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| Devota Rosa Amelia, de 42 años, al interior
de la parroquia de Dulce Nombre de María, departamento de Chalatenango
. Foto: EDH/Mauricio Cáceres |
Jorge García
elsalvador.com
El Diario de Hoy
ayuda@elsalvador.com
Durante casi tres semanas, Rosa Amelia
Salguero viajó por tierra desde Estados Unidos, acompañada
por dos compatriotas, para traer una ambulancia, enviada como donativo
a la parroquia de Dulce Nombre de María, en Chalatenango.
Los compatriotas, José Antonio Fuentes y Alfonso Trotter acompañaron
a Rosa Amelia durante la dura travesía, alternándose el
turno para manejar la unidad que, meses antes, ella ayudó a conseguir
con un Centro Médico en Santa Cruz, California.
Inicialmente intentaron enviar el automotor por barco y avión,
pero desistieron por los altos costos.
Desde la planificación del periplo, su madre e hijo se oponían
a que ella lo realizara, porque era su primer viaje por tierra y, obviamente,
desconocía la ruta. Temían de los peligros al pasar por
carreteras de México.
"Fue difícil tomar la decisión y más difícil
encontrar a otras personas que estuvieran dispuestas a acompañarme
y correr los riesgos", explicó. Por eso su partida se demoró
algunos días de lo planeado al principio.
Transmigrante
Antes de la travesía, visitaron el consulado de México para
solicitar una visa de transmigrante por el país azteca.
Rosa Amelia dijo que al entrevistarse con el Cónsul, le preguntó:
"¿Quiénes son los choferes que conducen la ambulancia?".
Ella respondió: "Ellos dos y yo". El funcionario se mostró
muy asombrado, debido a que no es común que mujeres conduzcan un
automotor de ese tipo.
"Por allá los hombres son muy machistas y les sorprende que
una mujer se atreva a hacer un viaje por tierra y sobre todo manejando
un carro tan grande ", aseguró.
Hubo retrasos antes de cruzar la frontera méxico-estadounidense.
Tuvimos que esperar en Texas 72 horas, que son las que ponen como
requisito para que un vehículo de esta naturaleza pueda dejar el
país", agregó. Luego continuaron con el recorrido.
Ya en territorio mexicano, manifiesta Salguero, que no enfrentaron mayores
inconvenientes, salvo que tomaban muy en serio las sugerencias que miembros
de la policía de aduanas les hicieran: "Manejábamos
sólo de día, a eso de las 5:00 de la tarde buscábamos
algún lugar donde pasar la noche".
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| El vehículo. Valorado en más de
$60 mil dólares. Foto: EDH/Mauricio Cáceres |
En todo este trayecto conducían por períodos
de cinco a seis horas, tiempo que aprovechaban los demás para descansar
y recuperar energías.
Guatemala no presentó mayores inconvenientes, lograron atravesarlo
en un aproximado de cinco horas, siendo este el tramo menos difícil
de enfrentar.
Al llegar a El Salvador se encontraron con la mayor dificultad: la revisión
de la ambulancia en la frontera. Hubo un revisión minuciosa, además,
les exigieron que pagaran impuestos por los artículos personales
que traían.
Los gastos del viaje habían dejado al grupo sin dinero suficiente
para poder pagar el tributo exigido por las autoridades (que no excedían
los $40), por lo que se vieron en la necesidad de llamar a un familiar
para que fuera en su ayuda. El auxilio llegó tarde, por tanto,
pasaron la noche en la aduana.
Se demoraron casi tres semanas desde su partida de Santa Cruz, California,
hasta Dulce Nombre de María, en El Salvador. "El viaje no
es nada fácil", dice la compatriota, quien después
de reponerse del cansancio dice estar dispuesta a repetir la experiencia
siempre que sea por "una buena causa", como en este caso proveer
de una ambulancia a los pobladores de su pueblo natal.
En Dulce Nombre se enfrentaban con serias dificultades para transportar
a los enfermos graves hasta el hospital más cercano en la cabecera
departamental, a unos 15 kilómetros.
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Benefactora, en casa.
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Le ven como un ejemplo a seguir
Rosa Amelia Salguero, salvadoreña de 42 años,
nació y creció en el cantón Los Sitios Abajo, del
municipio de Dulce Nombre de María. Emigró a Estados Unidos
en 1987 y se radicó en Santa Cruz, una ciudad del estado de California.
Vive con su pequeño hijo Daniel, de nueve años, y eventualmente
con su madre, quien permanece algunos períodos a su lado y otros
en Dulce Nombre de María.
Desde hace ocho años, trabaja como enfermera auxiliar en el hospital
Pleasent Care de la localidad. Recientemente se lesionó uno de
sus brazos, por lo que se ha retirado, de forma temporal, de las labores
en el nosocomio.
Su trabajo en esa institución le hace pensar en la necesidad
de nuestro pueblo de contar con sistemas médicos más eficientes",
por eso manifiesta que seguirá con sus proyectos de gestión
de donativos y de ser necesario regresará al país para entregarlos
a sus beneficiarios.
"Tenemos pensado conseguir equipo médico para los hospitales
y unidades de salud, porque en este país hace mucha falta",
asegura. También está dispuesta a seguir colaborando con
la comunidad en cualquier proyecto de beneficio general.
Su gran espíritu de servicio le granjeado en el municipio un alto
grado de popularidad, quienes ven en ella un verdadero ejemplo por seguir.

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