Por
Karen Azucena
Corresponsal en Miami
El Diario de Hoy
ayuda@elsalvador.com
"Al que le toca, le
toca¨, repetía mi abuela, María Bernardina, cada vez
que el Valle de las Hamacas se remecía o ¨los muchachos¨
se enfrentaban con los soldados en la Zacamil o un ¨busero malcriado¨
le echaba encima su armatoste a los pasajeros un instante después
de bajarse del mismo.
Habiendo experimentado los efectos de tres terremotos, miles de réplicas,
la guerra civil salvadoreña, varias inundaciones, sequías
prolongadas y la delincuencia común, hoy me enfrento a mi primer
huracán. Mientras más pienso en ello, más recuerdo
a las víctimas de Mitch, ese temible ciclón que en octubre
de 1998 noqueó a Centroamérica sin compasión. Desde
la distancia, solamente podía seguir las escasas noticias en la
televisión y esperar. Esperar que mi gente se levantara y rehiciera
sus trozos de vida.
En este lado del mundo, la mayoría de personas no toma a la ligera
la amenaza de un huracán. Ha pasado más de una semana desde
que el nombre ¨Frances¨ sonó por primera vez en la radio
y la televisión. Las entidades de socorro, con sendos fondos de
emergencia, están preparadas para auxiliar a todo aquel que lo
necesite. De hecho, Florida permanece en estado de emergencia por mandato
del gobernador Jeb Bush, lo que significa que no se escatiman las medidas
de precaución con tal de evitar pérdidas humanas.
Ante
la alarma de este huracán que ¨es más grande que el
estado de la Florida¨, como acaba de afirmar una traductora veterana
de la agencia EFE para la cual trabajo, no puedo sino prepararme para
lo inevitable que, irónicamente, me hace recordar los terremotos
del 2001, esos que nos azotaron en El Salvador de súbito, sin previo
aviso.
Llegan, también, los estrenados recuerdos de los días ¨pre-Frances¨
aquí en Miami, donde apenas era miércoles y ya no había
leche en polvo ni atún enlatado ni baterías en el supermercado
más cercano. Queda el recuerdo de este jueves de sol y brisa durante
el cual miles de residentes de Miami hicieron largas filas en Home Depot
para obtener un par de tablas o láminas para luego formar otra
larga fila en sus automóviles en las gasolineras, donde solamente
venden combustible ¨premium¨, el más caro, a $2.07 por
galón.
Y queda, finalmente, la pregunta: ¿A dónde ir cuando llegue
Frances?¨

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