 |
|
Gracias a Dios que me dio las fuerzas para aguantar el camino
y los peligros y estar con mi mamá
Yo no quería morir en el desierto como los demás
que había visto quedar ahí, cubiertos de nieve
Ahora pienso en trabajar para que a mis hermanas no les falte
nada y así no tengan que venir a EE.UU.
Fotos EDH / Imelda Interiano
|
Imelda Interiano Rivas
elsalvador.com
ayuda@elsalvador.com
No permiten que diga mi nombre, pues soy
menor de edad. No he cometido ningún delito, más que las
ganas incontrolables de estar con mi madre, que salió de El Salvador
hace cinco años.
Eso fue lo que me impulsó a dejar mi casa, donde vivía con
mis dos hermanas y mi abuelito, de 74 años. Pobrecito, no le dije
que había decidido venirme de mojada a los Estados
Unidos, de hecho, sólo le comenté algo a mi hermana mayor,
para que no se preocupara.
Ver a mi mamá era mi sueño, por eso intenté llegar
hasta aquí dos veces. En la primera, me regresaron y ahora, para
llegar a la frontera, tuve que pasar Honduras, Guatemala y México.
Tampoco mi mamá sabía. De hecho no quería que se
diera cuenta, sino hasta que estuviera bien avanzado el viaje. Así
lo hice.
Salí un día junto a 70 salvadoreños, entre hombres
y mujeres, algunos ancianos y hasta embarazadas iban.
Todos teníamos miedo, porque no conocíamos bien a los guías
que nos llevaban. Ellos venían drogados y se perdieron ya cuando
estábamos a punto de cruzar el desierto.
Para entonces ya había llamado a mi mamá para decirle que
iba en camino, que me ayudara a pagar al coyote. Me regañó
por haber hecho esa locura, pero aceptó pagar.
En el desierto había nieve y un frío insoportable. Yo no
aguantaba seguir caminando, pero era la única forma de soportar
lo helado. Hubo un momento en que dije ay Señor, ni modo,
mejor que me agarre la migra, porque yo no quiero morir en
el desierto. Se siente horrible ver el momento cuando la gente muere.
Cuando alguien se detiene a descansar es la señal de que no aguanta
más. Lo peor que vi fue ver cómo la gente se va quedando
quieta, sin vida, congelada y tirada sobre la nieve.
Fue mucho el frío que me tocó vivir y sólo llevaba
una chamarra para soportarlo. Al principio tenía unos gorros, pero
se me perdieron, ustedes saben, cuando corre uno para huir.
Ahí viene Migración, le gritan a uno y la gente
tiene que salir del camino y correr para que no la alcancen.
Ya en Phoenix unas personas nos ayudaron y permitieron que habláramos
a los familiares. De los 70 que partimos, sólo quedamos 31.
Yo no quiero que mis hermanas viajen de la misma manera que yo. Ojalá
que el gobierno haga algo para que todas vivamos juntas, en condiciones
legales, sin peligros.
Ahora entiendo por qué me regañó mi mamá.
Hace cinco años ella pasó por lo mismo y esto queda grabado
en la memoria de por vida.
Promueven reunificación de familias en EE.UU.
La Coalición Latinoamericana, presidida por Oswaldo
Cabrera, sigue los casos de dos menores salvadoreños que, por sus
propios esfuerzos y superando los riesgos en el camino, lograron ingresar
a Estados Unidos motivados por reencontrarse con sus padres.
El miércoles anterior se reveló la historia de Jonathan
Alexánder Martínez, un niño de 8 años, quien
hacía dos semanas había comenzado el viaje a Los Ángeles,
en compañía de otro familiar, en busca de su madre y una
hermanita.
Yo me vine, porque me sentía solo en El Salvador. Quería
estar con mis papás, dijo el niño entre lágrimas.
Cabrera expuso en ese momento las gestiones que realizan ante diversas
entidades oficiales e internacionales a fin de promulgar medidas que contribuyan
a la reunificación.
Estamos acá para decirle al Congreso, a la ONU y al Gobierno
(de EE.UU.) que eso debe parar y que tiene que haber una ley de integración...
mientras los padres están en Estados Unidos, sus hijos están
por allá, con sus tíos o sus abuelos, afirmó.
El domingo, la Coalición Latinoamericana revelará un tercer
caso de un hijo que lo arriesgó todo por ver a sus parientes.

|