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Con
los pies en la tierra
Juan
Pablo Hernández, conocido como el fantasma del Jiboa,
en alusión a la mascota del equipo (un fantasma), goza con
el fútbol pero sabe que esa no es una profesión que
le asegure su vida futura.
Con mucha sinceridad habla de los beneficios económicos que
le acarrea ser un guarda metas, además de gozar los viajes
y un poco de buena vida.
Se hace la vida más fácil, comenta.
Sostiene, sin embargo, que ante todo están los intereses
académicos.
Recuerda su primaria y tercer ciclo en el Colegio Don Bosco y su
bachillerato en el Instituto Técnico Ricaldone. Ambas instituciones
manejadas por salesianos.
Luego habla de su título como técnico eléctrico,
obtenido del Instituto Técnico Centroamericano (ITCA) en
el año 2000.
Me apasiona el fútbol, pero primero están los
estudios. Obtengo dinero y disfruto, pero sé que eso no es
todo, agrega.
Personalmente quiere un buen futuro, no solo para él sino
para la familia que espera formalizar en algún momento.
Por ahora dice aprovechar las oportunidades que se presentan, aunque
con algunas reservas.
Su conciencia
Joven y con una parte del mundo a sus pies, dice tener una vida
fácil. Es aquí donde valora los consejos de
su casi hermano el Tigana Meléndez, que juega
como volante del Alianza.
Él me aconseja mucho. Me dice como actuar dentro y
fuera de la cancha.
Dentro de la cancha, las sugerencias del Tigana están orientadas
a un buen trato de los compañeros del equipo, buena comunicación,
concentración y poner todo de sí para el mejor desempeño.
Fuera de la cancha me dice que hay muchos errores y tentaciones,
que evite los problemas, que sea humilde, que tome todas las cosas
como normales, que no cambie mi personalidad.
De acuerdo con Juan Pablo, Tigana le sugiere obviar
todo lo que pueda ocasionarle algún problema.
El joven portero dice saber lo que quiere, a su familia, a su novia,
una carrera profesional y más adelante casarse
y tener hijos.
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