Erick Rodríguez
elsalvador.com
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La sala de espera del
Aeropuerto Internacional El Salvador lucía ayer más llena
que de costumbre. Los familiares de los 38 salvadoreños que viajaban
hacia Alberta, Canadá, llegaron a decir un hasta pronto
a sus seres queridos.
Con las maletas llenas de sueños y muchas ganas de trabajar, en
la mayoría de los casos para paliar su situación económica,
los connacionales partieron en el vuelo 570 de una aerolínea privada.
Muchos lloraron, otros se encomendaron a Dios y agradecieron a las autoridades
del Ministerio de Trabajo, por haberles permitido acogerse al proyecto
que les permitió obtener un empleo temporal en el extranjero.
La misión
Víctor Saade y Daysi Pineda, llevan una misión extra hacia
Alberta. Ellos fueron juramentados como el presidente y la vicepresidenta
de la nueva Asociación de Salvadoreños residentes en Reed
Deer.
Junto a ellos, sus demás compañeros de viaje decidieron
formar la asociación para, según explicaron, llevarse
un pedacito de su tierra hacia ese lejano país.
Pineda, madre de tres hijos a quienes deja al cuidado de su madre, fue
enfática al decir qué la motivó a viajar, cuando
hay bocas que alimentar y la situación es difícil, reconforta
la separación.
Ella y sus compañeros de viaje, aseguran que lo primero que harán
es sumarse a la lista de salvadoreños que con sus remesas brindan
alivio económico a sus parientes.
El formar la asociación también surgió para
seguir ejemplo de nuestros hermanos que se fueron primero hacia Manitoba.
Ellos allá formaron su asociación con el fin de estar unidos,
ayudar a sus familias y cooperar entre sí, dijo la inmigrante.
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El
reto más duro es la separación
Para Griselda Pineda, oriunda de Zacatecoluca,
el viaje hacia Canadá es una magnífica oportunidad
para poder brindarle una buena educación a sus tres hijos,
aunque aseguró que nunca imaginó que estaría
entre los elegidos para viajar.
Pineda laboraba para el Instituto Nacional de Formación Profesional
(Insaforp)impartiendo cursos de informática en colegios,
cuando decidió probar suerte en un proyecto que impulsaba
el Viceministerio de Trabajo y la empresa canadiense Olymell, quienes
ofrecían un contrato por 12 meses.
La mujer dijo que de broma en broma fue metiendo los
papeles y comenzó a asistir a los cursos de preparación,
pero la noticia dice que la tomó por sorpresa y que en ningún
momento dudó en aprovecharla.
Es un magnífica oportunidad ya que me permite superarme
y también brindarle a mis hijos una buena educación,
dijo.
Pineda seguro que el reto más duro de esta aventura
es la separación de mis hijos Yoxiri, Angel y María,
todo menores de edad, quienes la acompañaron hasta el aeropuerto,
donde le despidieron.
Pese al drama que experimentaba, dijo marcharse tranquila ya que
sus retoños quedan al cuidado de su abuelita.
Griselda aseguró que con su trabajo pondrá en alto
el nombre de El Salvador, y que de la forma en que ellos se desempeñen
dependerá que otros salvadoreños sean tomados en cuenta
para posteriores peticiones.
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Gracias
a Dios me eligieron a mí
La noticia de que era uno de los 38 seleccionados
para ir a trabajar a Alberta, también tomó por sorpresa
a Cristian Argueta Flores, de 22 años, oriundo de San Salvador.
Argueta quien acaba de graduarse de bachiller en el Liceo Cristiano
Reverendo Juan Bueno de Soyapango, podrá ahora cumplir sus
sueños de conocer otro país y de paso ayudar económicamente
a su familia.
Según contó a elsalvador.com en febrero del año
pasado dejó su currículu en el Viceministerio de Trabajo
a probar suerte en un proyecto que le había contado un amigo
suyo. Ahí pudo percatarse que más de mil personas
habían atendido el mismo llamado.
Participó en una capacitación junto a unas 400 personas.
Todos fueron sometidos a cursos y evaluaciones permanentes.
Gracias a Dios salí bien en el seminario y me eligieron
para poder ir a trabajar a Canadá, manifestó
contento.
El joven explicó que su familia está muy orgulloso
de él, y que se siente muy emocionado porque el horario de
trabajo, de 6:00 de la mañana a 2:00 de la tarde, le permitirá
poder estudiar francés.
El momento más emotivo de la despedida fue cuando su madre,
Mercedes Flores, lo abrazó y no pudo contener las lágrimas
al ver a su hijo partir.
Doña Mercedes lo encomendó a Dios y lo exhortó
a que trabaje duro y sobre todo que se porte bien.
Cristian también deja a hermanos y otros parientes cercanos
a quienes dice extrañará mucho.
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El
precio es alto, pero es por ellos
María Guadalupe de Centeno, residente en
Montes de San Bartolo 4 en Ilopango, no cesaba de llorar y aconsejar
a sus cuatro hijos, quienes la acompañaron hasta el aeropuerto
para desearle buena suerte en su viaje.
Sus hijos: Claudia Patricia, de 21 años; Nancy Guadalupe,
de 14; Erick Mauricio, de 13, y Wendy Saraí, de 11, tendrán
que soportar la separación temporal de su progenitora por
12 meses, tiempo que dura el contrato.
Hasta hace poco, Centeno trabajaba en el Súper Selectos que
está ubicado sobre la avenida Olimpíca, en San Salvador,
al cual tuvo que renunciar porque no podía desaprovechar
la oportunidad.
La compatriota aseguró que tuvo que poner mucho esfuerzo
para quedar entre los seleccionados, ya que había mucha gente
capacitada para poder desarrollar dicho trabajo.
Dice que fue hace dos años que una hermana en Cristo,
de la Iglesia donde ella se congrega, le animó a participar
en el proyecto que estaba impulsando el Viceministerio de Trabajo
y la empresa canadiense Olymell.
Fue un proceso bastante largo, pero valió la pena ya
que podré brindarles una mejor educación a mis hijos,
explicó.
Los adolescentes quedarán a cargo del padre.
El precio es grande, ahorita es el dolor y la tristeza, despedirme
de ellos, pero yo sé que Dios me los va a cuidar, concluyó.
El esposo de María no fue despedirla debido a lo difícil
de la separación.
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