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Inmigrantes resienten falta de espacios para educarse

Quejas. Los mayores problemas surgen al intentar seguir una carrera universitaria. Por ello se proponen cambios legislativos.

Publicada 27 julio 2004, El Diario de Hoy


Difícil. Sandra Emilia Cruz (centro), de Usulután, al igual que otros latinos afronta obstáculos para cursar enseñanza superior. Foto Francisco Sánchez

Francisco Sánchez/Washington
El Diario de Hoy
ayuda@elsalvador.com

Muchos jóvenes que sueñan con estudiar una carrera universitaria en Estados Unidos, pero no cuentan con un estatus migratorio adecuado en este país, podrían quedarse con sólo eso: “un sueño”.

Cada año el sistema educativo estadounidense coloca a las puertas de las universidades un promedio de 50 a 60 mil estudiantes que buscan prepararse para un mejor futuro, pero las actuales reformas migratorias no les permiten el ingreso.

Sandra Emilia Cruz, usuluteca de 18 años, anhela convertirse en odontóloga, pero su actual estatus migratorio no le permite calificar para entrar a una universidad, pública o privada.

Ella, al igual que muchos otros inmigrantes salvadoreños, cuenta con un permiso de trabajo, está bajo la categoría C08, que la considera como un estudiante extranjero.

Actualmente la mayoría de universidades no aceptan este tipo de estudiantes, mientras otros colegios les imponen cuotas especiales, en ocasiones hasta tres veces más de lo que pagaría un ciudadano o residente permanente.

Para Natali del Carmen Fani, especialista en asuntos políticos de Casa de Maryland, una organización sin fines de lucro y que ayuda a las minorías, el actual sistema migratorio deja fuera a muchos estudiantes, en su mayoría hispanos, algo que para ella no es justo.

“Hay estudiantes que llevan excelentes calificaciones y han mostrado una muy buena conducta moral en sus escuelas y no es justo que el sistema les corte toda oportunidad”, asegura.

Sandra Emilia, la usuluteca de 18 años, sufre en carne propia la desprotección. Por el momento se ha matriculado en el Northern Virginia Community College, (el equivalente al ITCA en El Salvador) para estudiar y perfeccionar su inglés que por no ser nativo de este país debe de cursar dicho idioma como Segundo Lenguaje (ESL), para luego ser elegible e inscribirse en una carrera universitaria.

Por ser estudiante “extranjero” ella pagará, por tres meses de clases, un promedio de $3,010 mientras un ciudadano o residente legal pagaría unos $900.

Su padre Luis Cruz, que trabaja en construcción, es el peticionario para su familia, lleva 16 años en Washington.

Él manifiesta: “esto es una cosa fea en este país, la salud como la educación son cosas que no podemos pagar si no eres residente legal.

¿Se imagina?, aunque aceptaran a mi hija en una universidad, tendría que pagar de 35 a 40 mil al año sólo de cuotas, sin contar con libros y estadía, así que creo que no se va a poder”, dice con resignación.


Promueven leyes en favor de estudiantes

La falta de oportunidades para cursar estudios superiores por parte de “estudiantes extranjeros” ha provocado que se propongan cambios de ley como posible solución al tema.

Realidad. La compatriota es obligada a aprender inglés. Foto Francisco Sánchez

Existen dos proyectos de ley conocidos como De Ajuste de estudiantes (H.R 1684), en la Cámara del Senado, y, el segundo, Desarrollo, Alivio y educación para Extranjeros Menores de Edad, (SB 1545), (DREAM por sus siglas en inglés), cuya aprobación está siendo estudiada por la Casa Blanca.

Ambas propuestas han sido diseñadas por legisladores de los partidos republicano y demócrata.

De aprobarse dichas enmiendas se daría oportunidad a jóvenes que han estudiado por más de cinco años en Estados Unidos y no han tenido ningún problema con drogas o alcohol, además de poseer buena conducta moral para optar por la residencia permanente.

La usuluteca, Sandra, no conoce estas iniciativas, pero sí sabe que bajo su actual estatus migratorio no es aceptada en ninguna universidad.

Y mientras la situación se resuelve, se resigna a continuar como hasta hoy: durante el día trabajando como asistente dental; por las tardes, a clases de inglés.

Ella dice que ya conoce el idioma, pero tiene que cursarlo debido a que el sistema educativo se lo exige.

Sandra dice no entender por qué “ponen tanto obstáculo para poder estudiar”.

De ahí que se aferre a la idea de lograr la residencia permanente en poco tiempo.



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