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En
el invierno que nos trajo desesperación
El
invierno ha matado a 37 personas en el noroeste de Estados Unidos.
A los salvadoreños se les reducen las horas de trabajo, ganancias,
y oportunidades en la zona metropolitana de Washington
Francisco Ayala Silva
ELSALVADOR.COM
Corresponsal en Washington
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| Removiendo la nieve Un salvadoreño
en Chicago retira la nieve que ha cubierto la acera de su casa.
Foto: AP |
San Salvador cubierta de leche en polvo hasta las rodillas; leche
en polvo alfombrando sus techos, árboles, autos y cerrando
sus calles. Para los que nunca han visto nieve, esa es la comparación
más próxima, y sigue inexacta.
La nieve en la televisión se ve como una alfombra de leche
en polvo, pero quien ponga desnuda la planta del pie en un sendero
nevado sentirá decenas de mordiscos diminutos que subirán
hasta los tobillos.
La gran nevada de 2003 comenzó el lunes 17 de febrero. Comenzó
en la madrugada, sin pausas. Los copos caían sutiles y lentos
que era posible seguir su caída para atraparlos con la boca.
Lo hacen los niños y algunos adultos.
Cuando llegó la madrugada, el negro asfalto era una alfombra
inmaculada, blancas estaban las aceras, los techos y tejados, y
las ramas de los árboles. Los vehículos eran cerros
blancos del tamaño de ranchos. La gente caminaba cubierta
con cuatro capas de abrigos, hundiéndose en nieve hasta las
rodillas; sacaban un pie y daban otro paso, hundiéndose otra
vez. En Virginia y Maryland la nieve había cubierto las entradas
de pasajes y veredas; algunos vecinos pasaron aislados dos días.
Los autobuses no podían salir y no salieron. El metro sólo
funcionaba en las estaciones subterráneas; se quedaron aisladas
Virginia y Maryland, donde el metro corre en la superficie de la
tierra.
Por la televisión llegaban noticias: todas las escuelas y
universidades estarían cerradas, los aeropuertos no trabajaban
y el gobierno abriría sólo las oficinas indispensables.
Las calles estaban bloqueadas y era la peor nevada desde 1996. En
las calles había medio metro de nieve acumulado, y no pararía
de nevar hasta el amanecer del martes.
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Quintanilla en Washington
El
Vicepresidente de El Salvador, Carlos Quintanilla, se encuentra
de nuevo en Washington para firmar un acuerdo de cooperación
con grupos de salvadoreños que ayudan a sus municipios
de origen.
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Es un mundo frío
¿Parece más Siberia que Maryland?, dijo
un inspector estatal de carreteras. De hecho, la situación
se podía describir con la frase : de horizonte a horizonte
nevó en el mundo.
Los trabajadores municipales salieron con topadoras a limpiar caminos,
y el alcalde de Washington, Anthony Williams, interrumpió
sus vacaciones en el soleado Puerto Rico. Oscar Méndez, salvadoreño,
pasaría cinco días trabajando en la topadora de su
compañía quitando nieve de los caminos; en esos cinco
días no pudo regresar a su hogar en Virginia, a ver a su
familia.
Otros inmigrantes hispanos salieron a palear la nieve de sus hogares
y de los hogares vecinos, a veces gratuitamente, a veces cobrando.
¿Palear la nieve? era el mandato del gobierno municipal de
Washington, que estableció una multa de $25 al dueño
de casa o negocio que dejara la nieve acumulada en su acera.
Pero la nieve trajo más problemas que bendiciones. Los obreros
de la construcción dependen del buen tiempo para trabajar,
y en esta zona esos obreros son, en su mayoría, salvadoreños.
Luis Gamero, de San Miguel, asegura que desde la nevada, la mayoría
de hombres de su cuadrilla de albañiles ha trabajado apenas
siete horas por semana, con una ganancia de unos $175. Con
eso no se puede vivir, asegura.
Oscar Amaya, propietario de dos restaurantes en Virginia, enseña
las mesas vacías de su popular El Rancho Migueleño
en una noche de viernes, y dice así ha estado desde
que comenzó a nevar.
Carlos Quintanilla, mesero de restaurante italiano, dice desde
la nevada no he ganado más que $140 por semana en propinas,
porque la gente no sale de sus casas.
Trae problemas la nieve cuando cae. También causa problemas
al derretirse. El agua corre a las alcantarillas, quebradas y ríos
y causa inundaciones. Como si una guerra en Mesopotamia no fuera
suficiente problema.
¿Y nosotros?
Los niños y algunos adultos juegan a atrapar copos de nieve
con la boca. Lo hacen los tontos, así que cerrá
la boca, dice mi esposa, y ponéte zapatos.
Yo quería saber lo que sentían los monjes medievales
que salían a sus patios a caminar descalzos sobre la nieve.
La única experiencia mística que sentí fue
darle gracias a Dios por no hacerme monje.
Pero puedo ser asceta. Una vez en casa, mi esposa me dijo: No
tenemos comida y las tiendas están cerradas, ¿qué
hacemos?.Ver vídeos, contesté.
Ella comenzó un lento monólogo -a gritos- sobre la
irresponsabilidad masculina y la indolencia latina. Mi hijo de dos
años gritaba de gozo mientras yo miraba los cuatro vídeos
que había alquilado. Fargo: en el invierno nevado
y desesperante de Minnesota, un hombre muy frustrado contrata a
unos matones para que secuestren a su esposa, y ellos la matan.
¿Ummm? quizás yo aprenda algo. Otro: El Resplandor:
un escritor, su insoportable esposa y su hijo quedan atrapados en
un paradero rodeado de nieve. Él se vuelve loco y trata de
destazarlos con un hacha. En casa no hay hachas. Survive:
un equipo uruguayo de rugby tiene un accidente de aviación
en los Andes y recurren al canibalismo; al menos ellos podían
comer, y esa comida debe ser mejor que la comida de aerolínea.
Doctor Zhivago: un sufrido y cobarde intelectual y poeta
soporta los rigores del invierno ruso y le es infiel a su esposa
con Julie Christy. Eso es diversión.
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