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Duro
destino de emigrante
Una
salvadoreña tenía que estar en la mira del o los presuntos
asesinos en serie que enlutaron Maryland y Washington D.C.
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
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El altar familiar de los
Ramos en Joateca, Morazán, está dedicado ahora
a la memoria de Sara (1968-2002). Foto
EDH
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La dura realidad detrás de las muerte de Sara Ramos es la
misma que la de cientos de miles de salvadoreños que han
emigrado hacia los Estados Unidos.
La desesperación de no encontrar reales y buenas oportunidades
de empleo o, simplemente, por razones culturales, los obliga a viajar
hacia las nieves del Norte.
Sus familiares en Joateca explican que la decisión no fue
fácil, pero fue necesaria, tanto para sobrevivir en su núcleo
familiar como para ayudar a sus mayores.
Sara después que nació su hijo (Carlos, de 7 años),
explica su hermano, Óscar Arturo Ramos, trabajó en
la dirección General de Tránsito cerca de 2 años,
pero después hubo recorte de personal y ella decidió
solicitar visa juntamente con su esposo en la Embajada Americana
y la lograron en 1998.
Así, dice Ramos, ambos decidieron viajar a Estados Unidos
llevando y trayendo encomiendas desde Washington D.C. y Maryland
hasta Joateca y San Salvador. Mientras tanto, su esposo viajó
con ella y se quedó trabajando en Estados Unidos y el niño
se quedó al cuidado de la madre de Sara en Joateca.
Fue hasta el 2000, que mi hermana le solicitó visa
al niño y ella decidió irse de una vez llevándose
a su hijo de 5 años en ese entonces. Desde esa fecha ya no
la volvimos a ver, solamente en fotografías, agrega
su hermano.
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