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“Un sueño hecho realidad”

Larga espera. El matrimonio Martínez tuvo que esperar más de 17 años para volver a su natal Chirilagua. El reencuentro fue muy emotivo. Pasarán las fiestas con su familiares

Publicada 18
de diciembre 2004, El Diario de Hoy

La llegada
El reencuentro en el aeropuerto después de tanto tiempo fue muy emotivo. Hubo lágrimas, risas y abrazos. Los esposos Martínez manifestaron que pasarán la mayor parte del tiempo en casa de los padres de Blanca, ya que según su esposo él tiene la dicha de tener a su mamá consigo, en Virginia. . Fotos EDH / Alvaro López

Erick Rodríguez
elsalvador.com
ayuda@elsalvador.com

Después de esperar casi dos décadas por la “Green card”, el pasado jueves retornaron al país los esposos Blanca y Mauricio Martínez, quienes fueron recibidos entre lágrimas y abrazos de sus seres queridos.

El reloj marcaba las 8:16 p.m. cuando en la salida de pasajeros del Aeropuerto Internacional de El Salvador, aparecieron los Martínez Álvarez para protagonizar esta habitual estampa de reencuentros que se vive a diario en esta época del año.

La familia se encontraba expectante y nerviosa, no sólo por las dos horas de retraso con que llegaba el vuelo, sino por el temor a no reconocer a quienes vieron partir hace tanto tiempo.

Los miedos se disiparon al calor de los abrazos, sobre todo cuando Francisca y Jorge Adalberto, padres de Blanca, conocieron por fin a sus nietos, Blanqui y Maurice, de 11 y 8 años.

Viaje ameno


Luego del desborde de alegría, una vendedora se acercó a Mauricio para ofrecerle agua de coco. “Es una de las bebidas que más extrañaba”, confesó entre sorbos.

Un tamalito.
En el trayecto a casa, estos cuscatlecos hicieron un recorrido gastronómico criollo, en el que degustaron una serie de bocadillos típicos, que fueron el regalo de bienvenida de don Adalberto, padre de Blanca.Fotos EDH / Alvaro López

Un bus contratado les llevó hacia su natal Chirilagua, y en el camino aprovecharon para degustar jocotes, nances, mango tierno, entre otros.

Uno de los momentos más emotivos del viaje fue cuando Blanca preguntó a su cónyugue si quería un tamal pisque. Mauricio, sonriendo, respondió la pregunta “te compro mi amor”, lo que arrancó risas entre la familia, que se apresuró a servir los tamales.

Hasta hubo tiempo para detenerse en el Puente de Oro, donde Mauricio les contó a sus hijos la historia de guerra que tiene la estructura.

Una vez en el pueblo, la felicidad desbordó. “Se nos hizo realidad, llegamos a casita”, dijeron.

Los Martínez regresarán el 3 de enero a Virginia, donde ahora viven, y apenas les alcanzará el tiempo para visitar a su gran parentela, ir a playas, comer todo lo que extrañan y pasar las fiestas de Navidad y Fin de Año en el pueblo añorado.


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