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Pese a redadas, crece inmigración de ilegales

Hoy. Aunque combaten a los coyotes, siguen operando. La llegada de indocumentados parece imparable.

Publicada 28 julio 2004, El Diario de Hoy

Esfuerzos. Los controles de la patrulla fronteriza se han multiplicado; sin embargo, el flujo de indocumentados sigue. Foto Hoy

Ap/México
El Diario de Hoy
ayuda@elsalvador.com

Un año después de una espectacular redada contra el tráfico ilegal de inmigrantes en el pueblo de Altar, pueblo fronterizo con Arizona EE.UU., los “coyotes” no dan abasto para cerrar tratos clandestinos en la plaza central.

Estados Unidos ha pedido a México que redoble sus esfuerzos advirtiéndole que los terroristas podrían aprovecharse de esa actividad.

Pero México replica que es poco lo que puede hacer en su frontera norte porque aunque es delito cobrar dinero para asistir el tráfico humano, no hay leyes que impidan a los migrantes en ciernes congregarse cerca de la frontera.

En cambio, México parece haberse concentrado en su frontera del sur para evitar el influjo inmigrantes provenientes de Centro y Sudamérica.

En marzo, la policía practicó una redada nacional contra una de las mayores bandas de coyotes jamás detectadas en ese país.

La operación permitió detener a 42 empleados y ex empleados del gobierno en doce de los 31 estados mexicanos al desbaratar una red que supuestamente filtró cubanos, uruguayos, brasileños, centroamericanos y asiáticos.

Centroamericanos.
42 MIL
La cifra corresponde al número de “sin papeles” detenidos y deportados desde la frontera sur de México. Foto Hoy

Entre los arrestados había agentes y ex agentes del Instituto Nacional de Migración (INM) que ayudaban a los extranjeros a entrar también en Estados Unidos.

La redada en Altar, una ciudad de 7,000 habitantes a 100 kilómetros al sur de Arizona, permitió apresar a 27 sospechosos y 60 centroamericanos para deportar.

Pero Altar sigue siendo el punto de cruce más activo en la frontera del norte y al parecer sin obstáculos para los coyotes.

Las pensiones están siempre casi llenas y muchos agricultores han abandonado sus cultivos y han abierto restaurantes y comercios para la gente de paso.

Los arrestos del año pasado fueron “un tremendo espectáculo”, comentó Francisco García, alcalde de Altar en ese entonces. “Pero en lo que a mí respecta, no tuvieron ningún efecto porque aquí las cosas siguen igual”.

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