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La llegada
El reencuentro en el aeropuerto después de tanto tiempo fue
muy emotivo. Hubo lágrimas, risas y abrazos. Los esposos Martínez
manifestaron que pasarán la mayor parte del tiempo en casa
de los padres de Blanca, ya que según su esposo él tiene
la dicha de tener a su mamá consigo, en Virginia. .
Fotos EDH / Alvaro López |
Erick Rodríguez
elsalvador.com
ayuda@elsalvador.com
Después
de esperar casi dos décadas por la Green card, el pasado
jueves retornaron al país los esposos Blanca y Mauricio Martínez,
quienes fueron recibidos entre lágrimas y abrazos de sus seres
queridos.
El reloj marcaba las 8:16 p.m. cuando en la salida de pasajeros del Aeropuerto
Internacional de El Salvador, aparecieron los Martínez Álvarez
para protagonizar esta habitual estampa de reencuentros que se vive a
diario en esta época del año.
La familia se encontraba expectante y nerviosa, no sólo por las
dos horas de retraso con que llegaba el vuelo, sino por el temor a no
reconocer a quienes vieron partir hace tanto tiempo.
Los miedos se disiparon al calor de los abrazos, sobre todo cuando Francisca
y Jorge Adalberto, padres de Blanca, conocieron por fin a sus nietos,
Blanqui y Maurice, de 11 y 8 años.
Viaje ameno
Luego del desborde de alegría, una vendedora se acercó a
Mauricio para ofrecerle agua de coco. Es una de las bebidas que
más extrañaba, confesó entre sorbos.
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Un tamalito.
En el trayecto a casa, estos cuscatlecos hicieron un recorrido gastronómico
criollo, en el que degustaron una serie de bocadillos típicos,
que fueron el regalo de bienvenida de don Adalberto, padre de Blanca.Fotos
EDH / Alvaro López |
Un bus contratado les llevó hacia su natal Chirilagua,
y en el camino aprovecharon para degustar jocotes, nances, mango tierno,
entre otros.
Uno de los momentos más emotivos del viaje fue cuando Blanca preguntó
a su cónyugue si quería un tamal pisque. Mauricio, sonriendo,
respondió la pregunta te compro mi amor, lo que arrancó
risas entre la familia, que se apresuró a servir los tamales.
Hasta hubo tiempo para detenerse en el Puente de Oro, donde Mauricio les
contó a sus hijos la historia de guerra que tiene la estructura.
Una vez en el pueblo, la felicidad desbordó. Se nos hizo
realidad, llegamos a casita, dijeron.
Los Martínez regresarán el 3 de enero a Virginia, donde
ahora viven, y apenas les alcanzará el tiempo para visitar a su
gran parentela, ir a playas, comer todo lo que extrañan y pasar
las fiestas de Navidad y Fin de Año en el pueblo añorado.

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