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Detrás de Will Campos hay una madre valiente

Ejemplar. La determinación de Liliana Escobar formó a un joven político carismático y sensible. Ella agradece a Dios y a las personas que le ayudaron en su camino

Publicada 29 de noviembre 2004, El Diario de Hoy

Arrollador triunfo. El joven salvadoreños es felicitado por su progenitora tras ganar el puesto de concejal.
Fotos Cortesia familia Escobar Campos
Milagros Meléndez Vela
El Tiempo Latino
elsalvador.com
ayuda@elsalvador.com

Cuando en la década de los 80 una joven madre salvadoreña decidió buscar un mejor futuro para su hijo, lejos de la guerra que asolaba a su país, empezó la trayectoria de quien hoy es el primer latino elegido como consejero en el condado de Prince George, en Maryland.

Liliana Escobar, madre del joven político William Alberto Campos, representante del distrito 2 de Prince George, asegura que “Dios tenía un plan con mi hijo”.

Perfil
De origen cien por ciento salvadoreño, ya que su madre se lo llevó consigo a Estados Unidos cuando tenía 7 años, el connacional ha vivido en Maryland,
Virginia. De joven
estudió Antropología
en la universidad de ese estado y se graduó con satisfacción. Logró estudiar gracias al apoyo recibido en becas. Casi sin pensarlo, inició su carrera política. Luego de las elecciones
del 2 de noviembre
pasado se confirmó
su arrollador triunfo.

En la semana del Día de Acción de Gracias, Escobar hace un recuento de su vida en Estados Unidos y agradece todos los momentos vividos, aún los más amargos, “porque nos ayudaron a crecer”, dice.

“Todo lo que hemos recibido en el transcurso del tiempo ha sido bendiciones tras bendiciones. Las adversidades han servido para hacernos más fuertes”, manifiesta Escobar, cuyo carisma y sonrisa son dos características visibles que ha dado como herencia a su hijo.

Después de haber estado trabajando en El Salvador dentro del sistema de gobierno y estar en su segundo año de psicología en la UCA, Escobar decidió buscar un nuevo destino para su hijo.

“Fue el instinto maternal que me llamó a hacer un cambio dramático. Algo me empujaba a salir. Las condiciones para nosotros no estaban mal, pero la situación de la guerra me impactó”, cuenta la mujer quien se convirtió en madre a sus 18 años.

“Habían matado a los profesores (sacerdotes jesuitas) de la universidad. Doce de mis compañeros también habían sido asesinados, eso me empujó mucho más a realizar el viaje”, dice. En ese entonces, William tenía 7 años.

“Dejamos todo y nos vinimos”, recuerda. Una vez en Estados Unidos, la joven madre encontró respaldo en las hermanas Flor y Vilma Iraheta.

Proselitismo. Imagen del compatriota en sus días de campaña.
Fotos Cortesia familia Escobar Campos

“Ellas fueron una familia muy especial que sin conocernos nos dieron la mano”, asegura.

Madre e hijo vivieron con las Iraheta “entre las tres surgió una afinidad muy bonita. Las tres éramos madres solteras, y teníamos nuestras propias historias”.

Tres empleos a la vez

Mientras el pequeño William crecía y estudiaba satisfactoriamente, Liliana Escobar se las ingeniaba para salir adelante.

“Recuerdo esa época en la que yo tenía tres trabajos. Por las mañanas trabajaba en un centro comunitario, luego cruzaba la calle y servía como mesera en un restaurante y durante los fines de semana me dedicaba a vender boletos aéreos”.

Para Escobar, el tener tres empleos distintos no le dificultaba la comunicación con su hijo.
“Yo tenía que adaptarme al horario de mi hijo, y no dejaba que él estuviera solo en casa sin tener que hacer nada. Siempre lo mantuve muy ocupado, con la natación, con el kick-boxing, la música (el saxofón), William no conoce de los juegos de nintendo o video”, dice.

