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La
caída de un grande
Atlético Marte está al borde del descenso. Detrás
de ese hecho lamentable queda la historia de un equipo glorioso
que se ciñó ocho títulos en 52 años
de gran protagonismo.
Roberto Aguila
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
La
gente que peina canas recordará a aquel Atlético Marte
de los años 50, 60 y 70, que paseaba su jerarquía
dentro y fuera del país sumando triunfos y más triunfos
con aquella pujanza forjada por la costumbre de ganar.
Eran los buenos tiempos del incondicional apoyo militar, donde el
respaldo económico se juntaba estrechamente con el esfuerzo
futbolístico y todo concluía en la victoria de hoy,
en la de mañana y en la de toda la vida, y los triunfos alcanzaban
para llenar todos los recobecos del orgullo castrense.
Lamentablemente, como siempre ocurre en nuestro fútbol y
con nuestros dirigentes, los militares marcianos de turno se conformaban
con el halago cotidiano, con la miel del día, con el festejo
de siempre, con saber que el Atlético Marte seguía
siendo el patrón del fútbol, y nunca se ocuparon en
forjarle al equipo un futuro cierto a través de proveerle
una sede social y una estructura de club.
Y como siempre ocurre cuando el respaldo económico termina,
se fueron los militares y el equipo marciano entró en la
época de las vacas flacas, tambaleando junto a una directiva
civil a quien no le quedaba nada más que los pergaminos del
pasado como testimonio de una grandeza muchas veces olvidada. Tristeza
total, porque en el inventario institucional no existía ni
siquiera un taburete en qué sentarse a llorar la desgracia.
Cinco años después, colgado de ilusiones mal dibujadas
por hombres que soñaban despiertos, Atlético Marte
se montó en el tobogán del precipicio hasta hundirse
como nunca, y ahora está a un empate o una derrota para bajar
a la segunda división.
¿Quiénes son los culpables de esta situación?
Diríamos que todos, los que se conformaron con el triunfo
del domingo o con la vuelta olímpica de mañana y no
le crearon un espacio hacia el futuro, y los que después
se echaron la responsabilidad a la espalda sin contar con los recursos
para sobrevivir.
Los años de gloria
Atlético Marte nació a la vida el 22 de abril de 1950,
cuando el Alacranes, que era manejado por algunos militares, le
cedió la categoría. Su llegada a la primera división
coincidió con la desaparición del Libertad, F.C.,
y ese detalle lo favoreció en razón de contar con
un plantel de respeto, porque todos los jugadores del ex-campeón
Libertad pasaron a sus filas.
Allí estaban el arquero Ovidio López, los defensas
Antonio El Chino Montes, Isaías Choto, Alvaro
Alarcón y el Roberto Venado Barrios, los mediocampistas
Luis Regalado y Conrado Miranda, y los delanteros Carlos La
Rata Gálvez, Armando El Potro Ruano, Obdulio
Vásquez y Mario Aguila. Sus colores eran: camisola crema
y calzoneta ocre. Fue hasta en 1959 que se cambió al azul
y blanco actual.
En la temporada de 1955-56, reforzado con jugadores de la talla
de Gustavo Lucha, Manuel Garay, Armando Rivas, Miguel El Pibe
Vásquez, René Pelón García
y Abraham El Carabina Jiménez, Atlético
Marte conquistó su primer campeonato. Y siguió siendo
campeón en los torneos de 1956-57 y 1957-58. O sea, tres
años consecutivos de vigencia.
Después de diez años de sequía en cuanto a
títulos, pero siempre con la etiqueta de gran protagonista,
el bombardero marciano regresó a la cúspide ganando
sucesivamente los campeonatos de 1969-70 y 1970-71. Fueron los títulos
cuarto y quinto de su historia.
De 1972 a 1979 el cuadro marciano siguió peleando los título
con el mebrete de equipo grande, pero fue hasta en la temporada
de 1980-81 que se alzó con el título número
seis. Volvió a ser campeón en la temporada 1982-83,
y en 1985-86 cerró su ciclo de mandar en el fútbol
salvadoreño atrapando su octavo título de campeón
nacional.
Sin embargo, su calidad de grande la mantuvo mucho más allá,
porque en 1992 se coronó campeón de la Copa CONCACAF,
certamen realizado en Guatemala y con la presencia de equipos fuertes
como Universidad de Guadalajara, México; Comunicaciones,
de Guatemala; Saprissa, de Costa Rica; y Real Estelí, de
Nicaragua.
Sus últimas grandes performances fueron en 1995 y 1999, cuando
disputó las semifinales de esos años frente a Aguila.
No consiguió llegar a la final, pero mantuvo su huella de
equipo grande. El plantel plantel de 1995 era manejado por Reno
Renucci y en él figuraban los extranjeros Rodinei Martins,
el ostrero Alberi Dos Santos y Agustin Alberto La
Chochera Castillo. El de 1999 tenía como jugadores
destacados a Emiliano Pedrozo, Ernesto Góchez, Cristian López.
Chepe Martínez, Mario Pablo Quintanilla y Guillermo Morán.
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