Francisco Ayala/Washington
elsalvador.com
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
A finales de los 80 Juan Romagoza estaba en su último año
de medicina, especializándose en cirugía. La guerra salvadoreña
estaba en sus primeros años y alcanzaba niveles inauditos de crueldad.
Batallas y masacres ocurrían diariamente en la campiña salvadoreña.
Millares de campesinos abandonaban los ahorros de generaciones para huir
a la capital, a refugiarse en iglesias, conventos y seminarios. El arzobispo
Arnulfo Romero pidió voluntarios a la escuela de medicina para
atender a esa masa aterrorizada. Había hombres que nunca
habían visto un médico, recuerda Romagoza.
 |
| |
Lo capturaron un domingo de diciembre. Fuimos a un caserío
a una celebración religiosa cuya culminación es una clínica
gratuita. Cuando íbamos a comenzar la atención, llegaron
camiones de soldados, guardias nacionales y civiles armados que comenzaron
a ametrallar a la gente que estaba en el convento y la clínica.
Me hirieron en el tobillo derecho y en la cabeza.
Romagoza recuerda cómo lo trasladaron a la base militar de El Paraíso,
donde pasó dos días. Luego lo llevaron al cuartel de la
Guardia Nacional en la capital, donde estuvo 22 días más.
En el cuartel me dieron un disparo en el brazo izquierdo, dijeron
que para que no volviera a curar, señala. También
le dieron golpes, quemaduras, choques eléctricos y lo tuvieron
colgado del techo con alambre que se encarnó tanto en los dedos
que perdió la sensibilidad en sus puntas.
Romagoza sospecha que no lo mataron porque sus torturadores lo confundieron
con un comandante guerrillero. En esos momentos no había
cárcel para los presos políticos, todos terminaban muertos,
dice.
Lo salvaron dos tíos coroneles. Uno de ellos consiguió su
liberación persuadiendo a su amigo y compadre, el jefe de la Guardia
Nacional. La libertad fue difícil: no podía ir a un hospital
porque allí sería arrestado, sus amigos médicos temían
curarlo, y pronto sus parientes fueron perseguidos. Tuve que soportar
la peor tortura: salir del país. Entonces ya era 1981.
Salí escondido en un camión de cebollas, indocumentado,
a Guatemala, con miedo de ser asesinado por el ejército guatemalteco
o entregado al ejército salvadoreño, dice. Un mes
después se fue a México, donde pudo por fin curarse, pero
mis heridas más profundas eran las emocionales, indica. Dos
años después, sin documentos, cruzaba la frontera con Estados
Unidos.
Su obra
Llegó a Los Ángeles y alguien le dijo vete al parque
McArthur; allí está tu pueblo. El parque estaba poblado
de refugiados salvadoreños. Allí comenzó a curar
sus heridas emocionales hablando con otras víctimas, no escondiendo
el dolor, sino sacándolo, dice.
Comenzó a hacer lo mismo en el parque Dolores, de San Francisco,
y una iglesia católica le permitió organizar el Centro de
Refugiados Centroamericanos (Crece).
Llegó a Washington invitado por la Iglesia a una conferencia y
decidió quedarse. Encontró un proyecto llamado Clínica
del Pueblo, que tenía tres años y funcionaba seis horas
cada martes por la noche.
Romagoza procedió a reclutar más voluntarios y a buscar
dinero de fundaciones y gobierno. Actualmente, la clínica tiene
un personal de 70 personas trabajando tiempo completo y ofrece atención
gratuita a las comunidades pobres de la capital.
En junio del 2002, Juan Romagoza enfrentó a sus torturadores. Los
ex coroneles José Eugenio García, ex Ministro de Defensa,
y Carlos Eugenio Vides Casanova, ex jefe de la Guardia Nacional, vivían
su retiro en la Florida. Romagoza los venció en un juicio por torturas
que condenó a ambos a pagar casi $50 millones en daños.
Este año, la historia de Juan Romagoza estará expuesta en
la Smithsonian Institution. Cuando me notificaron recordé
a un emigrante indocumentado pasando la frontera, negando su nacionalidad,
negando su nombre. Eso era yo. Historias expuestas en un museo que
alberga el patrimonio mundial
- La vida de Romagoza, de 52 años, y las de 23 eminentes hispanos
serán expuestas en el Museo Nacional de Historia Americana de la
Smithsonian. La exposición se llama Nuestros Caminos/ Nuestras
Historias: retratos del logro latino e incluye fotos y biografía
de cada hombre y mujer, con sus propias palabras grabadas.
Estas son vidas singulares que desafían cualquier cliché,
así que olvídese de las historias de Pepe el mesero y María
la mucama. Aquí hablamos de hombres y mujeres que han llegado a
donde nadie antes había llegado, algunos hasta las estrellas, y
eso no fue exageración. La astronauta Ellen Ochoa está aquí.
Entre las historias tenemos la de Linda Alvarado, quien a los 24 años
inició su propia compañía constructora. Era el año
1976 y lo hizo con un préstamo de $2.500 de sus padres. Actualmente
Alvarado Construction es una de las principales empresas de su tipo en
la construcción de aeropuertos y estadios.
En 1991 Alvarado fue la primera hispana (hombre o mujer) en ser propietario
de un equipo de las grandes ligas, los Colorado Rockies. Ella dice que
la guió un pensamiento de su madre: comienza pequeña,
pero piensa muy grande.
- Luis Valdez era uno de los 10 hijos de unos campesinos mexicanos en
California que se enamoró del teatro a los 6 años de edad.
Creció para ser uno de los principales dramaturgos de Estados Unidos
que refleja la vida chicana en el Teatro Campesino, que él ayudó
a fundar para llevar mensaje y apoyo a los campesinos emigrantes que en
los años sesenta hacían huelga para exigir condiciones humanas.
Como director de cine, Valdez dirigió La Bamba y Zoot Zuit, la
primera un éxito de taquilla y la segunda un éxito crítico.
Valdez dice que su modelo fue César Chávez, líder
de aquellos campesinos huelguistas.
- Lo sorprendente está aquí. La astronauta Ellen Ochoa es
flautista clásica y tiene un doctorado en ingeniería eléctrica.
La basquetbolista Rebecca Lobo tiene 1,93 m. de estatura.
Dolores Huerta, la infatigable líder sindical, es madre de 11 hijos.
Mario Molina cuenta cómo la química lo fascinó desde
su infancia en una familia acomodada de la ciudad de México y eso
lo llevó a sacar un doctorado en California, a descubrir la destrucción
de la capa de ozono y ganar el Premio Nobel. El gobernador de Nuevo
México, Bill Richardson, narra el momento en que decidió
dedicarse al servicio público.
- Los hombres y mujeres presentados fueron seleccionados por un un grupo
de siete personas. Las fotografías, tomadas en el hábitat
de cada individuo, son de Celia Álvarez Muñoz, Héctor
Méndez-Caratini y Luis Mallo.
La exposición se inauguró el miércoles 18 de febrero
y continuará hasta el 25 de abril del 2004; entonces la exposición
viajará por Estados Unidos.