“Cuando yo estaba trabajando él hacía algo que le gustaba”, explica. Para Escobar la creatividad era una forma de supervivencia y así entró en el negocio de la venta de boletos.

“Yo no era una agente de viajes, pero les buscaba los tickets a las personas. Yo les hacía toda la transacción con la agencia de viajes y por eso cobraba $20, pero lo más gracioso era que la gente me daba otros $20 de propina”, relata mientras sonríe.

“Como mesera había días que me llevaba hasta $150. Con todo eso pagaba las clases de William y rentaba el instrumento musical”, sonríe nuevamente.

El trajín de los tres trabajos le duró ocho años. “Toda la adolescencia de William”, recuerda.
Situaciones críticas

Vida en familia. Los valores que Liliana inculcó a su hijo hoy se disfrutan con un ambiente familiar agradable. Felipe Clotte (centro) el ahora padre.
Fotos Cortesia familia Escobar Campos

En la filosofía de Escobar no existe la palabra depresión. “Nos hemos levantado de situaciones muy críticas, porque Dios ha estado con nosotros en todo momento y porque para mí si el plan A no funcionaba entonces había un plan B”.

Tres años han quedado en el pasado como recuerdos de situaciones duras que se reservan para sí, pero de las cuales aprendieron y tomaron más fuerza sin que nadie les pueda parar.
“Las adversidades nos han servido para levantarnos con más ganas”, afirma.

“Analizando mi vida creo que en esos momentos críticos Dios fue tan sabio en mantenerme muy ocupada ayudando a los demás”, puntualiza. “Dios nunca nos dejó”, agrega.

Dos personas a quienes Escobar quiere reconocer por su apoyo en esos momentos críticos son Miriam Avalos Martínez y José Cornelio Pleitez. Unos amigos entrañables.



Nada sucede por casualidad en la vida

Para esta madre orgullosa, el hecho de que su hijo sea el primer latino elegido como concejal en Prince George está dentro de los planes de Dios.

Elecciones EE.UU. G Will, al momento de emitir su voto.
Fotos Cortesia familia Escobar Campos

“Nada sucede por casualidad, creo que Dios tiene un propósito con mi hijo. Cuando las cosas se mueven por la voluntad de Dios no existen obstáculos”. Escobar manifiesta que cuando le pidieron a Campos que fuera candidato, el joven pidió un tiempo para pensarlo. “Él se fue a hincar de rodillas a Dios y pidió que se haga su voluntad”, dice.

“Mi hijo logró no sólo obtener una mayoría de votos sino juntar a las comunidades afro, anglo y latina”, expresa.

William Alberto Campos estudió antropología en la Universidad de Maryland. Esa época de estudiante, Escobar la recuerda con agrado.

“Los estudios fueron pagados con becas y ayuda financiera. Yo contribuí con los libros, pero eran carísimos 500 u 800 dólares”, sonríe.

La madre recuerda que una vez tuvo que vender una prenda de vestir muy fina “que le habían regalado” para poder costear uno de los libros.

La vida de Campos y su madre tuvo un nuevo giro cuando ésta se casó con el francés Felipe Clotte hace diez años.

“Él llegó a nuestra vida en el tiempo correcto y se convirtió en un padre para mi hijo, quien lo quiere muchísimo”, agrega.

A estas alturas la familia vive uno de sus mejores momentos. Escobar mantiene una relación de amistad y respeto con el padre de Campos, quien reside en El Salvador y el joven político cuenta con el apoyo de su padre y hermanos. “La sangre llama a la sangre”, expresa Escobar.

El hermano de William, Mundo Campos, quien es dentista, fue uno de los que estuvo trabajando fuerte en la campaña electoral.

Al enviar una recomendación para los padres, Escobar es enfática en decir que “traten a sus hijos con respeto. Hay que escucharlos y valorarlos muchísimo, no hay que estar criticándolos. Tenemos que ser responsables como padres y crear una relación en base a la comunicación y el amor a Dios”, finaliza.

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