 |
| Espera. Óscar Ramos Reyes ansía que su caso se resuelva
a su favor y en corto tiempo. Foto cortesía
Joshua
Vázquez Bernal/Los Ángeles
|
Periódico Hoy/Los Ángeles
El Diario de Hoy
ayuda@elsalvador.com
Después
de haber arriesgado su vida en la guerra de Iraq, el salvadoreño
Óscar Ramos Reyes llegó hace dos semanas a su hogar de North
Hills, California, para continuar una batalla que inició hace siete
años contra el Servicio de Inmigración.
Miembro de la Marina Estadounidense, este joven de 29 años y quien
llegó a Estados Unidos en 1984, enfrenta un proceso de deportación.
Todo comenzó en 1993, cuando fue arrestado durante una balacera
ocurrida en Los Ángeles.
Cuando uno está joven se junta con malas compañías.
Andaba con unos muchachos y alguien disparó, y al único
que agarraron fue a mí, relató.
Me dieron cinco años pero sólo hice tres y medio.
Luego me pasaron al centro de detención de Inmigración y
allí estuve seis meses.
En noviembre de 1997, después de pagar una fianza, Ramos salió
libre para empezar el proceso de deportación. En marzo de 2001
pensó que debía cambiar su vida y se enlistó.
Según Tina Virey, de la Oficina de reclutamiento de la Marina en
Los Ángeles, según el delito que se haya cometido, la dependencia
acepta al solicitante. Ramos fue aceptado sin mayores problemas.
El 5 de enero pasado, Ramos fue enviado a Iraq, por ocho meses, para apoyar
al ejército estadounidense.
Siempre estábamos armados, porque donde estábamos
había combates. Nosotros debíamos surtir de combustible
a los carros, aviones y a los tanques
Al principio tuve un poco
de temor, pero fue más el miedo que sentí cuando la guerra
en El Salvador, comentó.
Esto es lo mejor que me ha podido pasar, expresó Ramos,
quien a mediados de octubre debe presentarse ante un tribunal de Inmigración
para definir su caso.
No sé como vamos a salir de esta corte. Yo me he portado
bien, no he tenido ningún problema con la policía; ni multas
he tenido. No pienso que ellos tengan algo para no dejarme quedar aquí,
sostuvo.

|