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“Vi cuerpos congelados tirados en el desierto”

Sobreviviente. Margarita (nombre ficticio) es una adolescente tecleña que estuvo perdida en los yermos de Arizona durante una ola de frío. Quería ver a su madre

Publicada 11
de diciembre 2004, El Diario de Hoy

“Gracias a Dios que me dio las fuerzas para aguantar el camino y los peligros y estar con mi mamá”

“Yo no quería morir en el desierto como los demás que había visto quedar ahí, cubiertos de nieve”

“Ahora pienso en trabajar para que a mis hermanas no les falte nada y así no tengan que venir a EE.UU.”
Fotos EDH / Imelda Interiano

Imelda Interiano Rivas
elsalvador.com
ayuda@elsalvador.com

No permiten que diga mi nombre, pues soy menor de edad. No he cometido ningún delito, más que las ganas incontrolables de estar con mi madre, que salió de El Salvador hace cinco años.

Eso fue lo que me impulsó a dejar mi casa, donde vivía con mis dos hermanas y mi abuelito, de 74 años. Pobrecito, no le dije que había decidido venirme de “mojada” a los Estados Unidos, de hecho, sólo le comenté algo a mi hermana mayor, para que no se preocupara.

Ver a mi mamá era mi sueño, por eso intenté llegar hasta aquí dos veces. En la primera, me regresaron y ahora, para llegar a la frontera, tuve que pasar Honduras, Guatemala y México.
Tampoco mi mamá sabía. De hecho no quería que se diera cuenta, sino hasta que estuviera bien avanzado el viaje. Así lo hice.

Salí un día junto a 70 salvadoreños, entre hombres y mujeres, algunos ancianos y hasta embarazadas iban.

Todos teníamos miedo, porque no conocíamos bien a los guías que nos llevaban. Ellos venían drogados y se perdieron ya cuando estábamos a punto de cruzar el desierto.
Para entonces ya había llamado a mi mamá para decirle que iba en camino, que me ayudara a pagar al coyote. Me regañó por haber hecho esa locura, pero aceptó pagar.

En el desierto había nieve y un frío insoportable. Yo no aguantaba seguir caminando, pero era la única forma de soportar lo helado. Hubo un momento en que dije “ay Señor, ni modo, mejor que me agarre la ‘migra’, porque yo no quiero morir en el desierto”. Se siente horrible ver el momento cuando la gente muere.

Cuando alguien se detiene a descansar es la señal de que no aguanta más. Lo peor que vi fue ver cómo la gente se va quedando quieta, sin vida, congelada y tirada sobre la nieve.
Fue mucho el frío que me tocó vivir y sólo llevaba una chamarra para soportarlo. Al principio tenía unos gorros, pero se me perdieron, ustedes saben, cuando corre uno para huir.
“Ahí viene Migración”, le gritan a uno y la gente tiene que salir del camino y correr para que no la alcancen.

Ya en Phoenix unas personas nos ayudaron y permitieron que habláramos a los familiares. De los 70 que partimos, sólo quedamos 31.

Yo no quiero que mis hermanas viajen de la misma manera que yo. Ojalá que el gobierno haga algo para que todas vivamos juntas, en condiciones legales, sin peligros.
Ahora entiendo por qué me regañó mi mamá. Hace cinco años ella pasó por lo mismo y esto queda grabado en la memoria de por vida.

Promueven reunificación de familias en EE.UU.

La Coalición Latinoamericana, presidida por Oswaldo Cabrera, sigue los casos de dos menores salvadoreños que, por sus propios esfuerzos y superando los riesgos en el camino, lograron ingresar a Estados Unidos motivados por reencontrarse con sus padres.
El miércoles anterior se reveló la historia de Jonathan Alexánder Martínez, un niño de 8 años, quien hacía dos semanas había comenzado el viaje a Los Ángeles, en compañía de otro familiar, en busca de su madre y una hermanita.

“Yo me vine, porque me sentía solo en El Salvador. Quería estar con mis papás”, dijo el niño entre lágrimas.

Cabrera expuso en ese momento las gestiones que realizan ante diversas entidades oficiales e internacionales a fin de promulgar medidas que contribuyan a la reunificación.
“Estamos acá para decirle al Congreso, a la ONU y al Gobierno (de EE.UU.) que eso debe parar y que tiene que haber una ley de integración... mientras los padres están en Estados Unidos, sus hijos están por allá, con sus tíos o sus abuelos”, afirmó.

El domingo, la Coalición Latinoamericana revelará un tercer caso de un hijo que lo arriesgó todo por ver a sus parientes.


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