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Emociones encontradas

El sueño americano. Los inmigrantes a Alberta han decidido formar una asociación de compatriotas en Reed Deer para “llevarse un pedacito de nuestra tierra a ese lejano lugar”

Publicada 29 de octubre 2004, El Diario de Hoy


Erick Rodríguez
elsalvador.com
ayuda@elsalvador.com

La sala de espera del Aeropuerto Internacional El Salvador lucía ayer más llena que de costumbre. Los familiares de los 38 salvadoreños que viajaban hacia Alberta, Canadá, llegaron a decir un “hasta pronto” a sus seres queridos.

Con las maletas llenas de sueños y muchas ganas de trabajar, en la mayoría de los casos para paliar su situación económica, los connacionales partieron en el vuelo 570 de una aerolínea privada.

Muchos lloraron, otros se encomendaron a Dios y agradecieron a las autoridades del Ministerio de Trabajo, por haberles permitido acogerse al proyecto que les permitió obtener un empleo temporal en el extranjero.

La misión

Víctor Saade y Daysi Pineda, llevan una misión extra hacia Alberta. Ellos fueron juramentados como el presidente y la vicepresidenta de la nueva Asociación de Salvadoreños residentes en Reed Deer.

Junto a ellos, sus demás compañeros de viaje decidieron formar la asociación para, según explicaron, “llevarse un pedacito de su tierra hacia ese lejano país”.

Pineda, madre de tres hijos a quienes deja al cuidado de su madre, fue enfática al decir qué la motivó a viajar, “cuando hay bocas que alimentar y la situación es difícil, reconforta la separación”.

Ella y sus compañeros de viaje, aseguran que lo primero que harán es sumarse a la lista de salvadoreños que con sus remesas brindan alivio económico a sus parientes.
“El formar la asociación también surgió para seguir ejemplo de nuestros hermanos que se fueron primero hacia Manitoba. Ellos allá formaron su asociación con el fin de estar unidos, ayudar a sus familias y cooperar entre sí”, dijo la inmigrante.

“El reto más duro es la separación”

Para Griselda Pineda, oriunda de Zacatecoluca, el viaje hacia Canadá es una magnífica oportunidad para poder brindarle una buena educación a sus tres hijos, aunque aseguró que nunca imaginó que estaría entre los elegidos para viajar.

Pineda laboraba para el Instituto Nacional de Formación Profesional (Insaforp)impartiendo cursos de informática en colegios, cuando decidió probar suerte en un proyecto que impulsaba el Viceministerio de Trabajo y la empresa canadiense Olymell, quienes ofrecían un contrato por 12 meses.

La mujer dijo que “de broma en broma” fue metiendo los papeles y comenzó a asistir a los cursos de preparación, pero la noticia dice que la tomó por sorpresa y que en ningún momento dudó en aprovecharla.

“Es un magnífica oportunidad ya que me permite superarme y también brindarle a mis hijos una buena educación”, dijo.

Pineda seguro que “el reto más duro de esta aventura es la separación de mis hijos Yoxiri, Angel y María”, todo menores de edad, quienes la acompañaron hasta el aeropuerto, donde le despidieron.

Pese al drama que experimentaba, dijo marcharse tranquila ya que sus retoños quedan al cuidado de su abuelita.

Griselda aseguró que con su trabajo pondrá en alto el nombre de El Salvador, y que de la forma en que ellos se desempeñen dependerá que otros salvadoreños sean tomados en cuenta para posteriores peticiones.

“Gracias a Dios me eligieron a mí”

La noticia de que era uno de los 38 seleccionados para ir a trabajar a Alberta, también tomó por sorpresa a Cristian Argueta Flores, de 22 años, oriundo de San Salvador.
Argueta quien acaba de graduarse de bachiller en el Liceo Cristiano Reverendo Juan Bueno de Soyapango, podrá ahora cumplir sus sueños de conocer otro país y de paso ayudar económicamente a su familia.

Según contó a elsalvador.com en febrero del año pasado dejó su currículu en el Viceministerio de Trabajo a probar suerte en un proyecto que le había contado un amigo suyo. Ahí pudo percatarse que más de mil personas habían atendido el mismo llamado.
Participó en una capacitación junto a unas 400 personas. Todos fueron sometidos a cursos y evaluaciones permanentes.

“Gracias a Dios salí bien en el seminario y me eligieron para poder ir a trabajar a Canadá”, manifestó contento.

El joven explicó que su familia está muy orgulloso de él, y que se siente muy emocionado porque el horario de trabajo, de 6:00 de la mañana a 2:00 de la tarde, le permitirá poder estudiar francés.

El momento más emotivo de la despedida fue cuando su madre, Mercedes Flores, lo abrazó y no pudo contener las lágrimas al ver a su hijo partir.
Doña Mercedes lo encomendó a Dios y lo exhortó a que trabaje duro y sobre todo que “se porte bien”.

Cristian también deja a hermanos y otros parientes cercanos a quienes dice “extrañará mucho”.

“El precio es alto, pero es por ellos”

María Guadalupe de Centeno, residente en Montes de San Bartolo 4 en Ilopango, no cesaba de llorar y aconsejar a sus cuatro hijos, quienes la acompañaron hasta el aeropuerto para desearle “buena suerte” en su viaje.

Sus hijos: Claudia Patricia, de 21 años; Nancy Guadalupe, de 14; Erick Mauricio, de 13, y Wendy Saraí, de 11, tendrán que soportar la separación temporal de su progenitora por 12 meses, tiempo que dura el contrato.

Hasta hace poco, Centeno trabajaba en el Súper Selectos que está ubicado sobre la avenida Olimpíca, en San Salvador, al cual tuvo que renunciar porque “no podía desaprovechar la oportunidad”.

La compatriota aseguró que tuvo que poner mucho esfuerzo para quedar entre los seleccionados, ya que había mucha gente capacitada para poder desarrollar dicho trabajo.
Dice que fue hace dos años que “una hermana en Cristo”, de la Iglesia donde ella se congrega, le animó a participar en el proyecto que estaba impulsando el Viceministerio de Trabajo y la empresa canadiense Olymell.

“Fue un proceso bastante largo, pero valió la pena ya que podré brindarles una mejor educación a mis hijos”, explicó.

Los adolescentes quedarán a cargo del padre.
“El precio es grande, ahorita es el dolor y la tristeza, despedirme de ellos, pero yo sé que Dios me los va a cuidar”, concluyó.

El esposo de María no fue despedirla debido a lo difícil de la separación.




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