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Salvadoreña manejó una ambulancia desde EE.UU.

Ayuda. El viaje duró más de tres semanas. Habitantes de Dulce Nombre de María, en Chalatenango, serán beneficiados con donativo

Publicada 23 agosto 2004, El Diario de Hoy

Devota Rosa Amelia, de 42 años, al interior de la parroquia de Dulce Nombre de María, departamento de Chalatenango . Foto: EDH/Mauricio Cáceres


Jorge García
elsalvador.com
El Diario de Hoy

ayuda@elsalvador.com

Durante casi tres semanas, Rosa Amelia Salguero viajó por tierra desde Estados Unidos, acompañada por dos compatriotas, para traer una ambulancia, enviada como donativo a la parroquia de Dulce Nombre de María, en Chalatenango.

Los compatriotas, José Antonio Fuentes y Alfonso Trotter acompañaron a Rosa Amelia durante la dura travesía, alternándose el turno para manejar la unidad que, meses antes, ella ayudó a conseguir con un Centro Médico en Santa Cruz, California.

Inicialmente intentaron enviar el automotor por barco y avión, pero desistieron por los altos costos.

Desde la planificación del periplo, su madre e hijo se oponían a que ella lo realizara, porque era su primer viaje por tierra y, obviamente, desconocía la ruta. Temían de los peligros al pasar por carreteras de México.

"Fue difícil tomar la decisión y más difícil encontrar a otras personas que estuvieran dispuestas a acompañarme y correr los riesgos", explicó. Por eso su partida se demoró algunos días de lo planeado al principio.

Transmigrante

Antes de la travesía, visitaron el consulado de México para solicitar una visa de transmigrante por el país azteca.

Rosa Amelia dijo que al entrevistarse con el Cónsul, le preguntó: "¿Quiénes son los choferes que conducen la ambulancia?".

Ella respondió: "Ellos dos y yo". El funcionario se mostró muy asombrado, debido a que no es común que mujeres conduzcan un automotor de ese tipo.

"Por allá los hombres son muy machistas y les sorprende que una mujer se atreva a hacer un viaje por tierra y sobre todo manejando un carro tan grande ", aseguró.

Hubo retrasos antes de cruzar la frontera méxico-estadounidense. “Tuvimos que esperar en Texas 72 horas, que son las que ponen como requisito para que un vehículo de esta naturaleza pueda dejar el país", agregó. Luego continuaron con el recorrido.

Ya en territorio mexicano, manifiesta Salguero, que no enfrentaron mayores inconvenientes, salvo que tomaban muy en serio las sugerencias que miembros de la policía de aduanas les hicieran: "Manejábamos sólo de día, a eso de las 5:00 de la tarde buscábamos algún lugar donde pasar la noche".

El vehículo. Valorado en más de $60 mil dólares. Foto: EDH/Mauricio Cáceres

En todo este trayecto conducían por períodos de cinco a seis horas, tiempo que aprovechaban los demás para descansar y recuperar energías.

Guatemala no presentó mayores inconvenientes, lograron atravesarlo en un aproximado de cinco horas, siendo este el tramo menos difícil de enfrentar.

Al llegar a El Salvador se encontraron con la mayor dificultad: la revisión de la ambulancia en la frontera. Hubo un revisión minuciosa, además, les exigieron que pagaran impuestos por los artículos personales que traían.

Los gastos del viaje habían dejado al grupo sin dinero suficiente para poder pagar el tributo exigido por las autoridades (que no excedían los $40), por lo que se vieron en la necesidad de llamar a un familiar para que fuera en su ayuda. El auxilio llegó tarde, por tanto, pasaron la noche en la aduana.

Se demoraron casi tres semanas desde su partida de Santa Cruz, California, hasta Dulce Nombre de María, en El Salvador. "El viaje no es nada fácil", dice la compatriota, quien después de reponerse del cansancio dice estar dispuesta a repetir la experiencia siempre que sea por "una buena causa", como en este caso proveer de una ambulancia a los pobladores de su pueblo natal.

En Dulce Nombre se enfrentaban con serias dificultades para transportar a los enfermos graves hasta el hospital más cercano en la cabecera departamental, a unos 15 kilómetros.

Benefactora, en casa.

Le ven como un ejemplo a seguir

Rosa Amelia Salguero, salvadoreña de 42 años, nació y creció en el cantón Los Sitios Abajo, del municipio de Dulce Nombre de María. Emigró a Estados Unidos en 1987 y se radicó en Santa Cruz, una ciudad del estado de California.

Vive con su pequeño hijo Daniel, de nueve años, y eventualmente con su madre, quien permanece algunos períodos a su lado y otros en Dulce Nombre de María.

Desde hace ocho años, trabaja como enfermera auxiliar en el hospital Pleasent Care de la localidad. Recientemente se lesionó uno de sus brazos, por lo que se ha retirado, de forma temporal, de las labores en el nosocomio.

Su trabajo en esa institución le hace pensar “en la necesidad de nuestro pueblo de contar con sistemas médicos más eficientes", por eso manifiesta que seguirá con sus proyectos de gestión de donativos y de ser necesario regresará al país para entregarlos a sus beneficiarios.

"Tenemos pensado conseguir equipo médico para los hospitales y unidades de salud, porque en este país hace mucha falta", asegura. También está dispuesta a seguir colaborando con la comunidad en cualquier proyecto de beneficio general.

Su gran espíritu de servicio le granjeado en el municipio un alto grado de popularidad, quienes ven en ella un verdadero ejemplo por seguir.



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