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Manos
salvadoreñas tras Desfile de Las Rosas
Este
evento, donde carrozas confeccionadas con millones de flores pasean
por las principales calles de Pasadena, California, es mundialmente
famoso. Lo mejor es que los salvadoreños estuvieron ahí.
Eugenia Aponte
Corresponsal en Los Angeles
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La niña salvadoreña
Magaly López, segunda de izquierda a derecha, conversa
animada con otros niños durante el ensayo previo al
desfile. Foto: EDH
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Este primero de enero como cada año las principales calles
de Pasadena se vieron inundadas de turistas de todo el mundo que
viajan hasta esta ciudad californiana con el solo propósito
de vivir en persona la emoción, el colorido, los sonidos
y aromas del mundialmente famoso desfile de las rosas.
Otros cientos viajan especialmente para colaborar en la realización
de las carrozas, cada una de las cuales es una verdadera maravilla
mecánica, hecha de flor.
De entre esos que regalan su talento en las semanas de incesante
labor previas al desfile se encuentra una mujer salvadoreña.
Su nombre es Concepción Sánchez.
Doña Conchita, como millones de personas en el planeta, vio
fascinada la transmisión de televisión durante años
en su natal Usulután.
Me llamaba mucho la atención ver aquellas esculturas
enormes que abrían y cerraban la boca, que movían
los brazos... no me imaginaba como era posible que se lograra ese
efecto, y hasta dudaba que en realidad fueran hechas de rosas, ya
ve que la televisión es bien mentirosa, dijo la señora
Sánchez a EDH.
Décadas después, su interés por la horticultura
convirtió en realidad el sueño de una vida: ser aceptada
como voluntaria para formar parte de un equipo compuesto de cientos
de amantes de las flores para quienes el desfile es el momento más
esperado de todo el año. Hay que registrarse por lo
menos con doce meses de anticipación para poder ser considerado,
y son largas horas de trabajo, por lo general de pie, cortando los
tallos, separando las flores y colocándolas en su respectivo
lugar.
Mientras que la señora Sánchez vive su sueño
dorado, a pocos pasos de ahí encontramos a Francisco Mena.
La labor de don Chico es un poco menos glamorosa aunque también
indispensable para el éxito del desfile. Él cumple
la función de edecán, transportando a las personalidades
que asisten al magno evento. Y en la misma cuadra otro salvadoreño
se gana el pan en un pequeño puesto de souvenirs.
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El salvadoreño Rigoberto
Flores vende recuerdos alusivos al Desfile deLas Rosas, celebrado
el pasado 1o. de enero en la ciudad de Pasadena, California.
. Foto: EDH
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Todos quieren llevarse un recuerdo, un pedacito de Pasadena.
Eso es bueno porque uno hace dinero, aunque eso sí, hay que
trabajar las navidades y el año nuevo, que es cuando uno
más quiere estar con la familia, pero se hace buena plata
sobre todo el mes antes del desfile que es cuando más gente
viene a ver como se van llenando los carros de rosas, comentó
Rigoberto Flores.
En el pleno corazón de la ciudad, justo en la esquina de
la avenida Raymond y el boulevard Colorado encontramos a otras dos
mujeres que también trabajan mucho para estas fechas. Son
Elena Chávez y Verónica Escandón, empleadas
del restaurante de comida rápida Subway. Ellas a diferencia
de los anteriores no están contratadas por los organizadores
del evento pero sí que ven aumentar su carga de trabajo debido
al mismo.
En estos días viene tanta gente que tenemos que mantener
abierto el negocio las 24 horas y como solo somos diez empleados,
los turnos a veces son de 16 y 18 horas, eso si el cheque sale bien
gordo, comenta Elena.
Así mientras unos reciben un beneficio económico y
otros satisfacen un sueño, para aproximadamente treinta millones
de personas este año nuevo, el desfile Serra lo primero que
vean en las pantallas de sus televisores al despertar del nuevo
año.
Los locutores explicaran los detalles de las diferentes flotillas
en chino, ruso, alemán y otros cientos de lenguas. De fondo
el sonido de las bandas de guerra nos recordara que tras ese espectáculo
singular están las manos y el esfuerzo de hombres y mujeres
salvadoreñas como usted y como yo.
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