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Los programas “salvadores”

Buscando legalidad. En los últimos años han surgido diversos planes pro migrantes

Publicada 5 de febrero 2004, El Diario de Hoy


Francisco Ayala Silva
Tiempos del Mundo
equipoweb@elsalvador.com

En 1986 el Presidente Ronald Reagan decretó la más amplia amnistía para indocumentados en la historia norteamericana.

La orden fue producto del cabildeo de los gremios de propietarios de restaurantes y hoteles, que se beneficiaron legalizando a sus empleados.

En pocos años se decretó el primer Estado de Protección Temporal (TPS por sus siglas en inglés) para salvadoreños. Una coalición de iglesias bautistas demandó al gobierno federal, exigiendo para compatriotas y guatemaltecos las facilidades de obtener asilo político que tenían los nicaragüenses perseguidos por el sandinismo.

La Corte Suprema aceptó la demanda y la convirtió en el acuerdo ABC (American Baptist Churchs). Fue un paso político inmenso, porque “obligó al Gobierno de Estados Unidos a aceptar que en El Salvador había una guerra civil”, dice el embajador León.

Son varias las organizaciones que asesoran a los compatriotas en cuestiones legales.
Foto EDH

Para el diplomático, los programas de legalización han atraído más migración. “Los salvadoreños, una vez legalizados, tienden a traer a sus parientes”, agrega.

En 1992 se firmó la paz en El Salvador. Los candidatos políticos salvadoreños regularmente hacen proselitismo en Estados Unidos. Hay políticos salvadoreños activos en Estados Unidos.

El norte de California tiene una senadora estatal de origen salvadoreño, Liz Figueroa. La Asamblea Legislativa de Maryland cuenta con dos diputados salvadoreños. La ciudad de Alexandria, Virginia, tiene un concejal salvadoreño. Todos demócratas.

Hay salvadoreños en la NASA (Bernardo López), en la televisión (Roberto Repreza, en Houston; Mario Sol, en Washington; Tony Mineros, en Los Ángeles), editando películas y produciendo vídeo (Paula Heredia en Nueva York y Verónica Milchorena, en Miami), ganado el Oscar (Andre Guttfreund, en Los Ángeles), artistas, propietarios de restaurantes, comercios; maestros y deportistas. También los hay en la cárcel.

En 2002 fueron deportados 3,817 connacionales. Una cifra inferior a la de Guatemala y Honduras. Sin embargo, 1,712 de ellos eran delincuentes, un récord que sólo supera Dominicana.

La migración también produjo las violentas pandillas juveniles conocidas como “maras” (de “marabunta”, una estampida de hormigas devoradoras). Nacieron entre los adolescentes migrantes que llegaron a Los Ángeles, donde se encontraron amenazados por pandillas de otras etnias, desarraigados de su tierra y no arraigados en su nueva patria. Algunos fueron deportados y, en El Salvador y Centroamérica, recrearon a sus pandillas.

Actualmente son unos 70 mil pandilleros en toda la región, tan violentos que los gobiernos de Honduras y El Salvador han tenido que movilizar a sus ejércitos.

El futuro

Con el fin de la guerra salvadoreña, se redujo la migración, pero jamás se detuvo. Tal vez es el proceso de reunificación familiar que menciona el embajador León.

“La única forma de regular la migración es que los salvadoreños tengan oportunidades en El Salvador”, detalla.
El último TPS ocurrió luego de los terremotos de enero y febrero de 2001 (El autor de este reportaje es uno de los beneficiados por ese programa).

Esos terremotos incrementaron las migraciones, con una diferencia. Esta vez son los profesionales los que emigran. “La cuota de desarraigo del profesional es mucho más alta”, revela el embajador León.

“Un obrero deja casi nada, un profesional lo deja casi todo”, agrega.
Una muestra del impacto de la migración salvadoreña podría explicar por qué la moneda de El Salvador es ahora el dólar.


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