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Sara
era todo para nosotros
La
tarde lluviosa del sábado en Joateca, Morazán, fue
el marco exacto para retratar la tristeza que rodea a la familia
de Sara Ramos
Rosa Fuentes
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
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Lucía del Carmen
Ramos, derecha, acompañada de dos de sus hijos relató
el golpe que fue recibir la noticia de la muerte de su hermana,
a manos de un posible asesino en serie. Las autoridades investigan
aún en Estados Unidos.
Foto EDH / Rosa Fuentes
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Joateca, Morazán. La familia de Sara Ramos, la salvadoreña
asesinada por un francotirador la semana pasada en Estados Unidos,
jamás esperaron recibir una mala noticia.
Todo marchaba bien, si el sábado mi hermana había
llamado por teléfono a la casa, preguntando por todos nosotros
y nos contó que estaría en un retiro espiritual en
la ciudad de Washington, manifestó la hermana de la
víctima, Lucía del Carmen Ramos. Sara nació
en Joateca, Morazán.
Lucía relata cómo se dio todo el día que recibieron
la llamada en la que les comunicaban la tragedia: Mis papás
recibieron una llamada el miércoles como a eso de las 10:15
de la mañana, mientras mi padre se bañaba... era mi
hermano el que reside en Los Ángeles, California, que entre
voz entrecortada le decía a mi madre lo que había
ocurrido minutos antes en las afueras de la ciudad de Washington.
Lucía del Carmen recuerda como su hermana, Sarah Ramos, murió
a manos de un sujeto que disparó contra ella, mientras ésta
esperaba un autobús para ir a su trabajo.
Asegura que su madre, al recibir la noticia, soltó en llanto
y ya no pudo hablar con su hijo, quien también estaba destrozado.
Otros familiares que residen en Estados Unidos en diferentes Estados
también llamaron a la familia en el Salvador.
Llamadas
Al teléfono cayeron ese día alrededor de unas
75 llamadas de amigos y familiares que, por medio de las noticias,
se habían dado cuenta de que mi hermanita había sido
asesinada, dijo entre lágrimas la hermana de la víctima.
Los familiares de Sara explican que si ella hubiera encontrado un
buen trabajo en El Salvador, no hubiera emigrado.
Ella quería ayudarnos a todos. Vivimos de las remesas
que ellos nos mandan, porque con ella era seis los que residen en
Estados Unidos, pero los otros cinco ya son ciudadanos, manifestó
Lucía del Carmen.
Óscar Arturo Ramos, otro hermano de la víctima agregó
que Sara salió del país para ayudarnos económicamente,
ya que vivimos en Joateca y nos dedicamos a la agricultura y a mis
papás que ya son ancianos y no pueden trabajar.
Además, dijo, Sara ayudó a reconstruir la casa familiar
en Joateca, pues quedó deteriorada con la guerra.
Padres repatriarán el cadáver
Los padres de Sara Ramos viajaron el sábado hacia Estados
Unidos para repatriar el cuerpo de su hija.
- José Ramos y Carmen Benítez, padres de 10 hijos,
se lamentaron que después de gozar a sus hijos,
ahora sólo se queden con nueve.
- Sara, de 34 años, dejó en la orfandad a su pequeño
hijo.
- Junto a su esposo e hijo había emigrado a las nieves del
norte desde hacía año y medio.
- Se había establecido en el condado de Silver Spring, Maryland,
y como muchos salvadoreños en ese estado se dedicaba a limpiar
viviendas.
- Precisamente el jueves, a las 8:37 de la mañana, Sara esperaba
en una parada de autobuses de Silver Springs a una posible empleadora,
cuando recibió el certero impacto, calibre 223, que le cegó
la vida.
u Cinco víctimas más murieron abatidas en una cadena
de asesinatos, al parecer, al azar.
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