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Dolor
entre centroamericanos por asesinatos de francotirador
Las
familias de Sara Ramos, una inmigrante salvadoreña, y de
Lori Lewis Rivera, cuyo esposo es hondureño, se preparan
para enterrar a dos de las víctimas de un francotirador sospechoso
de matar a seis personas en Washington durante los últimos
días.
el salvador.com
nacional@elsalvador.com
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Foto de archivo de Sara
Ramos, quien fue asesinada el jueves anterior en Washington,
por un francotirador.
Foto digital EDH
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Aunque todavía la policía no ha logrado identificar
o capturar al sospechoso o sospechosos de estos asesinatos en serie
que han infundido el pánico en Maryland y la zona metropolitana
de Washington, los familiares de las primeras víctimas ya
están de luto y se preparan para enterrar a sus seres queridos.
Sara Ramos, de 34 años, oriunda de Morazán (El Salvador),
vino a Estados Unidos hace año y medio con la intención
de construir un futuro mejor.
Sin embargo, el jueves pasado murió mientras esperaba el
autobús para ir a su trabajo, una de las cinco primeras víctimas
del francotirador, en el Condado de Montgomery (Maryland).
A estas primeras víctimas se suma una más en la ciudad
de Washington, y dos heridos que incluyen una mujer de la zona aledaña
de Virginia, y un niño de 13 años que fue herido hoy
en Bowie, Maryland.
La policía de Montgomery ha informando de que los asesinatos
y los casos de las dos personas heridas están ligados en
base al tipo de munición utilizada para matar a las víctimas
y el método de cometer los homicidios.
Ramos, quien trabajaba limpiando casas y ayudaba con sus remesas
a su familia en El Salvador, dejó un viudo y un hijo de siete
años.
Sus padres, José Ramos y Carmen Benítez, llegaron
este fin de semana a Washington con el propósito de repatriar
el cuerpo de su hija, quien será recordada en una vigilia
antes que dar sepultura a sus restos mortales.
La familia aún no decide si repatriar el cuerpo a El Salvador
o sepultarlo en Silver Spring, donde vivía.
Esposo hondureño
Por su parte, Nelson Rivera, un inmigrante hondureño, todavía
no puede creer la muerte de su esposa Lori Lewis, a quien conoció
en una iglesia de Washington cuando estaba recién llegado
a EEUU y apenas hablaba inglés.
Rivera perdió a su esposa de 25 años y madre de su
hija de dos años, cuando el jueves por la mañana Lori
limpiaba su auto en una gasolinera en la ciudad de Kensigton, Maryland,
a pocas millas de la capital.
Lori trabajaba como niñera y fue la quinta víctima
del asesino en serie, cuyo paradero todavía se desconoce.
"Estos tiroteos tienen muy ansiosa y preocupada a la comunidad
latina en particular", dijo el oficial de la policía
del Condado de Montgomery (Maryland), Luis Hurtado, quien ha estado
en comunicación con los familiares de las víctimas.
Según Hurtado, estos tiroteos, cometidos desde una camioneta
y cuyas víctimas parecen ser al azar, tienen a muchas personas
espantadas porque les recuerda vivencias de la guerra en sus países
de origen.
Hurtado, quien desde que ocurrieron los hechos ha trabajado incansablemente,
expresó que a pesar de la tragedia, la comunidad se ha unido
en torno a las familias de las víctimas y varias iglesias
han recolectado dinero para ayudarles a salir adelante.
Además de Ramos y Rivera, también murió el
taxista hindú Prem Kumar Walekar y el haitiano Pascal Charlot.
Las otras dos víctimas son James Buchanan de 39 años,
asesinado mientras cortaba la grama, y James D. Martin, quien murió
mientras salía a comprar alimentos para un programa de ayuda
social, donde trabajaba como voluntario.
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