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Al colegio. La pequeña Gaby, en ruta como cada
mañana a su jornada educativa.
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Francisco Sánchez/Virginia
El Diario de Hoy
ayuda@elsalvador.com
Hello,
how are you?, era lo único que Gabriela sabía decir
en inglés cuando llegó a Estados Unidos, en marzo de 2001.
Hoy estudia en una escuela especial donde asisten los mejores estudiantes
de primaria en el Condado de Prince Williams, Estado de Virginia.
Esta niña de 11 años vivió la separación de
sus padres, que emigraron de El Salvador en 1997 en busca de mejores oportunidades
de vida.
Por cuatro años, ella quedó bajo la responsabilidad de sus
abuelos, quienes le llenaron de cariño y cuidados mientras sus
progenitores se estabilizaban en su nuevo país.
Afortunadamente, sus padres lograron obtener la residencia por medio de
una carta de empleo, lo que les permitió llevarla con ellos.
La primera escuela a la que asistió era del sector público
en el área de Alexandria, Virginia.
Pero el buen desempeño escolar y sus excelentes calificaciones
le llevaron a ser seleccionada para formar parte de un programa especial
para alumnos talentosos y dotados que tiene el Estado para que este tipo
de estudiantes desarrollen cualidades especiales.
No pudimos inscribirla en el programa porque nos mudamos a otro
condado, comenta su madre, Carolina Sánchez, originaria de
San Salvador.
Pero Gaby, como es llamada por sus padres, logró ser seleccionada
nuevamente, no sólo por sus calificaciones, sino por lograr un
nivel avanzado de inglés en corto tiempo.
El año escolar inició este mes de septiembre con especial
emoción para la pequeña, sobre todo porque al fin logró
ser admitida en la Porter Tradicional School, una escuela de altos estándares
educativos, lo cual es un premio a su esfuerzo y capacidad.
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Feliz. A sus 11 años es consciente de sus logros.
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En su nuevo centro de estudios, los maestros y los recursos
que se invierten están destinados a potenciar los talentos y habilidades
especiales que tienen alumnos como Gabriela, e ingresar a ella se considera
un verdadero privilegio para cualquier niño en esta nación.
Para que mi hija estudiara aquí fue necesario
que ingresáramos la solicitud con mucha anticipación, incluso
antes de que la escuela fuera construida, dice la orgullosa madre.
Según ella, sin que la niña siquiera lo sospechara, la maestra
de cuarto grado de su escuela anterior la sometió a exámenes
de un nivel superior, los cuales aprobó con calificaciones que
estuvieron por encima del estándar normal.
Eso confirmó las condiciones que Gaby tenía para optar al
programa, el cual recibe una gran cantidad de solicitudes, la mayoría
de las cuales corresponde a niños estadounidenses de nacimiento.
En esta escuela lo único que vale es el esfuerzo, la dedicación
y el comportamiento de los aplicantes. Sólo quienes lo hacen bien
ganan ese privilegio, añade Carolina.
La escuela Porter es la única en el condado de Prince Williams
que tiene esta modalidad, similar al ofrecido sólo por las escuelas
privadas en este país.
Yo siempre había querido inscribir a mi hija en una escuela
privada, pero no contamos con los recursos económicos para hacerlo,
pues en ellas las mensualidades más bajas son de hasta 300 dólares,
comenta la madre.

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