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Mi primer huracán

Con la tragedia rozando siempre mis talones, soy de la opinión de que preocuparse en demasía por aquellos eventos de los que no tenemos control alguno es un gasto de energía innecesario.


Publicada 3 septiembre 2004, El Diario de Hoy



Por Karen Azucena
Corresponsal en Miami
El Diario de Hoy

ayuda@elsalvador.com

"Al que le toca, le toca¨, repetía mi abuela, María Bernardina, cada vez que el Valle de las Hamacas se remecía o ¨los muchachos¨ se enfrentaban con los soldados en la Zacamil o un ¨busero malcriado¨ le echaba encima su armatoste a los pasajeros un instante después de bajarse del mismo.

Habiendo experimentado los efectos de tres terremotos, miles de réplicas, la guerra civil salvadoreña, varias inundaciones, sequías prolongadas y la delincuencia común, hoy me enfrento a mi primer huracán. Mientras más pienso en ello, más recuerdo a las víctimas de Mitch, ese temible ciclón que en octubre de 1998 noqueó a Centroamérica sin compasión. Desde la distancia, solamente podía seguir las escasas noticias en la televisión y esperar. Esperar que mi gente se levantara y rehiciera sus trozos de vida.

En este lado del mundo, la mayoría de personas no toma a la ligera la amenaza de un huracán. Ha pasado más de una semana desde que el nombre ¨Frances¨ sonó por primera vez en la radio y la televisión. Las entidades de socorro, con sendos fondos de emergencia, están preparadas para auxiliar a todo aquel que lo necesite. De hecho, Florida permanece en estado de emergencia por mandato del gobernador Jeb Bush, lo que significa que no se escatiman las medidas de precaución con tal de evitar pérdidas humanas.

Ante la alarma de este huracán que ¨es más grande que el estado de la Florida¨, como acaba de afirmar una traductora veterana de la agencia EFE para la cual trabajo, no puedo sino prepararme para lo inevitable que, irónicamente, me hace recordar los terremotos del 2001, esos que nos azotaron en El Salvador de súbito, sin previo aviso.

Llegan, también, los estrenados recuerdos de los días ¨pre-Frances¨ aquí en Miami, donde apenas era miércoles y ya no había leche en polvo ni atún enlatado ni baterías en el supermercado más cercano. Queda el recuerdo de este jueves de sol y brisa durante el cual miles de residentes de Miami hicieron largas filas en Home Depot para obtener un par de tablas o láminas para luego formar otra larga fila en sus automóviles en las gasolineras, donde solamente venden combustible ¨premium¨, el más caro, a $2.07 por galón.
Y queda, finalmente, la pregunta: ¿A dónde ir cuando llegue Frances?¨


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