balompié salvadoreño y sacarlo
adelante, independientemente que en la realidad se esté a
mil años luz. El arbitraje, por ser parte directa en el deporte,
debería ser tomado en cuenta con seriedad.
A nosotros nos ven como un mal necesario. Si por ellos fuera
(dirigentes), se jugaría sin árbitros. Da risa cuando
piden que sean internacionales con lo que aquí pagan,
aseguró Neftalí Recinos Alvarenga, uno de los más
experimentados, con ocho años de estar en la Liga Mayor.
Son ¢2 mil 800 colones los que recibe la cuarteta por un partido
en Primera División. En la Liga de Ascenso son ¢600
colones y en la B son ¢300 colones. Si a veces piensan
que ganamos un platal (mucho dinero). Cuando nos asignan en Ascenso
o la B, ya vamos con la mentalidad de que no vamos a comer bien,
sin agua y sin transporte. Desde hace diez años no recibimos
un aumento, dijo Ramón Migdonio Argueta, quien en la
final recibió ¢1,500 colones, cuando cayó millón
y medio de taquilla.
La situación es tal que todos los implementos necesarios
corren por cuenta personal y los uniformes que año con año
manda la FIFA se pierden. Supuestamente llegan, pero si uno
no está listo ya no lo encuentra. Se pierden en la Federación,
comentó Mauricio Del Cid, asistente internacional.
En conclusión, la preparación física a la
que se someten los árbitros es de reconocerla, el aporte
económico al que se someten ante el poco apoyo dirigencial
y las tardes de insultadas que les espera cada fin de semana son
sólo una muestra de situaciones de su trabajo. Una profesión
en la que nunca gana, pero que igual le exige. Un atleta muchas
veces incomprendido, pero que en un momento llegan a encontrarle
el gusto a las puteadas.
Los requerimientos f’sicos
Adem‡s de entrenarse de martes a viernes, de 5:30 a.m. a 7:00
a.m., los ‡rbitros nacionales se someten cada dos meses a una evaluaci—n
f’sica.
El examen, denominado como Ňel test de CooperÓ, exige:
1. Dos pruebas de 50 metros: Cada una debe realizarse en
un tiempo m‡ximo de 7.5 segundos
2. Dos puebas de 200 metros: Deben ejecutarse en un tiempo
no mayor a treinta y dos segundos cada una.
3. La prueba de resistencia: Correr 2,700 metros (equivalente
a siete vueltas a la pista del Estadio ŇFlor BlancaÓ) en un tiempo
m‡ximo de doce minutos.
El
‡rbitro que no reśna estas condiciones no es asignado a dirigir
partidos durante dos meses, hasta que se lleve a cabo otra evaluaci—n.
Las armas
El equipo m’nimo necesario para arbitrar en Liga Mayor alcanza
los ˘1,245 colones.
No hay patrocinios ni instituci—n que asuma los costos:
1. Uniforme (camisa, pantaloneta y medias): ˘300 colones
por dos uniformes.
2. Zapatos: ˘450 colones.
3. Silbato: ˘80 colones.
4. Tarjetas: ˘50 colones el par.
5. Libreta de apuntes: La regala el Colegio de çrbitros.
6. Cron—metro: ˘350 colones.
7. Moneda: FIFA las regala a los ‡rbitros internacionales.
8. Bol’grafo: ˘15 colones.
9. Escarapela: La regala el Colegio de çrbitros.
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