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| 1988. Infancia G Herber Alfredo, con menos de
10 años, gustaba de los juegos al aire libre como todo niño
en Tejutla. Foto EDH/Archivo |
Jorge García/Hugo Dueñas
El Diario de Hoy
ayuda@elsalvador.com
El cumpleaños 54
de Daysi Morena Ponce se perfila memorable. Si todo resulta bien, su hijo
se enlazará vía Internet desde su casa en Montreal con elsalvador.com,
donde ella estará esperando.
Hasta ahora sólo han podido comunicarse vía telefónica
tres o cuatro ocasiones y las ventajas visuales que ofrece
la herramienta tecnológica hará posible que se vean.
Ambos han cambiado mucho: él ha cumplido 25 años, tiene
bigote y su cuerpo es un poco grueso. Ella ha perdido un poco de peso,
le gusta recoger su cabello y llevarlo con coleta y usa lentes de forma
permanente.
Épocas tristes
Los mismos sentimientos les unen: querer y ser queridos. De ahí
que, ese eventual encuentro en línea les permita apaciguar los
duros años que pasaron alejados uno del otro.
Él dice que en fechas especiales se sentía muy triste,
en especial el Día de la Madre, porque no sabía nada de
mí, relata Daysi con voz entrecortada.
Todavía recuerda esa vez que fuimos al zoológico y
no se ha olvidado de Hugo, su hermano mayor, que ahora vive en Kansas
City, agrega la señora.
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| 1989. En familia G El compatriota y su madre,
captados días previos a su súbita separación.
De pie, Hugo (rubio), hermano mayor. Foto EDH/Archivo |
Por su parte, Herber relata que se separó de ella
cuando tenía nueve (años), de allí no la vi
para nada.
El compatriota pierde la cuenta de los intentos por localizar a su madre.
En 2000 varias veces fui a El Salvador y no la pude encontrar. Fui
adonde vivía y nadie me supo decir nada, comentó.
Herber perdió por partida doble. Además de no tener información
de su madre, tampoco supo del paradero de su hermano mayor, Hugo.
Todas las noches de estos quince años he soñado con
mi hijo, para mí fue una pesadilla. Sentía una gran pena
de no saber nada de él... Agradezco a Dios, por darme la oportunidad
de reencontrarme con él, añadió la acongojada
mujer.
No quiso desistir de la idea
Paula Andrea Betancur, canadiense de 24 años, de
padre guatemalteco y madre colombiana, es la responsable de que su esposo
y suegra se hayan vuelto a comunicar.
Sin consultarle a su pareja, mientras él dormía durante
la noche, ella decidió escribir a Punto de Encuentro y relató
lo que ocurría.
Hurgó y sacó la partida de nacimiento de Herber, así
como los datos que creyó necesarios para divulgarlos en el espacio
de reencuentro familiar.
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| Artífice del la reunión. |
Ella (Paula) buscó mi partida, de dónde
era mi mamá y todo
Fue algo lindo, sostiene Herber.
No pensé que esto iba a marchar y hasta me quedé asustada
cuando vi que todo era verdad
Yo pensé, uno nunca sabe,
comenta la joven canadiense, quien no se arrepiente de lo hecho.
Herber reconoce, después de tantos fracasos, haber perdido
las esperanzas de volver a ver a su madre.
Paula, sin embargo, se resistió a la idea de no conocer a su suegra
y abuela de su hija, Daysi Brendaliz, quien cumplirá siete años,
el 25 de noviembre.
Estoy feliz, todavía no lo creo, externa Paula, quien,
según su esposo, merece un enorme regalo, el que promete entregar
muy pronto.

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