elsalvador.com WWW
Portada Archivos Correo Chat Foros Clasificados Revistas Canales Sitios asociados Diarios Mundo

Clicas controlan tráfico de ilegales en la frontera sur

Coyotes. El paso entre Guatemala y México se ha convertido en un territorio de MS. Unos 50 grupos vigilan el cruce de los “mojados”

Publicada 17
de diciembre 2004, El Diario de Hoy

Miedo. Además de la actuación de los pandilleros, los indocumentados sufren la de los narcotraficantes. Fotos EDH
Periódico Jornada/México
elsalvador.com
ayuda@elsalvador.com

En Chiapas, la región fronteriza de México con Guatemala, la vida de los indocumentados depende del territorio que pisen.

Los pandilleros de la Mara Salvatrucha, de origen salvadoreño y conocida como la MS-13, han impuesto su dominio en todo el recorrido del ferrocarril: desde la frontera de Chiapas con Guatemala hasta el estado de Veracruz.

Han establecido, por lo menos, 50 clicas (células), las cuales controlan el paso de unos 400 ilegales cada día, una parte del comercio por el río Suchiate y ocho colonias populares de las fronterizas Ciudad Hidalgo y Tapachula, esta última considerada el segundo centro urbano en importancia de Chiapas.

La frontera entre Centroamérica y México es un territorio donde se han desarrollado los cárteles de la droga mexicanos y guatemaltecos. Dominan las principales ciudades; regulan el paso de estupefacientes por menudeo y de grandes cantidades hasta de 2 toneladas de cocaína por envío, también el tráfico humano, y tienen un control de la prostitución, incluida la infantil, del Soconusco chiapaneco y de Guatemala.

Delincuencia

En esta zona de ilegalidad y violencia en la frontera sur, la Policía Municipal, los agentes del Instituto Nacional de Migración (INM) y elementos del ejército y la armada son figuras principales en la cadena de impunidad.

Estos grupos tienen por regla el asalto, el robo y la violación de los derechos de los indocumentados, en su mayoría centroamericanos, que intentan tomar cada día el ferrocarril en su camino hacia Estados Unidos.

La región fronteriza es un territorio dividido entre las pandillas Mara Salvatrucha, Barrio 13 y Barrio 18, vinculadas con los asaltos a indocumentados, robos, asesinatos, distribución de drogas y ritos satánicos.

Los cárteles del Golfo, Juárez y el guatemalteco de San Marcos, que se han asentado en la zona para establecer cuatro narcorrutas hacia el norte del país, y algunos elementos municipales, de Migración, del ejército y de la armada que asaltan en descampado a centroamericanos y mexicanos.

La frontera sur es una permanente zona violenta. Atravesar Chiapas se ha convertido en un infierno para miles de centroamericanos que la cruzan cada año.

Las historias de víctimas de maras se registran a diario (ver recuadro).


Migrantes, a merced de las maras

Víctima. Un salvadoreño es atendido después de un asalto. Fotos EDH

A Carlos Cortés le falta el ojo izquierdo, tiene la nariz desviada, el pómulo derecho hundido y no tiene control de su quijada, la que se mueve como si fuera el péndulo de un reloj. Nacido en Esquipulas, Honduras, hace 28 años, Carlos quedó moribundo después de que una clica de la MS-13 le dio una tunda y le deformó a pedradas la cara.

El salvadoreño Esteban Hernández Pineda mide actualmente un metro con 10 centímetros; hace apenas tres meses su estatura rebasaba el metro 50 centímetros. Mareros del Barrio 18 le asaltaron: le empujaron debajo de los furgones del ferrocarril y las ruedas de acero del convoy le cortaron las dos piernas. Es una día que no quiere recordar:

“Eran como 20 mareros. Me golpearon arriba del tren hasta que se cansaron. Con palos me rompieron una pierna y una costilla. Me empujaron hacia las ruedas del furgón, caí y las ruedas me cortaron las dos piernas; por el impacto quedé abajo del ferrocarril, justo entre las dos vías del tren”.


Viven una pesadilla en el ferrocarril

En los furgones del tren las maras centroamericanas aterrorizan a los indocumentados.

El tramo de la ciudad de Tapachula a Tonalá es considerado “ruta caliente”. Omar Funes Navas no lo sabía. En el municipio de Huehuetán, apenas a 15 kilómetros de Tapachula, le asaltaron seis mareros mexicanos con machetes y pistolas. Al salvadoreño Abel López le cortó los dedos otro grupo de pandilleros.

“De aquí (la frontera sur) hasta la ciudad de México se necesitan huevos; del Distrito Federal a Tijuana se necesita mucho dinero, loco”, dice Ernesto, un ex marero salvadoreño que se dedica “a pasar raza” por el río Suchiate.

Uno de sus compatriotas, Salvador Rodríguez Gutiérrez, fue asesinado a puñaladas por miembros de Barrio 18. Dos hondureños más fueron matados con rifles artesanales o “chimbas” que están compuestos por tubos del sistema de agua que consiguen en los tiraderos.

 



elsalvador.com WWW