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Padres de víctima viajan para repatriar cadáver

Los padres de Sara Ramos, la salvadoreña que fue asesinada por un francotirador en Washington, viajaron ayer para repatriar los restos de su hija.

Claudia Rivera
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com

Don José Cristóbal Ramos y doña Carmen Benítez hacen cola en la sala de registros del Aeropuerto Internacional El Salvador. Ambos viajaron ayer rumbo a Washington para intentar repatriar el cadáver de su hija, Sara Ramos, quien fue asesinada el jueves en esa ciudad.
Foto EDH / Jorge Reyes

Cruzaron el umbral de migración con un pesar en el alma: en unas cuantas horas, tras un largo vuelo, se reunirían con los restos mortales de su hija, Sara, quien el pasado jueves fue asesinada en Washington por un psicópata del que todavía nadie da cuenta.

Don José Cristóbal Ramos y doña Carmen Benítez, quienes procrearon a 10 hijos, llegaron al mediodía al Aeropuerto Internacional El Salvador, tras un largo camino desde su natal Joateca, Morazán.

Los estragos de la madrugada y el dolor de saber a su hija muerta eran perceptibles en sus rostros.
“Después de gozar a nuestros 10 hijos, es duro entender que ahora sólo me quedan nueve”, dijo doña Carmen a EL DIARIO DE HOY. Ahora, solo abraza el recuerdo de la última vez que estuvo junto a Sara, en mayo pasado.
“Celebramos el Día de la Madre allá, en los Estados Unidos. Quién iba a pensar que esa iba a ser nuestra última vez”, comenta la anciana madre, quien no se resigna a la pérdida de una de sus hijas.

Sara tenía apenas año y medio de haber emigrado a los Estados Unidos junto a su esposo y su hijo, Carlos Enrique, de siete años. Se estableció en Silver Spring, Maryland, pues dos de sus hermanos viven ahí desde mediados de los 80.

“Sarita era la última de nuestras hijas en irse a Estados Unidos. Se fue para buscar un mejor futuro para su familia y estaba contenta, porque iba prosperando. Mire la joya que nos arrebataron”, comenta desconsolado don José Cristóbal.

Sara Ramos (derecha) juega con la nieve junto a su familia. Ella tenía año y medio de residir en Washington. Foto EDH

“Su patrona dio aviso”

Sara fue asesinada a las 8:37 de la mañana del jueves. Murió por causa del disparo de un francotirador experto que la seleccionó como víctima sin motivo aparente.

El disparo la alcanzó mientras se encontraba sentada en una banca, en las afueras de una oficina de correo. Ella acababa de bajar de un autobús y esperaba reunirse ahí con una mujer que le daría empleo ese día. Como muchos emigrantes salvadoreños en Washington, Sara se dedicaba a limpiar casas.
Según don José Cristóbal, fue precisamente la patrona de Sara la que dio aviso a la familia sobre lo ocurrido.
“Cuando ella llegó al lugar, ya Sarita estaba muerta y de inmediato avisó a mis otros hijos. Nosotros lo vinimos a saber hasta después del mediodía”, comenta el apesadumbrado padre.

Por el momento sólo esperan no tener obstáculos para repatriar los restos de su hija y darle sepultura en Joateca, aunque dicen que ninguna instancia del gobierno les ha ofrecido ayuda alguna.
“Nada se puede hacer ya, sólo resignarnos y enterrarla en nuestro país, a donde ella siempre quiso regresar”, dijo doña Carmen.


Un asesinato aleatorio
El asesinato de Sara Ramos, al igual que el de las otras cinco víctimas, no responde a patrón alguno.
- Sara se encontraba en un lugar público mientras esperaba reunirse con una mujer que le daría empleo.
- Se sentó en una banca a esperar mientras leía un libro.
- Testigos dijeron que, repentinamente, la salvadoreña cayó a un lado y su cabeza estaba llena de sangre.
u Su cadáver fue identificado inicialmente por la mujer con la que supuestamente se reuniría.

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