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Salvadoreño vive y replica el éxito

Henry Aldana llegó hace 21 años a Estados Unidos. Desde un principio se propuso ser uno de los mejores y lo logró. Como contador es exitoso, pero como ‘contador motivacional’ lo es más. Su trabajo es ‘motivar’ el surgimiento de nuevas empresas.

Francisco Ayala
Corresponsal en Washington
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Henry Aldana

George W. Bush se acercó a Henry Aldana y le habló en español: “¡Felicidades Henry! Veo trajiste a tu familia…” Aquel 7 de mayo de 2001, Henry Aldana había ido a la Casa Blanca a recoger su premio como el Mejor Contador Motivacional de Estados Unidos. Lo acompañaban su esposa mexicana, sus hijos estadounidenses, y su madre salvadoreña.

“En 21 años de vivir en Estados Unidos nunca había estado en la Casa Blanca”, dice Aldana, quien tenía entonces 34 años.

Como contador, Henry Aldana es exitoso. Como contador motivacional él prepara ciclos de conferencias cuya atracción es él mismo. La gente recorre millas para verlo y sus charlas están entre las mejores alguna vez ofrecidas a los hispanos del área de Washington.

Ante un público, Henry Aldana no habla: actúa, se convierte en empresario exitoso, obrero que lucha, emigrante sufrido, estudiante sacrificado, en una docena de personajes. Él ha sido todo eso y, aún hoy, sigue siendo ciudadano de El Salvador.

Su historia

Lo trajo su madre en 1981, cuando tenía 13 años. Ella, Gloria Aldana, había llegado tres años antes y trabajaba arreglando camas en un hotel. Henry no hablaba inglés y fue a la escuela especial de verano.

En Estados Unidos, Henry Aldana creció presionándose: se presionaba para aprender inglés, para aprender de sus amigos, maestros y de su entorno. Nadaba y jugaba béisbol y, en secundaria, estudiaba hasta las 11 de la mañana —dos clases— y luego trabajaba en una tienda.

En esa tienda tuvo su epifanía una tarde, cuando una gerente cuarentona le reprendió con palabras amargas. “Yo me quedé callado, pero pensé: cuando yo tenga tu edad, no estaré trabajando en una tienda, si no que tendré mi propia empresa”.

Henry Aldana se graduó con honores de secundaria y entró al colegio universitario de Montgomery, Maryland, donde fundó el primer club hispano. Allí conoció a su esposa, Alicia Suárez, madre de sus hijos: Eduardo, de 12 años, Paola, de 10, y Antonio de uno.

Gran apoyo

Henry Aldana estudiaba en las mañanas y trabajaba en las tardes en la desaparecida aerolínea Pan Am. “Grababa las clases y las escuchaba en el auto, una y otra vez, mientras iba al trabajo o a casa”, dice. El auto era “mi universidad sobre ruedas”, y añade, “mi única manera de estudiar”.

En 1991 quebró Pan Am, la aerolínea más antigua del hemisferio, y Henry Aldana comenzó a trabajar en Capital Bank. Allí conoció a quien llama “mi mentor”, Steven Ashman, presidente de un banco. Él autorizó que el banco pagara sus estudios y Henry se graduó con honores del American Banking Institute. Cuando Henry abrió su compañía, su primera cliente fue Shari Ashman, esposa de Steven, dueña de una agencia de publicidad.

Su dentista fue “mi tutor mental”. El Dr. Daniel Reardon “me hizo las preguntas que nadie me había hecho: ¿dónde quería estar dentro de 10 años? ¿Cuánto dinero quería ganar? ¿Dónde me gustaría vivir? ¿Cuándo me iba a jubilar? ¿Iba a escribir libros o no?”

Henry quería tener su propia compañía, una casa en Potomac —el barrio de la gente adinerada de la capital—, un Mercedes Benz de $80 mil dólares. Todo eso tiene ahora y está en camino de cumplir otro sueño: ser millonario.

Dos salvadoreños estadounidenses viven en Potomac: el científico Charles Vela y Ana Ross, propietaria de una fábrica de quesos en Delaware.

“Yo quería triunfar”

Este salvadoreño exitoso alecciona con su vida a quienes lo escuchan. Su filosofía de vida es el punto medular de sus ambiciadas exposiciones

Henry Aldana y su esposa, Alicia, decidieron establecer su compañía de contabilidad y Steven Ashman lo apoyó. “Yo quería triunfar, vivir bien”, recuerda, “y descubrí que el éxito no es un accidente, es un estilo de vida”.

Años después, convertido en un orador motivacional, él convertiría sus experiencias en axiomas: “El estilo de vida es establecer metas y buscarlas, a veces con lentitud pero nunca sin detenerse —Aldana trabaja hasta 16 horas diarias— si la mente lo quiere el cuerpo lo sigue. Para que la vida sea suave, soy severo conmigo mismo. Y en caso de miedo, haz lo que te da miedo”.

Pronto, la compañía de dos personas se convirtió en un equipo. En pocos años estaba dando charlas a públicos cautivados. Mónica Serrano, hija de emigrantes españoles y copropietaria del restaurante de su madre, dice “Henry me enseñó que habían oportunidades, que no todo era malo, que tenía ventajas ser de una minoría, ser mujer y ser latina”.

Buen bailarín

“También me hacen rueda cuando bailo flamenco”, dice Henry, quien también es uno de los fundadores de la Cámara de Comercio Hispana del condado de Prince George y conductor de su programa radial de motivación.
Aun le falta algo. “Quiero ser presidente de El Salvador… Es un sueño no una meta, porque todavía no tengo fecha”.


Reconocimiento al esfuerzo personal
- Al igual que otras historias de inmigrantes, la de Henry Aldana comienza con un inesperado viaje a los Estados Unidos.
- La fórmula usada para asegurar el triunfo es la presión. Comienza a ‘presionarse’ para aprender inglés. Luego se propone culminar con éxito cualquiera de las tareas trazadas.
- En 2001, su esfuerzo personal lo lleva a recibir de manos del Presidente de Estados Unidos un galardón.
 

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