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Las
selecciones Sub-17
Desde
siempre las selecciones Sub-17 han dejado escasa huella. Ahora,
tras un nuevo plan de trabajo y otro método de selección,
se pretende conseguir mayor protagonismo
Roberto Aguila
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
En
principio, en nuestro fútbol hay un hecho indiscutible y
definitivo: ninguna entidad, llámese equipo, club o subfederación,
se preocupa en forma decidida y adecuada por sentar las bases del
futuro futbolístico.
Por consiguiente, al no existir un trabajo serio enfocado hacia
los niños que permita definir el perfil de juego deseado
y la adquisición de una disciplina táctica ideal,
se hace difícil integrar una selección de menores
que sea capaz de competir internacionalmente con la dignidad deseada.
Contrario a lo que ocurre en los países desarrollados futbolísticamente,
donde los clubes trabajan incesantemente con sus divisiones inferiores
y en consecuencia es fáctil seleccionar un plantel, aqui
hay que buscar a los jugadores bajo las piedras, reunirlos, enseñarles
los fundamentos del fútbol en edades que ya están
desfasadas para el aprendizaje, y al mismo tiempo tratar de inculcarles
un patrón de juego que más o menos se adapte a sus
características.
Esta ha sido nuestra filosofía a través de los años.
Por lo tanto, como suele pasar con las improvisaciones, todos los
esfuerzos han concluido en fracasos.
Los ejemplos abundan
A medida que los campeonatos mundiales de menores fueron tomando
mayor relevancia, la preocupación por competir con otra jerarquía
cundió en el ánimo de los países participantes.
En este sentido, no se puede negar que en El Salvador hubo un mayor
esfuerzo de parte de los dirigentes por encontrar el equipo ideal
que nos representara dignamente, aunque el camino para conseguirlo
fuera siempre el menos indicado.
Tal es el caso de la Selección Sub-17 que manejó
Roger Barberena en 1999, cuando nuestro país fue el anfitrión
de la fase eliminatoria y el equipo nacional tuvo un respaldo económico
muy aceptable mediante patrocinadores decididos a llevarnos al mundial
de la categoría.
Comparando a ese equipo con los que nos representaron en 1994,
como locales en San Salvador, y 1996 en Trinidad y Tobago, acaso
haya sido el de mejor trabajo en cuanto a fogueo internacional y
en período de preparación, y el que más lejos
llegó en sus aspiraciones de asistir al mundial.
Era un equipo muy dotado técnicamente y con una línea
de juego definida que adquirió a través de su participación
en varias copas internacionales. Al final, cuando se perdió
contra México y Estados Unidos y quedó fuera del mundial,
dejó la impresión de que su nivel máximo lo
había gastado en certámenes sin trascendencia, y que
a la hora de jugar por la verdad ya no tenía mucho con qué
responder.
El otro caso digno de comentar es el de la selección Sub-17
del 2001, aquel equipo que escogió y entrenó Armando
Contreras Palma, y que fue a Guatemala para ganar la primera fase
con ideas de fútbol muy definidas.
Enclavado en el grupo número 1, con Estados Unidos, Canadá
y Jamaica, viajó a San Luis, Missouri, para arañar
alguna posibilidad. Le ganó a Canada y Jamaica, pero perdió
con el anfitrión Estados Unidos, y le dijo adiós al
sueño.
Pero, con todo, estos dos equipos dejaron en claro que el talento
existe en el jugador salvadoreño, y que lo que falta es un
trabajo más dirigido a la simiente.
La idea de Contreras
Después
de su trabajo mostrado en San Luis, Missouri, el entrenador Armando
Contreras Palma fue reconfirmado en su función al frente
de las selecciones menores (actualmente es el coordinador de selecciones).
Al retomar su cargo, Contreras echó a andar un plan ambicioso
para para conformar el nuevo equipo Sub-17 que peleará por
estar en el mundial del 2003.
El plan de Contreras consistió en visitar las cabeceras
departamentales en busca de talentos no mayores de 15 años,
evaluarlos, escoger a los mejores cincuenta para conformar una preselección,
y luego depurarla paulatinamente hasta llegar a los 25 jugadores
más idóneos para su idea táctica.
Según Contreras Palma, este método no es el ideal,
pero considera que es el que más se acerca a conseguir el
perfil de juego que se necesita para una competencia de alto nivel.
Por otra parte, afirma que en la escogitación de los muchachos
privó la intención de mejorar la fuerza física
seleccionando a los más altos, de tal manera que ahora se
cuenta con un equipo cuyos promedios de altura y peso son de 1.74
metros y 140 libras, respectivamente.
Este equipo tiene seis meses de trabajo, y hace poco viajó
a la Copa Dallas en donde fue eliminado en cuartos de final por
el equipo Chivas, de Guadalajara, México, un cuadro cuyos
integrantes son trabajados desde los ocho años de edad. También
se fogueó ante su similar de Canada, dividiendo la serie
a un triunfo cada una.
En resumen, el plan de Armando Contreras Palma va por buen camino.
Esta apreciación la dejó en evidencia frente a Canadá,
con 3x1 convincente.
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