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| Los mismos rancheros, policías forestales
y otros empleados terminan recogiendo los desperdicios como parte
de sus tareas diarias. Foto AP |
AP
El
Diario de Hoy
ayuda@elsalvador.com
"Latas de sardinas,
botellas de agua vacías, pañales usados revelan los senderos
que transitan incontables indocumentados después de atravesar furtivamente
la frontera.
``Es muy serio'', afirmó Beau McClure, asesor especial de la Oficina
de Administración de Tierras. ``En muchas áreas está
aproximándose al nivel de crisis''.
Los esfuerzos por limpiar los regueros de basura apenas han hecho mella
en el problema. Los desperdicios siguen apilándose pese a la movilización
de la Patrulla Fronteriza que ha agregado agentes y equipos de alta tecnología
para tratar de contener los cientos de miles de inmigrantes que desafían
el tórrido desierto de Arizona todos los años.
La Patrulla Fronteriza ha incluido este año aviones no tripulados
para vigilar el territorio. Aunque busca detectar seres vivos y no basura,
su éxito con los primeros podría mejorar la situación.
Los residentes y los administradores de tierras a lo largo de la frontera
no tienen muchas esperanzas.
``De manera realista, no creo que vaya a cambiar hasta que emplacen a
los militares en la frontera'', comentó Jack Ladd, un ranchero
del sur de Arizona.
Al igual que los otros tres estados fronterizos con México, Arizona
siempre ha tenido su cuota de inmigración ilegal. Pero las cifras
aumentaron en los años 90 cuando los allanamientos en Texas y California
empezaron a desplazar la inmigración ilegal y los ``coyotes'' a
otros puntos más débiles de la frontera.
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| Esos regueros de desperdicios multiplicados
diariamente pueden afectar la fauna, especialmente las plantas exóticas
o especies en peligro de extinción,. Foto
AP |
Arizona pasó a ser un cruce favorito y Phoenix, su mayor ciudad,
se convirtió en centro importante para operaciones de contrabando
humano.
La degradación ambiental es una de sus consecuencias más
visibles.
Periódicamente se hacen esfuerzos de limpieza en distintos sitios,
pero nadie los coordina a nivel estatal. En su mayoría son iniciativas
de voluntarios.
Se han hecho limpiezas en los pueblos de la Reservación India de
Tohono O'odham y en el Refugio Nacional de Vida Silvestre Buenos Aires.
La Oficina de Administración de Tierras recibió del Congreso
una asignación de 1,3 millón de dólares en los dos
últimos años para limpiar y remodelar los terrenos afectados.
Ha compartido esos fondos con otras agencias federales, organizaciones
y comunidades.
Por lo general, los mismos rancheros, policías forestales y otros
empleados terminan recogiendo los desperdicios como parte de sus tareas
diarias.
Lo que más abundan son las botellas plásticas de un galón
(cuatro litros) que los inmigrantes usan para llevar agua durante el cruce
del desierto.
``Todas las botellas y recipientes que llevan probablemente les duran
quizás un día'', dijo Ronald Ventura, presidente del Distrito
Baboquivari de la reservación indígena de Tohono O'odham,
uno de los lugares más transitados. ``Por supuesto, cuando uno
termina la botella de agua, arroja el recipiente''.
Pero los desperdicios son mucho más diversos.
Hace algunos años había 45 automóviles abandonados
en el refugio Buenos Aires cerca de Sasabe, y tal cantidad de basura que
una pareja de voluntarios llenó 723 bolsas grandes con más
de 8 toneladas a lo largo de dos meses en el 2002.
Esos regueros de desperdicios multiplicados diariamente pueden afectar
la fauna, especialmente las plantas exóticas o especies en peligro
de extinción, dijo Sally Gall, directora interina del refugio.
Los ``coyotes'' son responsables de gran parte de los daños en
la zona fronteriza, donde abren claros en la vegetación al abrir
nuevos senderos con vehículos robados, a veces atravesando los
cercos de alambres de púa.
Algunos de los que pasan a pie abren los portones de las fincas y los
grifos fuera de las casas y vacían tanques de agua. El ganado se
come los desperdicios, incluyendo botellas de plástico, envoltorios
o telas, a veces con resultados fatales.
Warner Glenn, un ranchero al este de Douglas, dijo que los desperdicios
humanos constituyen el problema más serio.
En la reservación Tohono O'odham, esos desperdicios han contaminado
pozos de agua en un pueblo y la tribu ha tenido que traer agua en camiones.
``El verdadero riesgo para la salud pública es cuando esos desperdicios
contaminan un suministro de agua'', dijo Will Humble, jefe de control
de enfermedades en el Departamento de Salud Pública de Arizona.
Humble agregó que las enfermedades vinculadas con mayor frecuencia
a esa contaminación son la hepatitis A y la giardiasis, una infección
intestinal parasitaria.

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